1970-2020: medio siglo de las mujeres en la Policía Local de Córdoba que fueron pioneras en España

Fotografías de Delfina y Dolores Tapia, primeras policias locales de España | ALEX GALLEGOS

Este 27 de abril se acaban de cumplir 50 años de la incorporación de las primeras mujeres a la plantilla de la Policía Local de Córdoba, integrantes de la primera decena de mujeres que en 1970 conformaron la primera promoción de policías locales de toda España, pioneras en la sociedad machista de la época y en una profesión totalmente masculinizada. Hoy, medio siglo después, el coronavirus ha dejado paralizados momentáneamente los preparativos para el acto de celebración de este efeméride que se prepara en Córdoba con la participación de mujeres de la Policía Local de todo el país.

Las hermanas Delfina y Dolores Tapia fueron esas primeras cordobesas en formar parte de la Policía Local, que hace un par de años recordaban en una entrevista con CORDÓPOLIS cómo fue aquella primera experiencia. A comienzos de 1970, ambas hermanas escucharon en la radio el anuncio de que, por primera vez, se iban a convocar plazas para que las mujeres ingresaran en la Policía Municipal de Córdoba. Poco antes, habían visto por televisión a una joven japonesa que visitaba España y era policía de tráfico. “Yo quiero ser eso”, recordaba Delfina que pensó en ese momento. Y dicho y hecho, las dos hermanas -que habían convivido con el uniforme en casa al ser hijas de un guardia civil- solicitaron el acceso al cuerpo de seguridad local y formaron parte de la primera de la primera promoción de policías locales de toda España.

En aquel entonces, en un mes de academia aprendieron lo básico: el Código de Circulación, las Ordenanzas Municipales, artes marciales para su defensa personal, a montar a caballo… Y, por fin, a finales del mes de mayo de 1970, tomaron posesión como interinas de sus plazas de policías municipales. En un principio, las dirigieron desde el principio para regular el tráfico, “para que se nos viera. Nos querían como mujeres florero”, explicaba Delfina. Lejos de haber sido incluidas en el cuerpo en un signo de igualdad con los hombres, la convocatoria se había puesto en marcha porque “se necesitaban más policías y, con los estudios primarios de entonces, los hombres aspiraban a otras profesiones”.

El uniforme que les tocó vestir también fue especial: un modisto creó cuatro diseños y Delfina tuvo que probárselos en el Ayuntamiento para que el Pleno de la época -compuesto solo por hombres con el alcalde Guzmán Reina al frente- diera el visto bueno y eligiera uno de ellos. El seleccionado -de color azul- estaba compuesto por chaqueta y falda larga, con botas altas y bolso al hombro. Y comprobaron que, aunque se sentaran, no se les veían las rodillas. Pero en un gesto contra esa imposición, las diez mujeres acortaron el largo de sus faldas y vistieron el uniforme con las rodillas al aire, como por otra parte imperaba en la moda de los años 70.

De la regulación del tráfico a la incorporación plena

El servicio diario de aquellas primeras mujeres de la Policía Municipal de Córdoba se centraba en la regulación del tráfico, que se hacía de manera manual en una ciudad en la que apenas había un par de semáforos. También vigilaban los edificios municipales, los mercados y las zonas transitadas por turistas. Desde el cuartel -situado entonces en Campo Madre de Dios- iban solas -no en pareja-, sin transmisores, a pie o en bus, porque no había ni motos ni coches para los agentes, salvo alguno para los mandos.

En muchas ocasiones, fueron el blanco del machismo imperante, con improperios y gritos de los ciudadanos. Pero ellas recuerdan que, pese a todo, “guardamos recuerdos muy buenos. Hemos sido policías por vocación. Nosotras teníamos una profesión -eran peluqueras- y quisimos meternos a policía porque era lo que nos gustaba”. Rememoran cómo luego, poco a poco, “la mayoría de la gente estaba a nuestro favor. ‘¡Qué valor habéis tenido!’, nos decían…”.

Ahora, jubiladas ambas, Delfina y Dolores recuerdan sus años de dedicación a la Policía Local con orgullo y agradecimiento. Después de consolidar su plaza tras la interinidad, ya en los años 80 cambiaron algo las cosas: el uniforme ya tenía pantalón, los agentes podían patrullar en coche o moto y hacían los servicios en pareja. Aunque el machismo siguió, recordaban las hermanas para evidenciar que la promoción interna de las mujeres policías que ingresaron en su época se encontró con mayores dificultades que los hombres en aquellos primeros tiempos.

Durante toda su carrera profesional, estas pioneras de la Policía Local han pasado por todos los servicios, desde la Sala del 092 que atendía las llamadas, a patrullar la ciudad, realizar atestados, intervenir en la Unidad de Violencia de Género o en Atención al Público. En un apartado muy especial guardan los momentos más dificiles, como los accidentes de tráfico con víctimas jóvenes o la impotencia de atender un evidente caso de violencia de género y no poder hacer nada, al no existir leyes para ello. Y en el otro lado de la balanza,

Y en el recuerdo también, durante todos estos años desde 1996, los nombres de María de los Ángeles y María Soledad, sus dos compañeras que fueron asesinadas en diciembre de ese año cuando perseguían a los atracadores de una oficina del Banco Santander.

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