Y tú par-ti-ra-ás...

Por primera vez he podido ver el último capítulo de Verano Azul sin echar ni una lágrima. Bueno…matizo: ni una lágrima de pena, porque moquear he moqueado…, exactamente cuando ha sonado eso de "el fi na-al, del ve ra no, llegó, y tú par ti ra-ás". No me digan que la letra no es todo un mantra. "Par ti ra-ás a la GUARDERÍ-A-A". Si, es cierto que el caluroso verano tardará aún en despedirse pero psicológicamente acaba con el fin de las vacaciones escolares, cuando, por fin, después de todos esos larguísimos días con la omnipresente criatura voy a poder pasar de la depresión PRE-vacacional al subidón POST- vacacional.

Así que cuando llega el día uno de septiembre te coges a la criatura y su mochila, y tratando de disimular esa hiperbólica sonrisa, la llevas a ese bendito lugar que es el centro educativo. Una vez allí, se da por acabada esa energía tan yerbas que llevabas, al comprobar cómo múltiples personajillos uniformados, chillan, patalean, lloran, e incluso alguno escupe cual yama. Claro... ante ese panorama espeluznante, una se contagia, y he de reconocer..., que una lagrimilla se me escapa (por favor no comenten por ahí este atisbo de sensibilidad maternal que me hunden la imagen). Pero, ¡ZAS¡, el sentimiento se esfuma cuando caes en la cuenta de que el desapego será mínimo hasta que finalice: ¡¡el periodo de adaptación¡¡. Si, ese invento de algún profesional de la psicopedagogía, sin descendencia, por el cual, el horario de la guardería se reduce para que la criatura se vaya acostumbrando, poco a poco, a vivir lejos de los cuerpos de sus hastiados progenitores. Vamos...¡una canallada¡

Para que se hagan una idea, el periodo de adaptación, es para las madres y padres corresponsables una faena similar a la de que te pongan delante una caja de bombones de 36, para que sólo te comas ¡uno¡.  Tú vas con toda las ganas de pegarte un atracón de ausencia infantil y te facilitan sólo una o dos horas. Es muy decepcionante…Pero en verdad..., yo que he reflexionado mucho al respecto, he llegado a la conclusión de que ese periodo de adaptación no lo hacen por las criaturitas, sino por sus progenitores, que podrían sufrir un shock si de pronto pasan 5 horas seguidas de paz y tranquilidad. ¿Cómo llamaban a eso que se sentía cuando no hay nadie a tu alrededor?, ah…si…SOLEDAD. Lo que daría yo por unas semanitas de Síndrome del Nido Vacío…¡que ya no se dónde poner al pollo¡

Pero...hay que ver las cosas con optimismo: que es una horita, pues eso que te llevas…te da para un desayuno; que son dos, pues algo se te ocurrirá para después del desayuno; que son tres…pues lo mismo de la emoción empiezas a hiperventilar y del agobio, a pesar de que tenías mil tareas soñadas para cuando llegara ese momento, te bloqueas y no te puedes levantar del sofá. Pues no pasa nada…te abres una cerveza y te pones una peli. Regálate ese descanso tan merecido.

Que por el contrario trabajas fuera de casa, pues el periodo de adaptación es una verdadera p... faena porque ya sabemos que de momento no contamos con medidas que contribuyan a la conciliación de la vida familiar y laboral (habrá que ver a qué santo se le puede pedir esto porque los tienen entre plegarias y paseos de lo más saturados).

Pero no se lleven a falsos engaños, el ratito de liberación matutina, posiblemente le pasará una doble factura: la primera literal y de lo más materialista, porque para que la criatura acceda a quedarse en la guardería, sin fingir un ataque epiléptico (como te hace en el supermercado), le prometes llevarle un regalito (recurres al Todo a Cien, pero chantaje a chantaje te sale por un pico...), y la otra factura la pagas en energía porque para compensar el sufrimiento de la perdida parental temporal haces que las tardes sean ¡happy, happy¡.

Pero creo que, aunque las intenciones son buenas (su felicidad es la mía y viceversa), creo que la metodología falla porque sigue sin hacerle ni pizca de gracia que lo deje allí. A lo mejor sería más recomendable hacer del hogar un lugar menos flower power de tal modo que lo de pasar unas horitas fuera no lo considere tan terrórifico. Bueno, le voy a dar unos diitas y si la cosa no funciona lo voy a probar. Ya les contaré..., lo mismo funciona esto último y la llantera le da a la salida de la guardería en lugar de a la entrada…

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3 de septiembre de 2014 - 02:58 h