¡Agua...,agua!

¡El agua…!, señoras y señores, ¡el agua, me quita el sueño!. Y no me refiero a que me haya llegado la factura de EMACSA, ni al tema del deshielo de los polos, de las inundaciones, o a la privatización de este bien público. Estas cuestiones me alarman enormemente, pero el agua que me quita literalmente el sueño es la que cada noche mi criatura pide a gritos: ¡AGUA, AGUA¡. Y no la pide ni una, ni dos, ni tres veces, sino más, a lo largo de la noche. Hay veces que la pide en sueños o simplemente por pedir, y te despierta que casi te da un infarto ¡AGUA, AGUA¡, y después de tirar todo lo que hay en la mesita de noche buscando el interruptor de la lamparilla, y tras martirizarte mirando la hora del móvil y  ya de paso viendo si tienes algún whatsapp trasnochado, cuando por fin has conseguido encontrar la botella,  lo mismo la criaturita, que parecía por su grito que tenía más sed que un atleta en el desierto, se ha dormido sin más…Porque no quería agua, sino saber si tú estabas alerta... Una especie de simulacro, en lugar de antincendios, antisueños. Y a ti que aún te dura la taquicardia por el sobresalto, se te queda una cara...

¿Y saben que es lo que más fastidia?, que durante el día no hay quien le haga beber ni un decilitro del preciado líquido, en cambio, durante la noche….Supongo que será una especie de efecto dromedario, es decir almacena agua durante la noche y la va administrando durante el día. Aunque en verdad, almacenar, almacenar… tampoco es que almacene mucho, porque tanto bebe, tanto micciona (con perdón…). De hecho, no hay pañal, por muy requetesupermegaextraabsorbente que sea, que durante una noche ponga freno a la agüita, ahora amarilla. Y el pipí acaba traspasando el body, el esquijama, las sábanas, colcha e incluso llega a salpicar a esta mu´mala madre. ¿Qué cómo puede salpicarme mi criatura con su orina desde su cama?, pues muy fácil. Adivinen con quién comparto lecho todavía. ¿Con el padre corresponsable? Noooo. ¡Con mi inseparable criaturita¡ que sigue durmiendo en mi habitación y en mi cama a pesar de superar los dos años. (Les recuerdo que este es el blog de una mu´mala madre. No se me sorprendan ahora por plantearles ciertas dificultades que estoy encontrando en la crianza).

Aún recuerdo con la ilusión y la urgencia con la que, víctima del síndrome preparatorio del nido, le monté su habitación. Ante el temor de que el parto se adelantara, tuvo su cuarto desde el séptimo mes de embarazo. Para nada…tantas prisas para nada... ha quedado relegado a un simple lugar de almacenaje de juguetes. De hecho, le dices que se vaya a su habitación (a reflexionar sobre alguna cuestión conductual que no acaba de asimilar) y se va a la matrimonial. ¡No, a esa no¡, a la de los juguetes…¡y he dicho que a pensar¡(ideal la cara que ponen en el rinconcito de pensar, como si acaso estuvieran reflexionando sobre el tema en cuestión).

Les remito, por si no tuvieron ocasión de leerlo, al post "Duermete niño, duérmete ya…¡en TU CAMA¡"(publicado el 23/04/14), donde comento la práctica que llevo a cabo de colecho involuntario, que la verdad hace ocho meses era un martirio porque la criaturita dormía literalmente sobre mi cuerpo, aplastándome… dicho sea de paso..., pero hoy en día, he de reconocer que, como a todo se acostumbra el cuerpo, necesito dormir con su cuerpecito cerca. Sobre todo, porque cuanto más cerca esté, menos tengo que desplazarme para acercarle el agua. Imagínense el trasiego nocturno por la casa, agua va, agua viene…

Pero que conste, para las mentes críticas con el sobreconsentimiento de la descendencia, que intentamos que se independizara del lecho conyugal. Pero lo más que hemos conseguido es que de vez en cuando duerma en su cama de 90, situada junto a la matrimonial. Y cuando digo "junto", digo pegada pegada.. Y no toda la noche, ¡qué va!, cada mañana amanece junto a mi.  Se pueden imaginar quién ocupa normalmente la cama "chiquitita". Efectivamente: el padre corresponsable…Ha sido una lucha de titanes y una vez más, ganó la criaturita. Porque…, ¡que más da!, aquí lo importante es dormir. Y dormir, ya duerme…, que nos parece un milagro. Pues que lo haga donde quiera¡.

A este ritmo no se trasladará a su habitación hasta los ocho o diez años, aunque a lo mejor soy yo la que entonces no puedo soportar la separación y pongo junto a la suya una cama nido para mí. Y ¿quién sabe?, lo mismo para entonces es él quien calma mi sed nocturna.

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19 de noviembre de 2014 - 01:38 h