Escuela de música
El pasado miércoles presencié por primera vez en el salón de actos de la Diputación el acto de fin de curso de la Escuela de Música de Córdoba, una escuela de iniciativa privada que dirige la pianista rusa Tatiana Karzhina, afincada en nuestra ciudad desde hace veinticinco años. El coro “Soy tu Voz”, al que pertenezco desde hace sólo unos días, había sido invitado a cerrar el acto, y por eso tuve ocasión de escuchar a los distintos alumnos de la Escuela.
El acto me sorprendió gratamente y me llamó la atención por varias razones. La primera, sin duda, por el resultado del trabajo bien hecho con los alumnos, que se reflejaba en actuaciones verdaderamente brillantes: algunas al piano, otras con instrumentos de viento (como el trombón de varas) y cuerda (violín y guitarra) o de percusión. Hubo, además, interpretaciones de canto con arias de ópera, tangos o alguna canción regional.
La segunda razón radica en la dimensión pedagógica de este tipo de escuelas, mostrando ser un auténtico centro de formación, donde prima sobre todo el esfuerzo sin importar la mayor o menor calidad del alumno para salir al escenario. Hubo alguno que incluso se quedó bloqueado en medio de la actuación, pero no importaba, pues ahí estaba Tatiana para transmitirle calma.
En tercer lugar, me llamó la atención la muestra intergeneracional de la Escuela, con intérpretes muy jóvenes, aún adolescentes, junto a adultos que casi rozaban los cincuenta años. También jubilados que descubrían por primera vez la música o la retomaban como afición nunca desarrollada. Tampoco faltaban quienes ya en la senectud siguen gozando del canto, aunque su voz ya no sea la de sus años juveniles.
Verdaderamente emotiva fue la actuación de Antonio, el alumno de más edad de la Escuela, con más de 90 años y con dificultades para subir las escaleras del escenario. Cantó la estremecedora canción rusa “Las grullas”, un homenaje del poeta Rasul Gamzatov (de la región caucasiana de Daguestán), con música del ucranio Yeren a los soldados que quedan insepultos en el campo de batalla y que se convierten en grullas para que no nos olvidemos de ellos y estén siempre en nuestro recuerdo.
Es un lujo tener en Córdoba escuelas de música de iniciativa privada como ésta de la profesora Tatiana Karzhina, y otras que me constan existen en nuestra ciudad, pues ejercen una interesante función complementaria de los conservatorios profesionales y superiores. Y es un lujo no sólo por lo que ellas significan de enseñanza de la música, sino por lo que suponen también de aprendizaje en valores.
Nuestro coro cerró el acto con cuatro canciones (Branquias, María La Portuguesa, Granada y Nese Galia Vodu), dirigidas por Alexander Dolgov, también afincado en nuestra ciudad desde hace treinta años, y capaz de convertir, con su saber y bonhomía, “Soy tu Voz” en una gran familia.
Fue una tarde de homenaje a la música, al talento, sin duda. Pero también un tributo a la pasión de quienes ven en el hecho de cantar o tocar un instrumento el modo de sentir emociones o descubrir vocaciones dormidas. O también, por qué no, un tributo a quienes ven en la música la ocasión de reinventarse cuando la vida les ha golpeado y sienten la necesidad de encontrar un camino para reanudarla.
Este tipo de escuelas ofrecen la oportunidad para todo ello, aprovechémoslas.
Sobre este blog
Soy ingeniero agrónomo y sociólogo. Me gusta la literatura y la astronomía, y construyo relojes de sol. Disfruto contemplando el cielo nocturno, pero procuro tener siempre los pies en la tierra. He sido investigador del IESA-CSIC hasta mi jubilación. En mi blog, analizaré la sociedad de nuestro tiempo, mediante ensayos y tribunas de opinión. También publicaré relatos de ficción para iluminar aquellos aspectos de la realidad que las ciencias sociales no permiten captar.
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