Hamburguesa

La crisis económica arrastra a la gente a los restaurantes de comida rápida. No sé a cuánto está el menú medio. Cinco euros y pico, quizás. Te garantiza una dosis importante de calorías, tan necesarias para afrontar el resto del día. También de azúcares y un poco de colesterol, que alegran el ánimo y las arterias. Me gusta la comida basura. Me da igual lo que lleve. Me encanta su sabor predeterminado.

La crisis nos empuja al Big Mac y al Whoopper con una sonrisa infantil en nuestras bocas hambrientas. Hermosa ironía. Cebados por la necesidad. Tristes como cerdos estabulados, recibiremos nuestra ración de pienso en forma de hamburguesa de manera rápida y económica. ¿Hasta el sacrificio final? No estaría mal. En momentos de crisis, todos tenemos que echar una mano en pos del bien común. Y si el único producto de nuestras carencias han sido las grasas depositadas con mimo por la comida, casi de beneficencia, de las grandes compañías, ¿por qué no devolverle el favor con nuestros cuerpos?

Lo dicho, sacrificarnos. Bien mirado, podría ser considerado un trabajo. Comer para ser menú. Y para que, quien te engulla, sea a su vez menú. Que a su vez... Además, de esta manera se abarataría el precio del producto, invitando a más y más gente a entrar en el voraz sistema. Un sistema cerrado. Perfecto. Biosostenible.

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4 de marzo de 2013 - 02:00 h