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La Salud Mental (de la despolarización a la integración)

Marta Lama pasando consulta en Fepamic

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Como hemos escuchado muchas veces, el cambio viene precedido por grandes sacudidas. Esta premisa podemos trasladarla a la crisis postcovid. La pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de la salud mental, planteando la dificultad del deber parar, de no hacer y de escuchar nuestra propia melodía o ruido interno.

Nos resulta muy fácil ir andando por la calle con los cascos puestos y la música alta, escuchando y grabando audios, pero nos resulta verdaderamente complicado escuchar nuestra propia respiración e, incluso, sentir nuestros latidos. En muchos casos hasta nos agobia y podemos llegar a experimentar ansiedad cuando escuchamos a ese ser en el que habitamos.

Nuestra sociedad es hedonista y polar: si eres guapo no eres feo; si eres una persona de éxito no eres una persona fracasada, si eres popular y posees simpatía no eres tímido o repudiado.

Desde temprana edad los niños y niñas crecen con esta castración de ser e identificarse con uno de los polos, rechazando al otro, clasificándose y enfundándose en un disfraz en muchos casos socialmente deseado. Ser una cosa y no la otra supone un gran esfuerzo, ya que nos empeñamos en la permanencia de un estado que es polar y cambiante y al querer aferrarnos solo a una parte nos conduce a lo irreal y a la frustración de vivirnos incompletos. ¿Qué sería de la felicidad sin la tristeza? ¿Qué sería del triunfo si no experimentamos antes el fracaso? Para que exista algo, tiene que existir su contrario.

Las redes sociales no ayudan en este sentido. Reflejan una vez más el hedonismo social y cada vez acuden más adolescentes a consulta que creen que su vida no es plena, puesto que, al compararse con el escaparate de los influencer, no sonríen tanto, no tienen tantos amigos o tanto éxito, ¿pero sabe acaso ese o esa adolescente qué emociones experimenta esa persona detrás de las cámaras? La realidad nos demuestra que no es así.

Los desórdenes emocionales están en muchos casos relacionados con esta desconexión y despolarización. Cuando nos identificamos tan sólo con una parte para obtener un autoconcepto de nosotros mismos, estamos silenciando nuestra otra versión, dado que, como la vida, los estados de ánimo tampoco son permanentes si no fluctuantes, y la salud mental va muy de la mano con la capacidad de flexibilizar o adaptarnos a las diversas situaciones o contextos de la vida.

Así, la única forma de ser genuino sería desde la integración de nuestras luces y nuestras sombras, asumiendo que somos un todo y no una parte incompleta. Ser diferentes es lo que nos hace ser nosotros y nos delimita de los demás.

Esto ayudaría a no experimentar la frustración que sienten muchos jóvenes hoy, por el gran esfuerzo diario que les supone enfundar sus capas de seres de éxito y socialmente “adaptados”.

Sentir ese ser que habitamos, parar y respirar el momento presente, aceptando transitar por los diferentes estados de ánimo, nos hace más felices, más reales, más vivos, más sanos.

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