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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

En nombre de los dioses

Imagen que acompaña al post.

Magdalena Entrenas

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Cuando sitúan a Dios, a Alá o a cualquier otro dios en el centro del universo, cuando gritan cuchillo en mano que todo depende de la voluntad de Dios y son capaces de matar en su nombre, los “infieles” estamos muertos. Nunca mejor dicho.

Hay sitios en la tierra donde la vida no vale nada si actúas en nombre de un dios. Como así fue para los cristianos en aquellas Cruzadas o cuando la Santa Inquisición hacía de las suyas en toda la vieja Europa. No tuvo España la más cruel, que las Inquisiciones protestantes de Inglaterra o Alemania eran de guinda.

Pero ocurre que en Europa superamos aquello hace ya mucho tiempo. El Teocentrismo de la era cristiana, ese situar a dios en el centro de todo, (ya saben “theos” “dios”, “Kentron” “centro” y el “-ismo”, de “doctrina”) duró afortunadamente hasta el Renacimiento. Desde entonces, Dios dejó de ser el centro y el ser humano cobró el protagonismo. ¿Mas egoístas? Sí, pero qué quieren que les diga, lo prefiero.

Hace dos días, en un liceo en Francia, un joven de origen checheno que había sido alumno degolló a un profesor mientras gritaba: “Alá es el más grande”. Qué paradoja que Francia, tan adelantada siempre, hasta para crear en su momento la Santa Inquisición, sea víctima ahora de episodios terroristas de súbditos propios que ahora actúan en nombre de otro dios, Alá.

Quienes irrumpen por sorpresa en un desierto yelmo y desprotegido, matan a boca jarro y secuestran a jóvenes de todo el mundo, sin armas, sin defensa posible, mientras bailan y celebran por la paz, no pueden tener otro nombre que terroristas. ¿Qué fue antes: el huevo o la gallina? El debate sobre si Palestina actúa en legítima defensa o si Israel merece cualquier ataque, o lo contrario, es ignorar que Hamás no es el pueblo palestino. Un pueblo al que posiblemente todos hayamos abandonado. La respuesta internacional ha sido incapaz de buscar una solución a un conflicto tan evidente, como imposible de resolver entre ellos.

Hamás perdió cualquier resto de legitimidad que le quedara de aquellas elecciones y ahora es como Hezbolah o el Isis. Terrorismo en estado puro. Yihad, lucha por la causa del islam, en la que la vida humana no vale absolutamente nada si actúas en nombre de Alá.

Creemos que podemos exportar nuestros valores, la manera de entender la vida, la libertad de decir “me cagó en dios” sin ser degollados (que se lo digan a París), de expresarnos, vestirnos o relacionarnos como queramos, de ser iguales ante la ley. Pero nuestro rasero blanco, europeo, demócrata y cada vez más ateo no es compatible con los que se mean sobre el cadáver desnudo de una mujer, o los que gritan “degollad a quien insulte al Profeta” y van y lo hacen.

La amiga de Talí aún pudo mandar un mensaje a su madre antes de que su móvil se quedara mudo “Mamá nos han cogido los árabes” … Cuidado, que nuestras cruzadas terminaron y ahora llegan sus guerras santas. Sus dioses sí están en el centro.

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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