Hace poco me topé con un gráfico -a todo color- con datos del Global Health Report 2025, elaborado por UBS (entidad de servicios financieros suiza) que divide las clases sociales en pobres, clase baja, clase media, millonarios y multimillonarios.
No sé si estarán de acuerdo con esto cuando les diga cuáles son los límites que constituyen cada escalón, pero estoy segura de que se sorprenderán del porcentaje de la población mundial en cada uno. El parámetro para dicha clasificación es el patrimonio neto total de los adultos activos en todo el mundo.
Ahora ser pobre es tener menos de 10.000 dólares de patrimonio neto; pertenecer a la clase baja supone tener entre 10.000 y 100.000; eres clase media si superas los 100.000 y no te pasas del millón y eres millonario a partir del millón de dólares hasta los 100. Los multimillonarios son los que tienen más de 100 millones - e incluso miles - de patrimonio neto.
Esta clasificación ha provocado en mis sobremesas no pocos debates, surgiendo encendidas controversias. Hace años la cosa era más simple y la desigualdad no era tan brutal. En medio de los ricos y los pobres, sin más, había una elástica clase media, entendida como tener un trabajo, ingresos más o menos estables, vivienda, aunque fuera a medio pagar, coche y lo suficiente para ir unos días de vacaciones al año.
El dato más increíble es que esa élite de multimillonarios sólo son 31.000 personas en todo el mundo y poseen el 9,8 % de la riqueza mundial, frente a los 1.550 millones de personas - repito, 1.550 millones de almas - pobres de solemnidad que poseen, entre todos ellos, solo el 0,6 % de la riqueza mundial. Brutal.
Tengo mis dudas sobre esta clasificación porque ¿es clase media alguien que tenga 999.999 dólares? Antes sería rico, pero claro es que, frente a los millonarios, multimillonarios y mil millonarios, el límite es no pasarte del millón, surgiendo una clase media muy alejada de la marea de la clase baja y los pobres que suman miles de millones.
Lo que está claro es que la brecha entre unos y otros aumenta. Entre la clase media con los que están debajo y de la clase media con los que están arriba. No digamos entre los pobres de un extremo con los multimillonarios del otro. La triste realidad es una sociedad completamente fracturada y con unos extremos tan absolutamente distantes que es difícil entender como hemos llegado ahí.
Cada vez hay más personas con recursos ínfimos y cada vez más mil millonarios que aumentan de manera progresiva su riqueza. El dinero llama al dinero. Los ricos, muy ricos, cada segundo multiplican lo que tienen sin hacer nada. Dicen que están comprando tanta tierra que se calcula que, en poco tiempo, el mundo será solo de unos pocos.
La desigualdad crece a pasos agigantados. En el mundo de ahí afuera hemos conseguido grandes logros científicos, culturales y sociales, vamos a la robótica, la inteligencia artificial, o la luna, en una sociedad que trata - tratamos - a los perros mucho mejor que a millones de niños. Nos hemos inmunizado frente a la miseria de los pobres, más pobres que nunca.
No hay que ir muy lejos. Córdoba es un ejemplo. Tenemos tres barrios que se encuentran entre los 15 más pobres de España, con todas sus lacras y miserias, con una esperanza de vida de mierda y donde se sobrevive con la renta mínima vital. Al otro extremo, millonarios en sectores diversos, con el agroalimentario a la cabeza. Así somos. Así es la vida.
Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada.
Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta.
¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.
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