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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Los descorazonadores juicios de familia

En Azafate

Magdalena Entrenas

31 de enero de 2026 19:57 h

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Un juicio es el desenlace definitivo de una controversia entre personas. Y no, no puede ser lo mismo una pelea de vecinos, resolver una deuda, o ver si han infringido tus derechos de propiedad industrial, que decidir si verás o no a tus hijos en el futuro y cuánto tiempo.

Las controversias en el ámbito del derecho de familia se han multiplicado exponencialmente en número y dificultad. La complejidad actual de las relaciones familiares, el formato poliédrico y diverso de lo que hoy es una familia, la violencia física o psicológica que, les guste o no a algunos, existe y se ejerce en el seno de muchas familias de manera sorprendente (porque, además, nada tiene que ver con la posición social, ni la educación) y la salud mental cada vez más resquebrajada desde la infancia, añaden elementos en estos juicios, que hacen que nada tengan que ver con los divorcios de hace 25 años. Es así. 

Nos creíamos que esto se arreglaba con “guarda y custodia compartida para todos y el pisito se vende” y nada más lejos de la realidad. Aquello de Coca Cola para todos no es una buena técnica y, para mí, lo más alejado a lo que debe ser la justicia, o sea, básicamente, dar a cada uno lo suyo. 

Y no cito las dificultades que añade a todo esto un legislador absurdo en sus planteamientos y cicatero en los medios. Como no tenemos dinero para más jueces, arreglen ustedes sus asuntos sin pasar por el juzgado. O sea, los MASC. En vez de tanta falacia de mediaciones obligatorias previas - que solo sirven para mayores retrasos-, más inversión en jueces y funcionarios, en su preparación y dedicación especializada y en su necesario compromiso. 

Y claro, así estamos, con una carga de trabajo la mayoría de los juzgados de familia y de violencia (que también llevan las medidas civiles) insoportable. El colmo, los pueblos. Acabo de esperar un año para conseguir que un padre pueda ver a sus hijos porque la madre, sin motivo, había decidido no entregárselos si no lo decía un juez. Tiempo de espera para ese juicio, de medidas provisionales urgentes, un año. 

Y ahora vamos al remate de todo esto. Lo que ocurre cuando llegas por fin a ese juicio, donde ventilar esas cuestiones complejas y dolorosos, como puede ser la relación de un padre ausente, que vive a más de quinientos kilómetros de ida y vuelta con un bebe de trece meses con el que nunca ha dormido; o si un padre puede y debe exigir relacionarse con su hijo de doce años que, sin explicación, más allá de la posible influencia materna, no quiere irse con el; o las medidas para proteger a unos menores en un divorcio donde hay comportamientos poco sanos - y no voy a decir ni siquiera violentos - del padre o de la madre ¿Como no creer que gritar, tirar cosas o menospreciar influye en la educación de esos niños y en su salud mental?

Y entonces llegas, cruzas por fin la puerta de la sala de vistas, pertrechada con tus pruebas, sin dormir esa noche y con tu cliente en tus manos y te encuentras, para empezar, que la cosa va con retraso y te dice Su Señoría “hoy rapidito”. Luego, en varias preguntas que surgen sobre los autos, puede que incluso adviertas que el ministerio fiscal, presente pero ausente, parece que desconoce las circunstancias exactas de lo que se va a debatir y que tus escritos ni los ha leído y, a continuación, escuchas ese mantra desalentador de: “señores letrados ¿no hay acuerdo? Pues esto está claro …” 

Perdón, ¿que está claro? ¿el qué está claro? Llevas meses negociando con la parte contraria sin éxito y ahora de repente… ¿todo está claro? ... ¡Dios, solo quiero morir! 

(P.S. Si me hallo con fuerzas, tal vez continúe la próxima semana con lo que ocurre después de esa fatídica frase) 

Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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