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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Cuestión de estrategia. Las gaviotas y el harpía

Aves.

Magdalena Entrenas

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Acabo de recordar las gaviotas de los últimos días de agosto. La playa estaba llena de ellas y sorprendentemente para mí, convivían con las sombrillas de colores y hasta con niños jugando a la pelota. Entonces me detuve a observar su comportamiento y descubrí algo sorprendente. 

La playa donde estaba, justo a la entrada de un puerto pesquero, es por donde los barcos llegan cargados de pesca. Las gaviotas estaban en fila en la orilla de la playa. Perfectamente alineadas. Mirando el mar. Y, de repente, cuando a lo lejos veían un barco, emprendían el vuelo y se arremolinaban a la cola de la embarcación. Al encarar los barcos la entrada al puerto, abandonaban el barco y volvían a la arena de la playa, se alineaban y a esperar al siguiente. 

Tan sorprendida me quedé con aquel comportamiento, que se repitió una y otra vez, que le pregunté a la inteligencia artificial y entonces mis sospechas se confirmaron. Descubrí que Incluso un grupo de científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas tuvieron la paciencia de analizar este comportamiento con detalle en aguas mediterráneas, publicando su estudio en la revista Current Biology.

Y ahora viene el dato más increíble. Las gaviotas solo persiguen a los barcos de lunes a viernes, que es cuando faenan los pescadores. Han descubierto los despojos de pescado y las vísceras que los pescadores van desechando por la borda de los barcos pesqueros, así como los pequeños peces y crustáceos que se desprenden de las redes. Un botín que constituye para ellas un auténtico festín, asegurado y con el mínimo esfuerzo. 

Han desarrollado una estrategia que les permite conseguir comida fácilmente durante la semana, mientras que los fines de semana ya saben que deben esforzarse mucho más para conseguir sus presas. 

Estrategia en la vida es el desarrollo de la inteligencia aplicada a conseguir el mayor éxito, con el menor esfuerzo. Hasta las gaviotas saben eso. Muchos humanos, si fueran gaviotas, solo harían largos y extenuantes vuelos sobre la superficie del inmenso mar para dar con algún pescado despistado en la superficie.

No digo que sea fácil. No digo que todo en la vida sea cuestión de estrategia, pero si afirmo que muchas de las cuitas y lamentos que escucho a diario, son producto, no del sistema, no de los demás, no de la mala suerte, sino de la falta de estrategia del que solo sabe lamentarse, sin reconocerse, nunca, responsable de su mala fortuna. Ni siquiera de haber sido poco estratega. 

En el devenir de mi día a día, escucho historias de personas a las que solo me falta de decirle, “pero hombre de dios, ¡aprenda usted de las gaviotas!” Los ejemplos no me atrevo a ponerlos, que no quiero que nadie se ofenda. Y, cuidado, que la estrategia no es vagancia, ni mínimo esfuerzo, es todo lo contrario. Máximo rendimiento con menos pérdida de tiempo y sin dejar pasar ningún barco cargado de peces. 

En estos días, al otro extremo, tenemos el ejemplo de otras aves. Ya saben, el Águila Harpía, el mayor depredador del mundo, dado su impresionante tamaño, su fuerza y sus poderosas garras… y su falta de escrúpulos. Me quedo con las gaviotas. Barco a barco y sin dañar a nadie. Que dios nos asista.

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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