Limpiarse en las cortinas
A veces pienso que hay una parte del cerebro humano que no solo no entiendo, sino que me parece realmente injustificable. Por ejemplo, qué le lleva a un responsable municipal a poner el sello de “aceptado” para que, a las puertas del mismísimo Ayuntamiento, apostado en el maravilloso Templo Romano de Claudio Marcelo, alguien instale un chillón puesto de patatas fritas, propio de una feria de cuarta. Y si lo han puesto sin permiso, se han limpiado en las cortinas municipales.
¿No había otro sitio? Parece que no. Como parece que no lo había para que el señor DAO diera rienda a su bragueta contra una subordinada y hasta en un apartamentito oficial pagado por todos nosotros. Y es que, además del fondo, amigos, los lugares también importan y mucho.
No lo entiendo. La verdad ¿cómo pueden pensar algunos que da igual donde se pongan los tenderetes? ¿Cómo puede no reparar el DAO en que sus acciones son aún más repulsivas porque afectan al prestigio, la reputación y el trabajo de miles de hombres y mujeres que son quienes precisamente velan por nuestra seguridad?
Y ahí llegamos a los tipos de bragueta fácil y lengua facilona que tan flaco favor le hacen al sexo masculino. Porque, no es solamente el insigne DAO, sino todos esos machotes que en el día a día compruebo que existen y hasta proliferan contra todo pronóstico a nuestro alrededor. Da igual la clase social, si están formados y educados que, de repente, ¡zas! van y tratan a las mujeres, incluidas las suyas, como las cortinas del palacio al que llegaban los marranos invitados a limpiarse.
Actitudes, miradas, comentarios y hasta actos de contenido sexual forzados, con los que no entiendo cómo se satisfacen. Da igual si tienen un Grammy, que sean políticos que abanderan el feminismo, jefes de la seguridad ciudadana, eminentes escritores, o ministros. De repente la fuerza de su chorra los transforma y van y se comportan como auténticos depredadores ¿y disfrutan?
¿Qué ocurre en ese momento en sus cerebros? ¿Cómo es posible que les ponga y hasta se exciten con una mujer siquiera mínimamente contrariada? ¿Qué hay detrás de una actitud así? ¿Un trastorno psíquico? ¿Misoginia? ¿Puro ego? … No lo entiendo.
Porque no estoy hablando del psicópata desconocido que cualquiera de nosotras, o nuestras hijas, puede encontrar una noche a la vuelta de la esquina, arrastrándote a un portal. Esos son imprevisibles. Hablo de maridos, parejas, novios o amantes, que conviven contigo y que, considerándote de su propiedad, ejercen el pleno dominio hasta sobre tus carnes más íntimas a su antojo. Que los hay y muchos ¡Si hasta cuando la relación está finita, quieren seguir!
Y ahora viene algo casi mucho peor. Los que callan, manipulan y hasta extorsionan cuando ven a esos otros limpiarse en tus cortinas y miran a otro lado y ni te ayudan a limpiarlas, ni a echarlos de tu casa.
Quiero escuchar lo que tienen que decir todos, repito, todos los que supieron y los que saben sobre los abusos que sufren muchas mujeres en sus propias casas, en sus familias o en el trabajo. Los delitos de omisión son infinitamente peores. Y quiero ver cómo los hombres bien nacidos, en vez de decir “sabe dios la tía”, señalan al amigo o al colega, en vez de taparlo y hasta salvarlo con esta excusa absolutoria: “Pobrecito. Su bragueta es así”.
Limpiarse en las cortinas es hacer algo tremendamente inapropiado, incluso ofender y faltar al respeto a quien le debes lo contrario porque estás en su propia casa. Aunque sea carnaval, aunque seas tú incluso el que manda.
Sobre este blog
Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada.
Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta.
¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.
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