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Los andaluces apoyan la eutanasia y el aborto y solo un tercio quiere un entierro religioso

Más incineración y menos ceremonias religiosas marcan la tendencia social en los últimos años

Aristóteles Moreno

14 de febrero de 2026 20:17 h

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La sociedad andaluza y, en general, la española han protagonizado en las últimas décadas un vuelco sin precedentes en su sentido de la tolerancia, la diversidad y la libertad de conciencia. Así lo certifica un amplio estudio de opinión publicado por el Observatorio de Pluralismo Religioso en España, que en una primera entrega recogida por Cordópolis días atrás anunciaba que el número de no creyentes superaba por primera vez en España a la población religiosa.

El cambio cultural experimentado en los últimos años es de una profundidad tal que afecta a múltiples aspectos de la vida social. Las tradiciones funerarias, por ejemplo, están sufriendo una acusada transformación, según el Barómetro sobre Religión y Creencias. Solo el 30% de las personas consultadas muestran su preferencia por una ceremonia de carácter religioso, mientras que el 25% se manifiestan indiferentes, el 15% quiere un entierro laico y otro 25% no desea ningún tipo de sepelio.

Los católicos son quienes se inclinan más por un funeral religioso (55%) frente a otras confesiones (41%), agnósticos (3%) y ateos (1%). Una mayoría clara (65%) cree que los cementerios públicos deben acoger a difuntos de todas las religiones y no únicamente a cristianos católicos como ha sucedido hasta ahora. Ese porcentaje es mayor en Andalucía que la media española (64%), lo que indica una sensibilidad más plural en el sur, pese a ser la comunidad autónoma con un tradicionalismo católico más acusado.

Una sólida mayoría (71%) está convencida de que la laicidad es la garantía de la libertad religiosa

Más de la mitad de la población (55%) defiende que las ceremonias funerarias deben adecuarse a los entierros de las diversas creencias y corrientes de pensamiento, que en España han crecido considerablemente en los últimos años. Son las personas que se declaran a la izquierda del espectro ideológico y las confesiones minoritarias quienes defienden de forma clara la pluralidad de las ceremonias funerarias. Mientras tanto, la inhumación tradicional pierde terreno de forma imparable hasta el punto de que Málaga y Sevilla lideran la tasa de incineraciones en España. Córdoba, más reacia al cambio, también roza ya el 50% de cremaciones.

La diversidad es ya un valor mayoritario en la sociedad andaluza y española. El 52% de las personas interpeladas por el Barómetro de Religión y Creencias respalda que los hospitales públicos incluyan servicios religiosos de todas las confesiones y no únicamente de la católica. Y el 47% de los encuestados aboga ya porque los colegios ofrezcan menús escolares adaptados a todas las religiones con presencia significativa en la sociedad española.

Una sólida mayoría (71%) está convencida de que la laicidad representa una garantía de la libertad religiosa y de conciencia de los ciudadanos y ciudadanas. La Constitución española de 1978 consagra la aconfesionalidad del Estado en un país oficialmente católico desde la Edad Media, con la fugaz excepción de la II República de 1931. Solo el 7% de los consultados cree que la laicidad entraña una posición negativa ante la religión. En general, la inmensa mayoría considera inconveniente incorporar valores religiosos a la política.

Las ceremonias funerarias experimentan una rápida transformación social

El 41% de los andaluces opinan que la religión debe de estar fuera de las aulas como asignatura confesional, 6 puntos menos que la media española. El dato cobra mayor significado si tenemos en cuenta que el 87% de los encuestados cursó la materia de religión en su etapa escolar, lo que evidencia una clara tendencia a la secularización de la población.

Incluso entre las personas que se declaran católicas hay un porcentaje significativo (27%) que rechaza una asignatura doctrinaria en el sistema educativo. Esa oposición crece hasta el 33% en el caso de creyentes de otras confesiones minoritarias. Por contra, una mayoría de los encuestados sí defienden la inclusión de una materia sobre historia y cultura de las religiones, pero sin carácter confesional.

La imparable secularización social queda nítidamente reflejada en el índice de transmisión religiosa de padres a hijos. El 92% de las personas entrevistadas admiten haber sido bautizadas en la confesión católica pero solo un 48% haría lo propio hoy con sus hijos. Es decir, un 44% menos. El descenso es aún mayor entre los padres que matricularían a sus vástagos en asignatura de religión (-48%). En relación a la primera comunión, el 85% de los consultados la hizo pero únicamente el 38% repetiría la liturgia en sus descendientes (-47%) y solo el 30% los escolarizaría en un centro de ideario religioso (-20%).

El 41% de los andaluces prefieren ya sacar la religión del sistema educativo

El desapego creciente a la confesionalidad de las instituciones y la defensa de la separación efectiva entre religión y Estado se visibiliza con rotundidad en el rechazo a los privilegios fiscales de la Iglesia. El 62% de los encuestados se oponen a que las entidades religiosas reciban beneficios tributarios específicos y solo un 26% de la población se declara partidario del sistema de asignación del IRPF vigente en favor de la Iglesia católica. Entre los jóvenes, ese respaldo se desploma hasta el 18%.

En el último ejercicio fiscal correspondiente a 2024, la jerarquía católica recibió más de 429 millones de euros por la asignación tributaria, aunque el porcentaje de declarantes descendió al 30.08%, el mínimo histórico. En Andalucía, el número de personas opuestas a los privilegios fiscales de entidades religiosas (60%) se sitúa en dos puntos por debajo de la media nacional. En conjunto, un 54% de los encuestados defienden la autofinanciación de las confesiones religiosas, tal como estipula la Constitución de 1978, y solo el 26% está de acuerdo con algún tipo de aportación pública.

El incremento de una conciencia más abierta y plural de los españoles encuentra un flanco preocupante en alguno de los apartados del extenso estudio del Barómetro de más de 150 páginas. Preguntados sobre cómo verían que un familiar suyo se casara con un miembro de otra comunidad religiosa, la respuesta fluctúa en función de la confesión. Si la boda se celebra con católicos, budistas, cristianos ortodoxos, hinduistas o taoístas, el rechazo es mínimo, concretamente entre el 4% y el 8%. El desagrado se dispara en el caso de los musulmanes (34%) y Testigos de Jehová (30%).

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