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Sadeco: del silencio al deber de opinar

Un trabajador de Sadeco.

Blogópolis Opinión / Javier Quijada Muñoz

Gerente de Sadeco entre 2015 y 2019 —
4 de agosto de 2025 20:03 h

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Siempre he creído que quien ha dirigido una empresa pública debe mantener, tras su etapa de gestión, un silencio respetuoso. Por ética, por prudencia y por responsabilidad institucional. El conocimiento interno que uno adquiere como gerente es valioso, pero también puede ser peligroso si se convierte en arma arrojadiza al servicio de la crítica política. Por eso, durante más de un lustro desde que dejé la gerencia de Sadeco, nunca he intervenido públicamente para valorar decisiones tomadas por otras personas. Me lo han pedido muchas veces, sobre todo en los últimos años, trabajadores y trabajadoras de la empresa con los que sigo en contacto y que me trasladan con frecuencia sus preocupaciones. Pero siempre he evitado pronunciarme.

Hoy rompo ese silencio. Y lo hago no por nostalgia ni revancha, sino por la profunda preocupación que me ha generado como vecino una decisión adoptada recientemente en el Consejo de Administración: la compra de 30 camiones de recogida de residuos de 3.500 kg, propulsados por motor diésel. Se trata de los conocidos camiones pequeños que toda la ciudadanía identifica: los que recogen las papeleras en Córdoba. Camiones que recorren cada rincón de la ciudad en tres turnos diarios, con una caja cuadrada siempre abierta. En mi etapa al frente de Sadeco decidimos sustituirlos progresivamente por vehículos eléctricos. La medida respondía a una demanda unánime del movimiento vecinal: reducir el ruido y la contaminación atmosférica en nuestras calles.

Hubo dificultades técnicas al principio, sobre todo con la adaptación de los cargadores a las altas temperaturas cordobesas, pero tras las correcciones necesarias, los vehículos funcionaron razonablemente bien. Nunca he recibido una queja significativa de los trabajadores sobre estos vehículos eléctricos. Al contrario, cuando me cruzo con ellos por la ciudad —muchos de los cuales todavía se paran a charlar conmigo—, siempre les digo que ojalá no tuvieran que trasladarme problemas. Me encantaría que me dijeran que todo va bien. Pero, lamentablemente, no es el caso. Me hablan de la falta de personal, del deterioro de la flota, de cuartelillos sin cubrir, de un servicio que se resiente... Y ahora, además, de la vuelta al diésel.

La justificación dada por la dirección de la empresa en el último Consejo me resulta preocupante. Se alegó que estos vehículos están “todo el día en el taller”, confundiéndose incluso con los camiones de carga lateral de gas, que sí han dado más problemas. Pero más allá de la confusión técnica, lo que aquí se está poniendo sobre la mesa es una decisión de modelo. Porque no hay decisiones únicamente técnicas: toda dirección debe asumir qué tipo de empresa quiere liderar.

Si desea una Sadeco alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con la lucha contra el cambio climático, con la movilidad limpia y saludable; o si prefiere dar marcha atrás veinte años, con camiones ruidosos y contaminantes circulando por barrios saturados, especialmente en una ciudad con una calidad del aire muy mejorable. Sorprende, además, que esta decisión se adopte en pleno verano, casi de puntillas, sin un debate público claro, sin una justificación técnica con datos contrastables, y bajo el argumento de que “no había dinero” para renovar la flota... hasta ahora.

Nadie duda de que la empresa necesita vehículos nuevos. Nadie cuestiona la urgencia de renovar una flota envejecida. Pero precisamente por eso, ¿por qué invertir en una tecnología que ya no representa el futuro, ni siquiera el presente? No quiero extenderme sobre otros asuntos que podrían y deberían tratarse en Sadeco. Quienes caminan cada día por Córdoba saben perfectamente cómo se encuentra la ciudad. No hace falta que yo lo diga. Pero sí quiero alzar la voz para llamar la atención sobre el rumbo que está tomando la empresa pública que durante años fue un referente en España. No es una cuestión menor: afecta a la salud, al bienestar, al clima, al modelo de ciudad.

Pido, por tanto, una reflexión profunda a la actual dirección. Que piensen si este tipo de adquisiciones están realmente sustentadas en criterios sólidos, y si esos criterios son los que Córdoba necesita en 2025. Las decisiones estratégicas Las decisiones estratégicas no se toman solo con hojas de taller, requieren visión de futuro, compromiso y responsabilidad pública. Eso es lo que merece Sadeco. Y eso es lo que espera la ciudadanía de una empresa que es —o debería ser lo que fue— emblema de lo público, lo eficiente y lo sostenible.

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