Nadie

No somos nadie. Es una perspectiva sartriana, puede ser, tal vez. Llamadme nihilista, lo acepto. Pero no somos nadie.

O todo.

En el bar del barrio no hay nadie a las cuatro de la tarde. "Están de cruces, de perol, de romería, en el apartamento de los suegros, en la parcela del cuñao o en el Arcángel", me dicen, como si yo esperara una explicación.

No me creo dónde están. Pero el tipo de la barra tiene una coartada o una teoría para justificar que yo sea el único cliente del bar. Es un optimista. Eso es entrañable.

Me pido un agua con gas para hacerle compañía a mi güisqui con hielo, veo al Córdoba C.F. en la tele: su portero recoge ocho veces el balón enredado en su portería.

No somos nadie; pero podíamos ser cualquier cosa. Algo así podría pensar un portero o el dueño de un bar.

O todo.

Porque ser nadie es ya, en sí, una esperanza de ser algo. Creo.

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3 de mayo de 2015 - 03:29 h