Espacio y tiempo

Voy a pasar la Nochevieja fuera de mi casa. Fuera de mi ciudad, separado tal vez de algunas cosas. Creo que es la primera vez que me pasa. Parece importante, pero tal vez no lo sea.

Cambiar de año puede considerarse una cuestión meramente temporal, pero también lo es desde un punto espacial.

He pasado la Nochevieja en varias casas, en algún bar, acompañado de personas que hoy no están, solo... Y el tiempo seguía pasando en los espacios, en cualquier sitio.

Brindando después de zampar, riendo, acordándose de los muertos, esperando nuevos vivos...

En Nochevieja sentamos a la mesa a los fantasmas en casa, en un restaurante, en un hotel o en una cabaña perdida de eso que llaman turismo rural.

Les ponemos un cubierto y un plato, y somos capaces también de brindar con ellos después de que se atraganten con la penúltima uva.

Fantasmas del pasado y del porvenir (que no es más que una sucesión de presentes) compartirán conmigo el tránsito.

Hay un espacio en el que alguien no está y un tiempo en el que todo es posible.

En esa paradoja circular intentamos manejarnos.

En eso pensaré mientras llega el nuevo día vestido con la zamarra del Optimistas F.C.

Aunque un autobús me envista en la autovía camino de la última cena.

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Publicado el
29 de diciembre de 2019 - 03:10 h
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