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Todos venimos de África

Varios migrantes intentan cruzar a nado la frontera, a 31 de julio de 2026, en Ceuta (España).

Aristóteles Moreno

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Guerra al invasor

Pintada supremacista aparecida en el casco histórico de Córdoba

Santiago Abascal nació en África hace 2,8 millones de años. Todas las evidencias indican que vio la luz (quizás la sombra) en algún punto de la región de Afar, al noreste de Etiopía, en el curso del río Ledi. Hay un consenso científico incontestable, respaldado por numerosos fósiles y análisis genéticos, que certica que nuestra especie emergió en el continente africano y evolucionó en un largo proceso antropológico antes de expandirse y poblar el resto del planeta. También España, unidad de destino en lo universal.

Muchos milenios después, Abascal se convirtió en el Homo Sapiens que hoy somos todos. Eso sucedió hace unos 300.000 años, según acreditan los restos óseos hallados en Yebel Irhoud, en la provincia de Yussufía, al suroeste de Marruecos. Mire usted por donde. Pero hubo que esperar otros 230.000 años para que se produjera lo que los paleontólogos definen como la gran migración hacia Eurorasia, Oriente Medio, Oceanía y América. También hacia España, unidad de destino en lo universal.

Para alcanzar Europa, Santiago Abascal y su estirpe tuvieron que describir una ruta colosal. Entonces, las corrientes impetuosas del Estrecho de Gibraltar y la profundidad de sus aguas representaban una barrera infranqueable para aquellos homínidos que estaban a punto de abandonar el continente negro. Tomaron, por tanto, dirección al cuerno de África y la península del Sinaí, atravesaron Oriente Próximo, bordearon el Mar Negro y penetraron en Europa por los Balcanes.

Avanzaron hacia el sureste por los valles fluviales y cientos de años después, quizás miles, se encontraron con el gran murallón de los Pirineos. Abascal pisó España, unidad de destino en lo universal, hace 45.000 años. Que se dice pronto. Llegó a la Península Ibérica lo mismo que Meloni colonizó Italia, Donald Trump se apoderó de América y el padre de Netanyahu recaló en Polonia. Lo que ignora la antropología es en qué preciso instante estos ejemplares vigorosos de Homo Sapiens africano renegaron de sus orígenes y se vieron a sí mismos como seres superiores.

Hay enigmas que nunca descifrará la ciencia.

El domingo pasado apareció una pintada en la puerta de la Asociación Pro-Inmigrantes de Córdoba. Proclamaba lo siguiente: “Guerra al invasor”. Venía acompañada de un círculo y una cruz, símbolo del supremacismo blanco que se expande como mancha de aceite por los cinco continentes. Sus autores protestaban presumiblemente contra la entrada por Ceuta de miles de sus congéneres siguiendo la inercia migratoria que hace 2,8 millones de años había empujado a Santiago Abascal a buscar nuevos horizontes hacia los territorios del norte.

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