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El Arsenal: “España nunca fue un buen lugar para la libertad de expresión”

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El Arsenal no es una persona. Ni siquiera las dos que lo gestionan: Paco Nevado y Antonio Blázquez. El Arsenal es un espacio de creación y difusión cultural que, autogestionado, vive al margen de lo público. Asentados desde hace tres años en una antigua nave industrial del polígono de Chinales, demuestran que es posible crear arte y proyectos con un modelo de gestión basado en la participación y en la colaboración.

A la cita están convocados Nevado y Blázquez, pero el segundo tiene que ausentarse en el último minuto por un problema de salud. En las instalaciones del Arsenal, una fría y lluviosa mañana del jueves 18 de febrero, Nevado se sienta con CORDÓPOLIS durante una hora, en representación de un proyecto colectivo.

Es momento oportuno para hablar de arte, cultura y libre expresión. Mientras se realiza la entrevista, se está juzgando a la concejal de Ahora Madrid y portavoz del gobierno local en el Ayuntamiento de la capital, Rita Maestre, por protestar en sujetador en la capilla de la Universidad Complutense. Se le acusa de profanar la capilla y ofender a los creyentes. Hace dos días censuraron a la escritora Dolors Miquel por leer un poema con la estructura del Padre Nuestro, la palabra coño y referencias feministas y a la maternidad, en Barcelona. Y dos titiriteros han pasado cuatro días en la cárcel, acusados de hacer apología del terrorismo dentro de una obra de guiñoles.

PREGUNTA. ¿Es un mal momento para la libertad de expresión?

RESPUESTA. España nunca fue un buen sitio para eso. Y tú lo sabes también. Lo que ocurre es que ahora se actúa en su contra como jauría; ahora están muy excitados. Creo que de alguna forma se sienten amenazados; simplemente porque existen otros puntos de vista y otras personas hacen las cosas de manera distinta con la misma libertad que, curiosamente, tanto proclaman quienes les censuran. Lo que ocurre es que ahora estamos en un momento distinto y ellos ya no se sienten los amos del cotarro.

P. ¿Quiénes?

R. Me refiero a ese grupo de hombres y mujeres a los que no les gusta mucho que alguien opine de manera diferente. Hablo de aquellos que censuran, insultan o excluyen de la idea de persona de bien -concepto que es bastante medieval pero que sigue manteniéndose en España- a todo el que no opine de una forma generalista. Hablamos de un país al que no piensan volver a trabajar personas como Angélica Liddell. ¿Qué pasa en este país para que alguien como Rodrigo García, de la Carnicería Teatro, hace mucho tiempo que solo trabaje fuera? España es un país que está acostumbrado a echar a su intelectualidad, a no apoyar la ciencia ni nada de lo que significa el conocimiento. Y no hemos cambiado tanto.

P. La muerte de Franco y la Transición fueron años duros. También en la cultura. Pero en los ochenta todos recordamos una especie de reverdecimiento; una visión de la cultura mucho más abierta y mucho más atrevida. Incluso en la televisión con programas de infantiles de títeres, como La Bola de Cristal, cuyo humor y atrevimiento hoy serían imposibles.

R. Los años ochenta fueron una explosión. Pero se dejó ahí. Tal vez porque era márketing o porque no se supo controlar. Pero en total, en estos 40 años de democracia -que no lo es tal, si no más bien una prolongación de la Transición- se ha ido tejiendo una red estatal que ha terminado por controlar una cultura que antes no estaba sujeta. Así que tenemos una explosión a principios de los ochenta por pura necesidad de expresión pero, a la vez, se ha ido construyendo el supuesto Estado de Derecho o democrático que ha ido creando una estructura que aprisiona la libertad siempre que se exprese de una forma que no se considere correcta. Y eso se nota muchísimo en la creación artística. Mucha gente tiene esa sensación; una sensación que no es miedo pero sí un qué dirán.

España es un país que está acostumbrado a echar a su intelectualidad

Desde que estoy en este mundo de la creación oigo las mismas frases: hala qué bestia, hala qué fuerte, hala mira lo que ha dicho. Todos escuchamos esas expresiones. Y entonces te ves obligado a suavizar tu creación. De hecho, la suavizas porque sabes que si no es bien recibida por determinadas personas, puede significar que no vas a trabajar más. No digo que haya un Ministerio de Censura, evidentemente, pero la censura interna sigue quedando. Y los que se atreven, sufren las consecuencias. Pero eso debe cambiar.

P. ¿Y cómo?

R. Posicionándose. La gente se debe posicionar. Debemos recuperar ese espacio robado. Las acciones gamberrillas se permiten porque se quedan en anécdotas, pero si mantenemos los discursos, perdurarán en el tiempo y al final cambiarán las cosas.

P. ¿Es necesario educar o instruir a la gente para lograrlo?

R. No. Ni educar ni instruir. Eso es lo contrario a todo lo que estamos hablando. No se puede educar ni instruir, no se puede decir lo que está bien o lo que está mal; no se puede decir qué es lo que tiene que pensar la gente. Porque la gente no es tonta y tenemos reacciones. Sabemos lo que es la verdad, lo que nos gusta más, lo que nos gusta menos. Tenemos que posicionarnos pero no de una forma aleccionadora; no debemos de instruir en ese sentido. Eso es fatal. Se posiciona El Arsenal y cualquier tipo de organización o colectivo de los que están surgiendo en Córdoba -de hecho ya podemos hablar de una sociedad independiente y paralela a la oficial, con decenas de proyectos- que esté buscando su propio desarrollo, incluso comercial, con otros modelos y fórmulas.

No hay un Ministerio de Censura, pero los artistas sí se censuran a ellos mismos

Nosotros estamos acogiendo en El Arsenal estos proyectos. Y así nos posicionamos ante una estructura pública inmovilista que no hace programas con objetivos claros ni con buenas prácticas de convocatorias públicas o apoyos. El Arsenal demuestra que se puede generar una estructura social, cultural y artística que ya vive por sí sola. Y tenemos a El Arsenal, pero también a Combo, a La Fragua, a MODO... Y a decenas de proyectos que también que surgen desde lo privado y que pueden o no ser apoyados luego por lo público. El Arsenal busca generar la visibilidad de esos proyectos a través de experiencias como Nocturnos. Y también lo hacemos con Cortocircuito, donde generamos un público para un tipo de teatro diferente. Y todo eso en una ciudad como es Córdoba donde este tipo de cosas no se ha ofrecido. Y no se ha hecho porque existe una intencionalidad clara de llevar a la gente por un caminito: el de la cultura popular no crítica. Porque la que era crítica o se la han cargado, o se la han quitado de en medio.

P. Hemos dibujado un país que vive una especie de involución. Y una ciudad que ha vivido su propio proceso de retraimiento. ¿Hay aire para que respire la cultura independiente?

R. Sobre lo de la involución, hay que darse cuenta de que siempre que el PP llega al poder hace mucho daño a la democracia. Lo digo sinceramente y apenado, porque me gustaría que hubiese un abanico de opciones políticas con las que poder sentirse a gusto, pero hemos visto que tanto con Aznar como con Rajoy, cuando el PP llega al poder hace mucho daño al sistema democrático al intentar instrumentalizarlo.

P. ¿Y en Córdoba? ¿Cómo habéis podido crear ese tejido independiente sin ayudas y en una ciudad que ha estado gobernada por ese partido durante cuatro años?

PACO NEVADO. Pues simplemente porque es necesario. Porque es algo que pide la sociedad y la gente a título individual para su propio desarrollo personal. Es una forma de darse herramientas y armas para, en un estado de crisis, seguir haciendo cosas y produciendo. Cada uno tiene un modelo que se ha ido buscando y al que se ha ido adaptando. Pero cuando aparece otro modelo, busca su hueco. Todo debe ser de una forma orgánica. Por ejemplo, MODO tenía un espíritu de carácter más expositivo -incluso su propia fisonomía arquitectónica, en La Pérgola, es un gran escaparate y un centro de encuentro- y en esa faceta nos libera a El Arsenal y nos permite retomar nuestra esencia original de factoría de creación. Y ahora es cuando estamos más productivos, con nueve proyectos que sacamos adelante a full. ¿Y cómo lo hacemos? Pues como lo ha hecho toda la sociedad española a partir del 15M: diciendo basta, diciendo que esto nos lo averiguamos nosotros, que sabemos hacerlo y pasamos de vosotros.

P. ¿Se puede vivir de esa red alternativa? Está claro que se puede generar y mantener pero, ¿pueden vivir de ella sus integrantes?

R. Exactamente igual que antes. Yo no vivo ni mejor ni peor que antes. Tampoco antes teníamos una gran ayuda, por eso no hemos perdido tanto. Y es que en el sector de las artes escénicas apenas había nada. En Córdoba, excepto una ayuda mínima de la Diputación, no había nada. No hay ninguna ayuda a la producción que se entregue de una forma lógica, estructurada, con el objetivo de generar una estructura profesional sostenible. Por eso no hemos perdido nada. Al revés, en El Arsenal hemos ganado mucho. Hemos hecho un programa de residencia cediendo espacios a gente que ni siquiera podía tener uno; hemos respaldado a gente nueva que está empezando; hemos dejado espacios para producir o presentar trabajos. Todo eso, que podían haberlo hecho las instituciones públicas en un plan más general, no lo han hecho. Y lo hemos hecho nosotros.

La cultura y el arte no se tienen que ver como producciones industriales

P. Creo que entre la clase política nunca ha existido el concepto real de la cultura como una industria que produce bienes económicos para la sociedad. Ni siquiera a vosotros, que precisamente os habéis implantado en un polígono industrial os ven así. O al menos no lo parece, por el caso que os han hecho. ¿Cómo son vuestras relaciones con las instituciones?

R. He de decir que han sido buenas. Bueno, evidentemente, con el PP no. Pero con las instituciones en sí han sido -y están siendo- buenas. Pero no iniciamos este proyecto para tener relación con las instituciones; lo hicimos porque pensamos que todos debemos aportar y cada maquinaria va engrasándose con la actividad de la otra. Pero ahora sí que creo que estamos en un momento de trabajar conjuntamente. Por otro lado, yo particularmente opino que la cultura y el arte no se tienen que ver como producciones industriales. Son bienes sociales y como tales no tienen los parámetros de empresas industriales que manejen conceptos como el de plusvalía. No podemos ver la cultura como un pozo empresarial e industrial. Los puestos de trabajo y la riqueza también se generan con otras estructuras que no solo buscan la plusvalía económica.

P. Pero tampoco tengo claro que las instituciones se terminan de dar cuenta del potencial económico de la cultura como generadora de riqueza no solo económica, sino también social.

R. Lo que ocurre es que las instituciones -y en Andalucía es gravoso- las ayudas o los apoyos se han dirigido hacia el perfil empresarial. Eso lo hemos visto en las artes escénicas en general. Es decir, tienes que ser autónomo para pedir una subvención o una ayuda. Y además, aportar hasta el 70% del dinero de tu propio bolsillo. De esta forma, están aplicando medidas importadas de otros sectores económicos. Pero en las artes y en la cultura no funcionamos como en las fabricas que hacen cosas en serie. Nosotros no hacemos ni chochos de goma ni pollas de plástico. Nosotros no hacemos consoladores -que son muy rentables- porque nosotros trabajamos en otra categoría: trabajamos en implementar el bien social que el arte genera. Somos la necesidad básica después de la comida, el techo, el abrigo y el sexo. Pero no por estar detrás, el arte deja de ser algo muy necesario. Y además, da puestos de trabajo.

Nosotros no hacemos ni chochos de goma ni pollas de plástico, trabajamos en implementar el bien social que el arte genera

Existen estructuras culturales que generan esa riqueza social y económica. En El Arsenal somos una estructura sin ánimo de lucro pero eso no significa que nadie cobre. Bueno, en nuestro caso nadie cobra porque todavía no nos da para pagar sueldos, pero cuando hacemos proyectos sí que cobramos, claro. Sin ánimo de lucro significa que los dividendos, al final de año, no se reparten entre los accionistas, sino que revierten sobre la propia estructura: comprar bienes materiales, pagar a colaboradores...

P. Antonio y tú, que gestionáis El Arsenal, obtenéis vuestros ingresos de otras actividades.

R. Efectivamente. Aunque sí surgen proyectos en torno a El Arsenal como el proyecto Pontevedra o con Utopía, claro que se cobran. Pero el sustento personal lo recibimos de nuestras actividades. Yo, como profesor de Técnicas Escénicas en la Escuela de Arte Dramático de Sevilla (ESAD) cuando me llaman; de mis bolos con las compañías, de mis actuaciones... Y Antonio trabaja de profe de actividades extraescolares de colegios e institutos. De eso sacamos el dinero.

P. Parece una tónica común el que la mayoría de los creadores en este país tengan que vivir de otras actividades y no de su trabajo artístico.

R. ¿Y por qué? Porque no hay una necesidad de consumo de arte y de cultura suficiente como para soportar a todos esos profesionales. ¿Y por qué no los hay? Pues, fundamentalmente, porque quien tiene que conectarnos, no lo hace.

P. ¿Y quién tiene que conectarnos?

R. Los poderes públicos deben de fomentar esos encuentros.

P. Yo ahí vuelvo a la educación. Ni en los colegios ni en los institutos se habla de danza o de música, por ejemplo.

R. No, no se habla. De hecho, las quitan de los currículos. Y los Bachilleratos de Artes Escénicas también los quitan. Sí, porque siempre ha habido un desprecio por la cultura en este país. Y es un desprecio que viene desde los poderes públicos. Imaginemos que solo con el 40% del tiempo que dedica la televisión a fomentar el fútbol, se fomentase el arte o la cultura. Imagina que un programa como Metrópolis, en vez de echarlo a las dos de la mañana, lo echaran en prime time. ¿No crees que la gente se engancharía? ¿Crees que la gente no lo consumiría?

P. No lo sé, pero sí estoy seguro de que es obligación de una televisión pública emitir esos contenidos en un horario con un amplio público potencial.

R. Su obligación es ésa. Y la de dar contenidos de calidad, también. Pero se lo pasan por el forro. Y es algo a lo que están obligados por la Constitución, que dice que el Estado tiene que fomentar el arte y la cultura de calidad entre la población. Y no lo están cumpliendo.

El arte y la cultura es la necesidad básica que viene después de la comida, el techo, el abrigo y el sexo

P. ¿Existe diferencia entre partidos a la hora de gestionar la cultura?

R. ¿A ti que te parece? Yo creo que unos son más bordes que otros. Te encuentras muchos socialistas muy bordes que incluso pierden las formas en las instituciones. Pero hay otra gente que no. Yo creo que si hay una diferencia es que la derecha es correligionaria -es decir, van todos a una- y el centro derecha o centro [se refiere al PSOE] por lo menos tiene a gente que ha intentado cambiar las cosas desde dentro. Y bueno, en Córdoba hemos tenido a Izquierda Unida durante un montón de años gobernando y lo que ha hecho fundamentalmente es una cultura popular y popularecha muy mal entendida. Y siempre en beneficio de una figura política concreta [Rosa Aguilar, aunque no la menciona].

P. Una cultura crítica es incómoda siempre para el poder. Lo ostente quien lo ostente. ¿Confías en que una institución gobernada por la izquierda cambiaría eso?

R. Lo haría en el caso de que ellos, en el gobierno, quisieran cambiar las cosas.

P. Te lo pregunto porque recuerdo tu cara de estupefacción cuando se celebró la asamblea en la que Ganemos decidió no entrar en el Gobierno Local del Ayuntamiento de Córdoba.

R. (Risas).

P. En la negociación, a Ganemos le había correspondido cubrir áreas de Cultura como la gestión del Instituto Municipal de Artes Escénicas (IMAE). Pero en la asamblea, algunos se refirieron a ello casi como las migajas del Ayuntamiento.

R. Yo me quedé horrorizado cuando escuché a una persona, que se supone que está muy cercano a temas de gestión alternativa, me dijo “ya ves tú, nos dejan el IMAE”. ¿Cómo?, le pregunté. Parecía que no sabía que se trataba del Instituto Municipal de Artes Escénicas que lleva cinco salas, algunas de las cuales están casi en desuso. Salas en las que se podían haber impulsado muchos proyectos muy interesantes.

A ver... Hay tres fórmulas de actuar en esta ciudad: los que dicen virgencita que me quede como estoy, otros que dicen mucho y no hacen nada; y por último, los que hacen cosas. Y está claro que en aquella asamblea se optó por un modelo equivocado. Y me temo que ahora se están arrepintiendo.

P. Parece que esto nos demuestra que es bastante común el hecho de no entender la cultura como uno de los pilares básicos en una ciudad como Córdoba.

R. Cuando comenzaron los grandes recortes económicos en 2009 y 2010, yo tenía a mi pareja en París y vivía muchas temporadas allí. Viendo las noticias francesas, recuerdo una vez que contaron que se había recortado el 40% del apoyo institucional a la cultura en España. La cara de aquella persona no daba crédito; se me giró y me dijo: “Tu país está fatal, ¿qué le pasa a España? Recortar en cultura significa que tu país se está hundiendo”. En ese momento tuve que explicarle que era casi normal, porque la cultura en España no es tan apreciada como en Francia: en España primero se recorta de la cultura porque nos da igual.

La gente que nos gobierna no está preparada y tampoco tiene la sensibilidad para, al menos, hablar con gente que sí sabe

Pero para un país como Francia eso es inimaginable. Su política exterior se basa en la cultura. Primero desembarcan con ella y luego con la industria. Porque saben que todo va unido. Yo tuve la oportunidad de girar con una compañía francesa por todo el mundo y siempre te encontrabas con franceses en las programaciones: circo, danza, teatro... Francia es reconocida por eso. Y nosotros nos inventamos ahora eso de la Marca España con dos vídeos de chichinabo que aumentan más nuestro ridículo en el exterior. El problema es que la gente que nos gobierna no está preparada y tampoco tiene la sensibilidad para, al menos, hablar con gente que sí sabe. Y es que, cuando ves esos vídeos, está claro que no nos van nada bien las cosas; porque cuando las haces bien, no te hace falta mostrarlo así.

P. Eso me recuerda al vídeo final que presentó Córdoba en su candidatura la Capitalidad Cultural de 2016...

R. Por ejemplo... En fin, lo de 2016 fue un gran fracaso porque tenía que ser un gran fracaso.

Hay tres fórmulas en esta ciudad: los que dicen virgencita que me quede como estoy, los de hablar mucho y no hacer nada; y los que hacen cosas

P. (Risas) ¿Estaba todo planeado?

R. Nosotros, en El Arsenal, sabemos mucho de gestionar procesos y tenemos claro que si no va bien, el resultado va a ser un error. Y cuando el proceso va creciendo y creciendo, el mismo proceso va generando nuevas expectativas e iniciativas de las que al final sale algo bueno. Precioso. Alucinante. Con mucho valor. Pero cuando no se hacen bien las cosas, ya se percibe que ese no va a dar resultado. Y ahí, con la candidatura a la capitalidad, no se estaban haciendo bien las cosas. Porque lo primero que preguntaron los miembros del jurado fue dónde estaban los creadores de la ciudad. No estaban. Y ese es el resultado de elegir a una persona de fuera con sensibilidad cero [Carlota Álvarez, que dirigió la Fundación de la Capitalidad] que simplemente usó el cargo como un trampolín en su currículum para alcanzar otras cotas. Así que, por un lado, tuvimos a gente que quería algo pero no sabía cómo lograrlo [los políticos], tuvimos a los vendedores de humo como esta mujer; y, por último, un sector muy desunido e individualista [el artístico].

P. Un sector que a veces incluso se pelea y no veas cómo...

R. Sí, nos peleamos. Y a ellos [los políticos, las administraciones] les gusta vernos como en una piscifactoría, como un montón de peces luchando por un poco de migas de comida. Pero esto debe cambiar. Creo que lo está haciendo. Y no solo por parte de El Arsenal, porque no tenemos vocación de perdurar infinitamente. El nuestro es un proyecto que servirá hasta cuando la necesidad lo dicte. Si se genera un proyecto mejor, pues estupendo. Y ésa es la idea. Porque si El Arsenal fuese el único referente, creo que me iría de esta ciudad.

P. ¿Cómo sería esa evolución lógica?

R. Pues justo lo que está pasando ahora. Estamos trabajando con otros grupos y personas particulares para generar un modelo de cesión de espacios públicos. Un modelo que a la vez diseña y genera un proyecto que se llama Buscando inmueble. Porque tenemos un patrimonio público inmenso en la ciudad que no está utilizado o está infrautilizado.

P. ¿Y qué haríais?

R. Sería el proceso de creación de un espacio de arte crítico, fundamentalmente. A ver, yo creo que el arte es crítico en sí mismo y requiere un posicionamiento. Pero hay que decirlo.

P. ¿Posicionamiento ideológico, político?

R. No. Ninguno de los dos. Y justo por eso el arte es tan incómodo para tanta gente. Porque el arte puede generar un pensamiento crítico sobre lo que hace uno y sobre lo que hace otro. El arte no se casa con nadie. Si el arte tuviese ideología no sería arte, sería aleccionamiento. O propaganda. El arte es otra cosa, es más libre y surge o de la colectividad o de la individualidad del artista. Y eso es muy complicado de controlar.

P. Arte libre y crítico en un espacio público cedido... Mmmmm... ¿Crees que las administraciones están preparadas para eso? Hemos visto ejemplos de creaciones muy críticas y muy provocadoras -ofensas, según determinados grupos- como los titiriteros de Madrid o la poeta en Barcelona, que han actuado amparados por sus Ayuntamientos. Y esas mismas actuaciones han sido usadas por los partidos para atacar duramente al Ayuntamiento. ¿Y vosotros planteáis una cesión de espacios que pueden generar creaciones críticas y agitadoras...? No sé yo cómo se lo tomarán ahora...

R. A mí no me gusta ese discurso que parece como panfletario y que usa términos como de agitación y todo eso... Lo que tenemos que hacer es plantar y dejar crecer. No hablamos de agitación en el sentido de querer que el otro piense como lo haces tú. Sí que es verdad que tampoco se está preparado para asumir el concepto de crecer y dejar que la gente opine lo que le dé la gana.

El Arsenal es un proyecto que servirá hasta cuando la necesidad lo dicte. Si se genera un proyecto mejor, estupendo. Y ésa es la idea

El espacio en sí, en realidad lo que busca es generar un modelo de buenas prácticas por el que cualquier persona o colectivo puede apoyarse para desarrollar su proyecto. Esto ya se hace en Francia. Saben que los artistas, además de ayudar a generar sociedades mucho más sanas, inteligentes, abiertas y modernas, generan también plusvalías económicas. Una compañía de teatro, por ejemplo, tiene que comprar de todo y eso genera riqueza. Pero es importante que las administraciones públicas sepan que ellos tienen que ser los promotores pero no los coordinadores de estos espacios. Lo que tienen que hacer es dejar hacer.

P. Con las ideas tan claras, cuando veis ejemplos de gestión como el del C4, qué se os viene a la cabeza.

R. Buffff, el C4... Participo en una mesa de trabajo con otros artistas y profesionales que ha convocado la Junta para ver qué salida se le puede dar a aquello. Yo, personalmente, veo el edificio como un modelo obsoleto y antiguo de finales del siglo XX que bebe de ejemplos como KZM de Alemania. Esa idea de generar un espacio para un desarrollo urbanístico que sirva también como publicidad de una ciudad pero con cero implementación social o rendimiento en la ciudad, es un modelo obsoleto. Como también lo es el modelo franquiciado de la cultura, como encontramos en esa Málaga que muchos ven como un paradigma de buena gestión. Pero en 2016 estamos en otro tipo de espacios. Para empezar, se apuesta por lugares que no sean tan costosos como esa escultura, porque yo al C4 no llamaría edificio.

Yo propondría violar y pervertir el C4

Ése es un error del pasado, es nuestro gran referente de la burbuja cultural que se vivió en este país. Si los millones que costó hacerlo se hubiesen destinado al torrente de apoyo y creación de la red cultural de Andalucía, hubiese sido la hostia. Pero prefirieron gastárselo en dos arquitectos [Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano] a los que les cayó el gordo. Porque se encontraron con unos gestores que no tenían ni idea y que tenían dinero a espuertas para gastárselo en un edificio que será un rédito muy difícil de llevar para generaciones futuras. Y es que, además, es un edificio muy poco práctico para la práctica artística. Y con muy poco contacto con la sociedad por la estructura de búnker que tiene.

P. ¿Y qué se puede hacer?

R. Pues se pueden hacer muchas cosas. Para empezar yo propondría violar y pervertir el edificio. Y que la gestión cambiase. No hace falta buscar un director, por ejemplo. Hay proyectos colectivos muy interesantes, como Zemos. Para mí, ese espacio se debería gestionar desde la colectividad, hacer un espacio de creación, producción y arte colectivo.

P. Tampoco en esto sé yo si una estructura jerárquica y piramidal como la de la administración está preparada...

R. Yo les pediría que cambiasen. Que no sientan que los proyectos se les escapan de las manos por ceder espacios de libertad para gestionarlos. Esos errores del pasado como el C4 hay que gestionarlos con la imaginación del presente. Lo ideal es que busquen fórmulas nuevas, porque empecinarse en modelos del pasado que ya no van a volver es ahondar en el problema. Ese espacio se puede usar perfectamente si se dinamita desde dentro. Hablo metafóricamente...

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