Vaya trago, Rafa

Rafa Navarro, en el partido ante el Zaragoza | MADERO CUBERO

En la foto del descenso estará él. El Córdoba se irá con Rafa Navarro a Segunda B, la misma categoría de la que el club salió hace 20 años -se cumplen este próximo junio- con el de Ciudad Jardín como uno de los pilares en el terreno de juego. El fútbol da muchas vueltas. Algunas de ellas, diabólicas. Como la que ha hecho que precisamente ahora le haya tocado a Navarro ocupar el banquillo de una formación que ha escrito con puño firme su funesto destino desde el verano. Por entonces, Rafa Navarro era un seguidor más y un habitual en tertulias de los medios de comunicación. Unos meses después le encargaron -después de la purga de todos los empleados de la cuerda de Luis Oliver- que se hiciera cargo de la coordinación de la cantera. Un marronazo. Pero nada comparable a lo que llegó poco después. Le dijeron que si quería tomar las riendas del primer equipo, metido en puestos de descenso desde la jornada segunda y en el que habrían fracasado estrepitosamente José Ramón Sandoval y Curro Torres antes que él. Berges, que fue compañero suyo como jugador en la cantera blanquiverde y ahora ejerce de director deportivo, no tuvo que insistir demasiado. Rafa Navarro dijo que sí, cómo no. Y ha ocurrido esto.

El arranque tuvo su pizca de ilusión. Estuvo a punto de ganar al Málaga, pero... una pifia de Manzambi en los minutos finales hizo que los albiazules sacaran un empate de El Arcángel. Luego llegaron el desastre de Almendralejo (3-0), el de Elche (1-0)... Y lo peor, en El Arcángel. Las dos últimas citas han resultado un homenaje a la impotencia y a la falta de vergüenza: 0-4 ante el Lugo y 0-3 contra el Zaragoza. El balance en puntos es irrisorio: 6 de 27. En el mismo corte que Sandoval y Curro Torres. De revulsivo, nada. En nueve partidos con él al frente, el Córdoba ganó uno, empató tres y perdió cinco.

Rafa Navarro, un cordobesista de cuna -defendió el escudo desde que era alevín hasta llegar al primer equipo-, trató de motivar al vestuario con apelaciones al sentimiento de pertenencia a la hermandad blanquiverde, al orgullo de los colores, al respeto a la afición... Evidentemente, el mensaje no caló en absoluto en un grupo de profesionales impermeable a esas arengas sobre asuntos emocionales. Luego llegaron el coachíng y el “sí puedo”, los carteles y los vídeos con testimonios de superación... Mucha parafernalia para arropar a un equipo definitivamente destruido por circunstancias externas -los impagos- y su propia incapacidad para gestionar la presión de una clasificación horrorosa. Semana a semana, el Córdoba ha confirmado que no está en descenso desde hace 35 jornadas por casualidad.

Lo de los goles recibidos resulta tragicómico. En las últimas semanas se ha asentado en la portería el joven Marcos Lavín, que tiene contrato en vigor y se perfila como el guardameta del futuro blanquiverde. Desbancó a Carlos Abad, que desde el día del Extremadura (3-0 y una tarde aciaga) cayó en desgracia. Está cedido en el Córdoba por el Tenerife, que es el equipo que ahora mismo marca el límite de la permanencia. En lo que va de curso han jugado cuatro porteros: Stefanovic, Abad, Lavín y Alberto. El Córdoba ha recibido 70 goles, 17 más que el Nástic y 22 más que el Lugo, que son los equipos que le acompañan -además del Reus- en el grupo con destino a Segunda B a día de hoy.

“Cumplo el sueño de mi vida”, dijo Rafa Navarro cuando tomó el mando en el banquillo del Córdoba. “Está siendo una pesadilla”, declaró el pasado domingo en la sala de prensa de El Arcángel después de la enésima decepción ante el Zaragoza, con el estadio vacío y el equipo dando una imagen deplorable. El próximo fin de semana no hay partido y el Córdoba sumará los tres puntos ante el Reus. Navarro ha dado vacaciones a la plantilla, que luego regresará para cumplir los minutos de la basura en una mala película que ya tiene escrito el final. Quedarán cinco partidos más. Hasta junio. Una tortura.

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