La revolución serena de Grondona

Juan Ignacio Grondona posa con una medalla en el circuito del Parque Cruz Conde | PEDRO NARGÁNEZ

Su nombre se pronuncia a media voz, con secreta admiración y altas expectativas, en los corrillos del atletismo andaluz. Juan Ignacio Grondona Mérida (Córdoba, 1998) se ha afianzado como una de las figuras emergentes del mediofondo, una modalidad que en Córdoba tuvo referentes en el pasado como José Bueno o Javier Ramírez. Él reconoce el valor de sus antecesores, pero quiere construir su propio camino.

De momento, ha compuesto una hoja de servicios más que interesante. Tiene marcas de 8:39 en 3.000 metros, 3:56 en 1.500 y 1:56 en 800. Ha sido campeón de Andalucía varias temporadas en 1.500, 3.000 y 5.000, además de subcampeón nacional individual en 1.500 obstáculos.  En edad júnior quedó segundo de su edad en el Cross de Itálica y fue séptimo en el Campeonato de España y subcampeón del Andaluz de Cross. Con la entrada en promesas fue noveno en el Campeonato de España de Cross individual -y primer andaluz-, tercero en el Campeonato de Andalucía Universitario y décimo segundo en el nacional de campo a través. Ahora aborda los próximos desafios con objetivos sensatos, conectando metas para mejorar y acercarse al atleta que quiere ser. Las prisas las deja para cuando le aprieta el crono en la pista. El proyecto Grondona se cuece a fuego lento.

El fútbol perdió un lateral zurdo y el atletismo ganó un proyecto de futuro hace algo más de un decenio. Juan Ignacio militaba con sus amigos en el equipo del barrio, el Salvador Allende. Decidieron apuntarse a la carrera de Fátima. Él quedó segundo. “Mi madre empezó a llevarme los fines de semana en los que no había partido a pruebas de la ciudad. Corrí en el Zoco, Trinitarios, Salesianos...”, relata el joven, que a los diez años tomó una decisión. “En fútbol apenas jugaba y en atletismo destacaba. Mi madre me dijo: en las carreras vas a jugar siempre. Me enganché... y hasta ahora”.

En el Club de Atletismo Cordobés empezó a trabajar cada vez más en serio. Hacía 45 minutos de ida y otros tantos de vuelta en autobús desde su barrio hasta El Fontanar, para entrenarse varias veces a la semana. “Todas las temporadas he corrido, siempre compitiendo. En cadete empecé a hacer buenas carreras y subí el nivel de entrenamiento”, dice Grondona, quien resalta la dureza -física y mental- que exige el atletismo. “Te tiras cinco meses entrenando para bajar dos o tres segundos”, resalta.

La presente temporada está resultando crucial en la trayectoria de Grondona, en cuyo crecimiento deportivo desempeña un papel fundamental la figura de su entrenador, el gaditano Manuel Barea, que además de licenciado en INEF y fisioterapeuta es triatleta de competición. “Un apasionado de su trabajo, muy metódico”, dice el cordobés, que es estudiante de Ingeniería Eléctrica en la Politécnica de la UCO. “A las ocho o nueve entro a la Universidad y me llevo la mochila. Almuerzo allí y después entreno en las pistas. Regreso a casa a las nueve de la noche. Le dedico al atletismo entre dos y tres horas diarias”, explica Grondona, que lleva bien sus estudios “pese a que hay algunas asignaturas muy duras”.

En edad cadete, el mediofondista cordobés se colocó dentro del grupo más destacado en Andalucía. “Recuerdo mucho cuando hice mínima para el Campeonato de España en segundo año de cadete. Ese mismo año fui con la selección andaluza y quedé subcampeón de España individual”, rememora Grondona, quien también guarda entre sus mejores momentos “el cuarto puesto de España en 3.000 y la mínima de Mundial por la IAF, aunque no por la Federación” y también “el noveno puesto esta temporada en cross con la selección andaluza, que a este nivel es muy importante”.

Para Grondona, el atletismo cordobés puede tener un “relanzamiento” después de haber tenido “unos años flojitos”. “Estamos empezando a salir gente de la cantera. En mi club somos varios los que hemos acudido a Campeonatos de España y a ser finalistas, no solo para participar. Está habiendo gente nueva, muy motivada, que no se raja a las primeras de cambio”, cuenta el corredor de Fátima, quien expone una situación general que guarda similitud con otros deportes. “Existe hasta los 18-19 años una buena cantera, con un grupo de chavales que van a campeonatos nacionales, que compiten e incluso están capacitados para lograr medallas. Pero en cuanto entran a la Universidad, la mayoría se van a vivir fuera y casi todos se quitan. Se quedan dos o tres como mucho. Y esos son los que siguen toda la vida y hasta cogen cargos en el club. Luego suelen volver con treinta años a correr por gusto”, manifiesta.

¿Qué espera Grondona del atletismo? Su plan lo tiene claro: “Mi proyecto es llegar a la élite española. Yo creo que tengo cualidades, conocimientos y capacidad de sacrificio. Todavía me queda mucho margen de mejora. Yo no doblo entrenamientos y mucha gente que está en mi nivel sí lo hace. Si yo soy capaz de doblar también, puedo crecer mucho. Eso me motiva mucho. Sería el primer mediofondista cordobés que llegaría a la élite española”. Si le miras a los ojos cuando lo dice, te lo tienes que creer.

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