Razak y la extraña familia: por aquí no se pasa

Razak, guardameta del Córdoba | ÁLVARO CARMONA
Oltra encuentra estabilidad y resultados en una línea defensiva peculiar, remendada con veteranos y la repesca del meta ghanés

A Razak, hoy el portero de moda, lo echó el verano pasado cuando el equipo ascendió a Primera División. Por entonces no le servía. Ahora, la pantera de Accra es un héroe local. A Stankevicius, internacional lituano de extenso historial, lo reclutó a última hora para jugar, en principio, como central. Ahora es un lateral derecho fiable. Con el motor físico a mitad de revoluciones, pero efectivo por su oficio. A Domingo Cisma, el inquilino del flanco zurdo, terminó fichándolo después de varios años intentándolo. El sevillano siempre encontró un sitio mejor al que ir: ha estado ocho años seguidos en Primera. Ahora, con 33 años, dijo sí después de que le pusieran por delante un contrato hasta 2018.

Lo de Deivid es curioso. Fue el primer fichaje del Córdoba tras el ascenso a Primera: el canario era el central titular de la UD Las Palmas, el equipo al que el Córdoba había noqueado en el tiempo de descuento en uno de los finales más increíbles de la historia de la Liga Adelante. Terminó jugando poco y en un lugar distinto al esperado; le ubicaron como pivote por delante de la defensa. El ex canterano del Sevilla llegó a insinuar que estaba dispuesto a marcharse si aquí no le querían. Ahora es el capitán. A su lado tiene a Héctor Rodas, que vivió de manera tangencial el ascenso a Primera con el Betis y que se crió como profesional en el Levante al lado de legendarios stoppers como David Navarro o Sergio Ballesteros. Tardó en ponerse a punto, pero ya está ahí. El quinteto está fijado. Un portero y cuatro zagueros. Nadie los mueve del sitio.

“Y dicen que la defensa es mala...”, ironizaba en su última comparecencia ante los medios el presidente del Córdoba, Carlos González, a propósito de las críticas recibidas por una línea de atrás montada con demasiados contratiempos y de la que en su día se cayeron algunas primeras opciones de fichaje. Ahora, los datos avalan el trabajo de los que se quedan en la trinchera. En los últimos tres partidos, cero goles encajados y siete puntos sumados. De ellos, tres en La Romareda de Zaragoza y otro más, el último, en El Sadar de Pamplona. Dos recintos de buena reputación. “Ahora nos toca en casa”, dijo Razak ante los micrófonos después de su portentosa actuación ante Osasuna. El africano salvó a su equipo con intervenciones prodigiosas, confirmando que su vuelta fue un acierto. También generó dudas, como casi todas las operaciones de este Córdoba que permanentemente está bajo sospecha.

Otra lo está consiguiendo. “Todo lo que sea sumar es positivo”, dijo tras el punto arrancado en Pamplona. Con la defensa bien atornillada -Deivid, Rodas y Cisma han jugado todos los minutos de todos los partidos; Stanke sólo faltó a uno- y un portero definido, el Córdoba ha hecho de la conservación de su marco a cero un modo de vida. Ellos le ponen cara, pero la labor es colectiva. Las ayudas en las bandas a los laterales, con Nando y sobre todo Pedro Ríos, son vitales para la protección. El Córdoba va sumando y envía a sus vecinos un claro mensaje: marcarle gol es una odisea. Quizá no era la etiqueta que algunos deseaban, pero nadie puede dudar de que el plan funciona.

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