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Córdoba - Alavés en el Estadio El Arcángel | MADERO CUBERO
El Córdoba cae derrotado por quinta vez consecutiva en El Arcángel y evidencia su crisis ante el Alavés | Los de Oltra se alejan del ascenso directo y comprometen su posición de 'play off'

No se trata de jugar mejor o peor. Ni siquiera de ganar, empatar o perder. Lo del Córdoba ha entrado en una dimensión distinta. El grupo ha tomado un aspecto cadavérico en el peor de los momentos posibles. Su fútbol actual puede ser meritorio en muchos aspectos, pero parece fuera de duda que no es rentable. ¿Puede un equipo que bate sus peores marcas históricas en El Arcángel ascender a Primera? Hay que creer que sí porque esto es Segunda, porque es el Córdoba y porque el fútbol se sostiene por milagros. Y de esos se han visto algunos por aquí. La cuestión es si nos sentamos todos a rezar o se ponen remedios. Los que sea menester. No fueron los de Oltra una pandilla de jugadores a la deriva. Nada de eso. Hicieron un partido más que decente. Corrieron, estuvieron solidarios, lo intentaron por las bandas... Pero no fue suficiente. Lo hicieron mejor que en cualquier otra de las cinco ocasiones precedentes en casa. Pero el resultado fue el mismo.

En un duelo clave, el Córdoba perdió tres puntos -que se convierten en siete de desventaja real con el Alavés- y también se quedó sin el crédito de su afición, que animó con entusiasmo y se despidió con el corazón destrozado. Con 1-2 en el marcador y algunos minutos aún por jugarse, el personal emprendió la huida silenciosa de un escenario conocido por la fidelidad de sus moradores al equipo de sus desvelos. Pero todo tiene un límite. No hubo demasiadas protestas ni excesiva crueldad con un Córdoba que hizo todo lo que pudo. No le bastó. Los seguidores entendieron que no había que reclamar a quien no podía dar más. Ese mensaje puede ser más doloroso que la clásica banda sonora de la frustración. Fue un triste epílogo a un triste partido de un triste Córdoba, al que le quedan once partidos para recomponer su imagen como candidato. ¿Será posible? Oltra, al final, elogió el comportamiento del cordobesismo, que se movió entre la frustración y la piedad.

Parecía un duelo de superhéroes de capa caída. El Glorioso contra El Inmortal, por la célebre capacidad del Córdoba para revivir en las peores situaciones. Había dignidad y rabia contenida en la puesta en escena. Dos formaciones bajo sospecha, en mala racha y con dudas, se cruzaban en un partido especial en lo anímico. Quien perdiera iba a salir tocado, según advirtió José Luis Oltra, al que ahora le vienen horas complicadas. Su equipo pudo haber sacado algo más y seguramente lo mereció, pero cuando al Córdoba le vienen mal dadas parece que no hay términos medios. Su desgracia es absoluta. No es una banda en el campo y sale al frente con lo que tiene. Oltra apostó fuerte por Bijimine en el centro de la defensa, a pesar de la vuelta de Héctor Rodas. En la punta, como se podía prever, le tocó a Xisco la misión de abanderar una línea de vanguardia exigida hasta el límite por la ausencia de Florin, su referente. El Alavés parecía que se dejaba hacer, pero mantenía cierto control sobre la situación. Aguantaba, que era a lo que mayormente vino. Y el Córdoba ponía más intencion y buscaba, ante la ausencia de Florin, explotar las internadas por las bandas de Pedro Ríos y, sobre todo, Fidel Chaves. El onubense se asomó bastante, pero los alavesistas tenían claras las consignas y las piernas del extremo blanquiverde podrán dar fe de ello.

Todo fue sucediendo más o menos como se podía sospechar. A los treinta segundos hubo que parar el partido porque Xisco se retorcía en el área alavesista tras una dura entrada. El reparto de leña se inauguró pronto y Trujillo Suárez puso pronto fin a ese periodo de advertencias y parones contínuos. A los siete minutos le enseñó la tarjeta a Eddy tras una fea entrada en el centro del campo y unos segundos después la vio Barreiro. No sirvió de mucho porque el personal siguió empleándose con los dientes apretados y soltando piernas y codos en una coreografía canalla. Son los dos equipos más amonestados del campeonato y ofrecieron un amplio muestrario de razones en El Arcángel, donde se respiraba un aire extrañamente belicoso desde los prolegómenos. Los seguidores del Alavés entonaron cánticos mientras la afición coreaba el himno en los prolegómenos del partido, un agrio detalle que manchó un buen ambiente general.

El Alavés, con el sello Bordalás en estado puro, dejó en el primer tramo del partido la pelota al Córdoba. Para ver qué hacía. Y los blanquiverdes lo intentaron. Nadie podrá reprocharles ardor y compromiso, ingredientes fundamentales para competir. El fútbol exige, sin embargo, algo más. Sobre todo si se quiere ser candidato a subir a Primera y hacerlo, además, por la vía directa. No es que la Segunda División exija exquisiteces, pero sí algo más de contundencia o continuidad a la hora de crear juego de ataque. Con las interrupciones permanentes y las protestas desde la grada, la continuidad fue imposible. Por eso la ocasión más clara del Córdoba llegó con un futbolista del Alavés tirado en el césped. Bernardello se quejaba de una falta y hacía aspavientos mientras el Córdoba manejaba la pelota sin lanzarla fuera. Xisco remató al larguero de cabeza un buen centro y el rechace lo recogió Caballero, que disparó al palo. La doble oportunidad espoleó a la grada y logró elevar el espíritu de un Córdoba rabioso.

Cuando los albiazules se vieron seriamente apretados dieron un paso adelante. Tampoco es que se desmelenaran. Raúl García realizó el primer disparo a puerta en el minuto 27, pero su remate ni siquiera cogió trayectoria entre los tres palos y se fue alto ante la mirada de Falcón. El meta local tuvo su primera intervención en un tiro flojo de Manu, que cazó un buen servicio de Toquero. Una internada por la banda de Raúl García con centro al que llegó antes Falcón que Barreiro fue el último testimonio en ataque de un Alavés más preocupado de destruir los intentos del Córdoba que de otros menesteres. El Córdoba se fue al intermedio con la sensación de haber dejado escapar una oportunidad. Fue, efectivamente, una pelea de perros con mucho ladrido pero sin mordidas.

En el minuto 58 la tuvo clarísima el Córdoba. Abel Moreno entró impetuosamente por su banda, burló a su marcador y vio el cielo abierto: pegó un trallazo que salió ligeramente desviado. Lo malo del asunto es que Xisco iba en carrera dispuesto para remachar un pase que no fue. El balear se lo recriminó al joven compañero y el público aplaudió a todos. Lo que se veía en el campo no defraudaba a la hinchada, mucho más condescendiente que en ocasiones anteriores con los suyos. Pero aún tenía que llegar el peor trago. En el 61, el Córdoba vio cómo revivían sus fantasmas en un centro desde la izquierda que pasó por el área sin que nadie acertara a despejar. Toquero se lanzó a ras de hierba para batir a Falcón y prender la mecha en El Arcángel. La bomba estalló apenas unos segundos después. Xisco remató desde cerca un balón colgado y lo celebró con una furia inusitada. Levantó los brazos con energía mirando a la grada. El estadio era la caldera que todos esperaban. Cualquier desenlace era posible.

Ni el Córdoba ni el Alavés están bien, pero en esas circunstancias suele salir beneficiado el que menos tiene que arriesgar. Los blanquiverdes trataron, con su taras de siempre, irse arriba y los de Bordalás asustaron en las contras. Barreiro pudo marcar en un centro de Raúl García. Luego le llegó la ocasión a Bernardello, que aparte de provocar puñados de faltas estuvo en el sitio justo para remachar en la boca de gol un 1-2 que hundió al Córdoba. Aún quedaba tiempo y no se puede achacar a los cordobesistas que no lo intentaran, pero cada una de sus acciones iba marcada por la precipitación y el nervio descontrolado de quienes ven cómo se les escapa algo. Oltra tocó la corneta para retirar del campo a Stankevicius y meter a López Silva, en un arrebato final para remendar el descosido. Estuvo a punto de lograrlo en un remate de Jonathan Bijimine, que pegó un testarazo espectacular tras un centro Fidel. Pacheco voló para desviar a córner. Para entonces, la mitad del estadio ya estaba camino de casa. Entre los cambios, las faltitas y las pérdidas de tiempo, el Alavés conservó el marcador ante un Córdoba impotente. El reino fue profanado una vez más. El ascenso directo toma un aire utópico y la pelea por una plaza de play off comienza a ser la nueva obsesión.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 1: Falcón, Stankevicius (López Silva, 83’), Deivid, Bijimine, Abel Moreno, Luso, Eddy Silvestre (Raúl de Tomás, 75’), Caballero, Pedro Ríos (Nando, 71’), Fidel y Xisco.

ALAVES, 2: Pacheco, Raúl García, Laguardia, Juli, Barreiro, Sergio Mora (Borda, 84’), Pelegrín, Kiko Femenía (Dani Estrada, 57’), Bernardello, Manu y Toquero (Guichón, 76’).

ÁRBITRO: Daniel Trujillo Suárez (Comité Tinerfeño). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Eddy Silvestre, Luso, Caballero y al visitante Barreiro.

GOLES: 0-1 (61’) Toquero. 1-1 (63’) Xisco. 1-2 (70) Bernardello.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la trigésimo primera jornada del campeonato nacional de Liga Adelante, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 13.575 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los atentados de Bruselas.

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