Otro paisano en la trinchera rival: el regreso de Raíllo

El cordobés Raíllo atiende a los medios de comunicación.

Este viernes pisará un estadio que fue su hogar cuando militaba en el Córdoba B, a las órdenes de Pablo Villa, y aspiraba a ingresar en la primera plantilla blanquiverde algún día. Pero ese día no llegó. Antonio José Raíllo Arenas (Córdoba, 1991) es uno de los puntales de Fernando Vázquez en las alineaciones del Mallorca, un equipo con pinta de aspirante que lleva varios años sin dar la talla que se le presume. El cordobés ha jugado todo lo que le ha sido posible: once de los trece partidos de Liga. Diez de ellos, como titular. Sólo faltó en dos (Huesca y Levante) y fue por lesión. Recién recuperado, salió al final contra el Alcorcón. Y en los dos últimos, frente a Nástic y Zaragoza, de nuevo a escena para actuar los noventa minutos. Raíllo se ha atornillado al puesto de central junto a Héctor Yuste, con Joan Oriol en la banda izquierda y Edu Campabadal -un conocido de la afición blanquiverde, pues colaboró en el ascenso a Primera y en la temporada del Córdoba en la élite- en la derecha.

Para el defensa cordobés, la experiencia balear está resultando positiva en lo deportivo. Se ha afianzado en un equipo de renombre, que apostó por él con un contrato de tres temporadas firmado este verano, y su papel no está desentonando en absoluto dentro de un equipo que, por otra parte, no termina de alcanzar el punto competitivo que se le exige desde que descendió de Primera hace cuatro años. Raíllo, que este mes ha cumplido los 25 años, tiene como desafío convertirse en un nombre de rango dentro de la categoría de plata como paso previo a objetivos mayores. El año pasado fue un torbellino de emociones en este sentido. Llegó a debutar en Primera División -se midió al Barcelona de Messi en un derbi catalán- y terminó el curso a préstamo en la Sociedad Deportiva Ponferradina, donde padeció junto a sus compañeros un descenso a Segunda B. Su etapa blanquiazul terminó y el Mallorca le fichó en propiedad.

En Córdoba se abrirá la caja de los recuerdos para Raíllo, que pasó por las divisiones inferiores del Séneca, el Pozoblanco y el Betis B antes de retornar a casa para enrolarse en el Córdoba B, en Tercera División. De la hornada de canteranos de Pablo Villa tomaron la puerta unos cuantos después de haber dado un rendimiento notable. A Raíllo le salió una oferta del Espanyol y decidió hacer las maletas para enrolarse en el filial de Cornellá, donde estuvo 65 partidos oficiales y acabó convertido en capitán. En la primera plantilla llegó a actuar en cuatro ocasiones y fue cedido a la Ponferradina, sumando 16 partidos con el junto berciano. Este viernes, salvo sorpresa mayúscula, estará en El Arcángel tratando de evitar que salga del bache el equipo en el que un día aspiró a jugar. Como un soldado bermellón, un paisano en la trinchera enemiga.

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