El legado imborrable de Pepe Torrubia

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Hay un cordobés que será leyenda por siempre en el baloncesto melillense. Así lo han decidido los aficionados del Club Melilla Baloncesto, que han elegido a Pepe Torrubia como el jugador Greatest Of All Time (GOAT), es decir, el mejor de todos los tiempos de la entidad. Así se ha confirmado tras una extensa iniciativa puesta en marcha por el club del norte de África, en la que diversos nombres han ido superando eliminatorias a partir del voto de los participantes. El pívot cordobés, aunque melillense de adopción, se hizo con el primer puesto final, no sin antes dejar a su paso a históricos integrantes del equipo como Cedric Moore, al que superó en la final, Salva Arco, Troy DeVries o Taylor Coppenrath.

Desde muy pequeño, Torrubia vivió siempre el baloncesto alejado de su ciudad natal. Fue en su colegio donde comenzó a dar sus primeros botes, aunque el Joventud de Badalona captó pronto su atención. “Estuve en Badalona solamente una temporada, la de cadete de segundo año, y para mí fue algo increíble. No olvidaré nunca que quien me recibió fue Josep Maria Margall, que me regaló unas zapatillas. Entrenábamos técnica individual con Miquel Nolis”, cuenta él mismo en un artículo publicado por el periodista Javier Ortiz en la web de Endesa Basket Lover. Su impacto fue inmediato y regresó a Andalucía para jugar en la élite con el Caja de Ronda, donde compartió vestuario con jugadores de la talla de Ricky Brown o Joe Arlauckas.

En Málaga pasó cuatro años, y en la temporada 1991-92 salió cedido al Melilla, entonces en Primera B. Una primera parada que ya sería para siempre, pese a que hubo otros intermediarios en el camino. De hecho, Torrubia afirma que durante aquella primera experiencia en el cuadro melillense “conocí a la que sería mi mujer”. Entre 1992 y 1995 regresó a casa para jugar con el Cajasur Juventud, tras el cual pasaría por el Badajoz y el equipo portugués de Madeira, donde firmó una excelente campaña promediando 21 puntos y 13 rebotes. En 1998 afrontó su segunda etapa en Melilla, donde conquistó dos Copas Príncipe y se quedó a las puertas de ascender a la ACB. Se retiró de manera profesional en 2003, aunque años más tarde volvió a las canchas, pero ahora como amateur.

Desde entonces ha seguido vinculado al baloncesto, ya sea jugando en la liga local, desempeñando diversas funciones dentro del cuerpo técnico del club o más recientemente dirigiendo a conjuntos del Club Deportivo La Salle. Y ya siempre con Melilla presente. Un legado que ha dejado huella, y es que la vinculación entre el baloncesto cordobés y el melillense es innegable. De hecho, en esa misma iniciativa aparecían otros nombres ilustres del talento califa como Nacho Romero o Rafa Huertas. 

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