Íñigo López, la presencia fija en una revuelta continua

El central riojano es el único jugador de campo que ha actuado con el Córdoba en todos los minutos de los siete partidos de Liga | El meta Juan Carlos, el otro fijo de Ferrer

No se ha movido del sitio. A su alrededor han entrado y salido compañeros por los más variados motivos. Unos se han lesionado, otros han pagado el precio por un error y algunos han colmado de manera intermitente las exigencias del técnico, Albert Ferrer, que ha empleado siete equipos distintos en las siete primeras jornadas de Liga en Primera División. Y siempre estuvo en ellos Íñigo López (Logroño, 1982), una presencia fija en una formación que experimenta un perpetuo zarandeo. Seiscientos treinta minutos sobre el césped para un defensa clave en un equipo que no gana, pero empata mucho (cuatro veces) y no concede demasiadas oportunidades al contrario. Nadie le puede decir hasta ahora que no esté haciendo su trabajo.

Ha tenido como acompañantes en el centro de la retaguardia a Pantic, Iago Bouzón y Deivid. El serbio (473 minutos) ha sido el más habitual, aunque él se acopla a todos. Cuando ha mirado a la derecha se ha encontrado con Gunino o Campabadal; en la izquierda, con Crespo o Pinillos. Distintos componentes en la trinchera pero un mismo jefe, Íñigo, el fichaje más veterano de cuantos realizó este verano un Córdoba que metió sangre joven en la plantilla pero que no desdeñó la oportunidad de hacerse con uno de esos futbolistas que conocen bien el oficio y garantizan una buena prestación. Junto al guardameta Juan Carlos, el central riojano es el único que ha estado siempre de principio a fin en todos los partidos del Córdoba hasta ahora. No parece probable que la situación cambie.

El fichaje de Íñigo fue oficializado por el Córdoba el mismo día que el de Pantic. Antes había recalado en El Arcángel el canario Deivid -fue el primero en anunciarse, apenas unos días después del ascenso en Las Palmas-, pero el logroñés y el serbio han terminado componiendo la dupla más usada. López llegó en propiedad con un contrato de un año, renovable por objetivos. El futbolista procedía del Paok de Salónica griego, donde no llegó a cuajar después de unos cursos excelentes en el Granada. Logró con los nazaríes el salto a la élite siendo un puntal indiscutible y luego despachó dos campañas más a excelente nivel. En la Liga pasada fue cedido en el mercado de invierno al Celta, donde Luis Enrique le utilizó en nueve partidos. Luego volvió a Grecia con una idea en la cabeza: allí no tenía un buen porvenir y debía salir. Consideró al Córdoba, recién ascendido, un buen destino. Los blanquiverdes ya se habían interesado por él en invierno. Con 32 años, el retorno a la Liga española era un desafío más que atractivo. Y ahí está.

“El fútbol es intensidad y competir”, dijo cuando le presentaron en el Celta. “Lo normal es que el equipo sufra hasta el final. Si se logra el objetivo, como si es en el último minuto”, explicó en su puesta de largo en el Córdoba. A su edad, lo tiene claro. Sabe a lo que viene y lo que hay que hacer. Un tipo fiable, un profesional bregado que no se va a esconder. Valores que Ferrer considera prioritarios para el Córdoba, que tiene en Íñigo López una de sus grandes señas de identidad.

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