El futuro del Córdoba será algo más o menos así. ¿Os gusta?

Dani Espejo se lamenta ante el portero del Granada B FOTO: MADERO CUBERO
El filial blanquiverde vence al Granada B (2-1) ante una entrada récord en El Arcángel pero cae en su tentativa de ascenso a Segunda División B por el valor doble del gol nazarí

Gente sencilla, con ganas de progresar. Con voluntad y deseos de construir su porvenir desde las dificultades, sin pedir casi nada a los demás pero exigiéndose mucho a sí mismos. Futbolistas que lloran cuando pierden, que miran a las gradas y ven las caras de sus amigos observándoles con envidia y orgullo. Tipos que se agarran el escudo y lo besan mirando al tendido cuando las cosas les ruedan bien y que agarran por la solapa al compañero que no mete el pie con la suficiente intensidad. Cordobesistas jóvenes, pero con un buen puñado de años de servicio en la casa. Desde que eran niños, casi todos. Los que no han sido modelados en la Ciudad Deportiva recalan de otros clubes, rebotados o directamente rechazados, con rabia por demostrar que se equivocaron con ellos. Algunos lo consiguen.

Así, más o menos, será el futuro del Córdoba. Casi quince mil espectadores -superando el promedio de asistencia a los partidos del primer equipo- se emocionaron con la aventura del B y despidieron con aplausos a los suyos aunque no lograran el pase a la última eliminatoria de ascenso a Segunda B. No era su objetivo de la temporada, pero estuvieron a punto de lograrlo. Crearon su propia suerte a base de trabajo y tenacidad. Eso engancha más que marcarse un reto en las nubes para luego frustrarse por no llegar o, lo que es peor, tener que buscarse una buena batería de excusas o enemigos a los que señalar. El Córdoba B y su temporada han lanzado un mensaje que no conviene olvidar. Todo es mucho más sencillo de lo que puede parecer. El equipo de Pablo Villa cerró un ciclo y ahora cada cual tirará por su camino. Ahí queda lo hecho. Siempre se recordará a este grupo como el conjunto que rompió todas las barreras, que tuvo 75 seguidores en la infame Ciudad Deportiva y acabó con catorce mil y pico aplaudiéndoles en las gradas de El Arcángel. Se han ganado un sitio en la historia. Su futuro es, en buena parte, el futuro del Córdoba.

Los blanquiverdes respondieron a lo que se esperaba. Después de un arranque tenso, con todos los protagonistas atenazados por el miedo a cometer algún error, se entró en una dinámica de pelea en la que los locales llevaron el mayor peso. No tuvieron oportunidades de esas que ponen el nudo en la garganta a los seguidores, pero sí coleccionaron algunas situaciones interesantes que pudieron darle una ventaja mayor que el 1-0 con que se fueron al intermedio, después de un tanto de Juan Guerra. El Granada, muy cauto todo el partido, sacó provecho de una acción a balón parado. Sergio Martín, vital también en la ida, colocó un trallazo de falta lejos del alcance de Sillero y dibujó un marcador casi imposible para el B. Sin embargo, la fe en la victoria permaneció en unos jugadores que se enardecieron ante la magnitud del auditorio. Los aficionados jugaron su papel de un modo conmovedor, aportando un estímulo extra que se transformó en un clamor constante después de que Javi López marcara el 2-1. Faltaban siete minutos y un tiempo añadido que se avecinaba frenético. Apretaron los de Villa, agobiaron al meta Dimitrievski -al que seguramente no le habían dedicado tantos cánticos en su vida-, y rozaron el milagro. No ocurrió. Ovación sentida. Fin.

Y a partir de ahora, ¿qué? “Tengo una gran sensación de orgullo por estos jugadores, que han dado todo lo que tienen y más”, ha explicado Pablo Villa en la sala de prensa, donde no ha querido mencionar nada sobre su porvenir en el primer equipo. Todo está pactado, pero sin oficialidad. Él es el futuro del Córdoba. Un futuro que se escribe con humildad, recortes y mensajes que suenan raros en un escenario como el actual. Pronto escucharán o leerán que aquello del “equipo top” no era un sinónimo de contratar jugadores de renombre, con sueldos potentes, sino una forma de explicar que se buscan profesionales con altas expectativas personales y pocas exigencias económicas. Gente que se arriesgue, que quiera crecer con el Córdoba. Como estos chicos del B que se han dejado el alma en una temporada inolvidable y que a partir de ahora esperarán a que suene su teléfono para que alguien les diga que sí, joder, que vamos a ascender.

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