Un año de contrastes: el fútbol sala, equilibrio y crecimiento

Jugadores del Córdoba Patrimonio tras un partido en Vista Alegre

Más luces que sombras. La ambición no entiende de límites, pero el tiempo dirá que la temporada 2021-22 ha sido realmente satisfactoria en lo que al talento cordobés se refiere. Un curso de consolidación y crecimiento, sin perder de vista los objetivos principales y sin levantar en exceso los pies del suelo, más allá de lo que la realidad ha permitido soñar. Ese es el balance principal de una campaña en la que los principales conjuntos de la provincia han peleado hasta el final por los mayores desafíos a los que podían aspirar. Bien es cierto que ha habido algunos reveses inesperados, aunque el bagaje general deja una sensación de deber cumplido. Desde un Córdoba Patrimonio de la Humanidad capaz de “lo mejor y lo peor”, tal y como han asegurado algunos de sus protagonistas, y que completó una campaña de notable alto en la que peleó por cotas que no imaginaban antes de iniciar el curso, a un Beconet Bujalance que, un año más, se quedó a las puertas de pelear por el ascenso, o un Deportivo Córdoba que, pese a no cumplir su propósito real, sí que sigue edificando una base esperanzadora para creer en un futuro óptimo.

El Córdoba Patrimonio, a las puertas de un sueño

Nadie puede negar que la expectación era alta antes de iniciar la campaña 2021-22. El fichaje de Miguelín o la vuelta de Caio, además de la base que ya tenía el equipo con Zequi, Pablo del Moral, Perin y compañía, auguraba que Vista Alegre podía disfrutar mucho. Y así ha sido, incluso, con un rendimiento por encima de lo esperado. De hecho, desde la propia entidad se primaba el objetivo único e ineludible de alcanzar la permanencia como gran meta para el tercer año histórico del club en la Primera División. Mirar más adelante no entraba en los planes, salvo que el rendimiento sobre la cancha dijese lo contrario. Y desde un primer momento se demostró que el cuadro de Josan González estaba confeccionado para algo más grande que el simple hecho de buscar la salvación. Es más, el propio cierre brasileño admitió que su regreso se debía a la aspiración de acercarse a la pelea por los títulos. Poco se equivocó, ya que el Córdoba Patrimonio completó en un primer término una primera vuelta realmente positiva y en la que varias semanas estuvo entre los ocho primeros. Hasta el último momento tuvo opciones de entrar en la Copa de España, aunque falló en el momento decisivo.

Un duro golpe que, pese a todo, no afectó en demasía a la plantilla. El equipo siguió peleando y se hizo con resultados significativos, venciendo a rivales de la talla de Valdepeñas, ElPozo Murcia o Jaén, además de firmar las tablas con Jimbee Cartagena, Inter Movistar o Barça. Seis de los principales candidatos a todo en la LNFS y que permitieron certificar con holgura la salvación. No obstante, ese gran rendimiento se contrapuso con resultados adversos ante rivales de la parte baja como Manzanares, Xota o Zaragoza, los cuales le hicieron perder fuelle en la pugna por ese otro sueño que era clasificarse para el play off. Caer a las puertas de la Final Four de la Copa del Rey afectó, tras lo cual llegó una dinámica irregular, pero las opciones se mantuvieron hasta el final. Pelear y morir en la orilla. Una temporada para aprender de los errores y crecer. Un histórico undécimo lugar. Ambición para un futuro próspero en clave blanquiverde.

El Deportivo Córdoba, mirar al futuro en un curso irregular

La temporada no ha estado, seguramente, a la altura de lo esperado por parte del Deportivo Córdoba. El conjunto cajista sufrió el pasado verano una pequeña reconstrucción en su plantilla, perdiendo a piezas importantes en la que había sido la mejor temporada de la entidad en años. Eso sí, se mantuvo al bloque principal y se fijó el reto en, como mínimo, igualar lo conseguido la campaña anterior, es decir, estar entre los aspirantes al ascenso. Bien es cierto que el plantel de Juanma Cubero ha estado durante buena parte del año en la zona alta en el Grupo III de la Segunda División, cosechando resultados meritorios y no perdiendo fuelle en casi ningún momento con respecto a los principales aspirantes. Sin embargo, la irregularidad también ha acompañado al plantel cordobés que fue perdiendo potencial en las últimas semanas. De hecho, el equipo firmó tres derrotas en los últimos cuatro encuentros, que le hicieron despedirse definitivamente de ese deseado asalto al play off. Así, el resultado final es un séptimo lugar que deja una sensación agridulce.

La parte positiva es que el Deportivo Córdoba seguirá contando con un núcleo de jugadoras con experiencia en la categoría, a las que se van uniendo año tras año unas canteranas que apuntan cada vez más alto. Y es que el buen hacer en las bases de la entidad ha permitido confeccionar un futuro esperanzador, y del que se espera que pueda ser determinante en un plazo corto de tiempo, ya que el objetivo sigue siendo volver a la élite del fútbol femenino nacional.

El Bujalance, la rebeldía por bandera

El Beconet Bujalance se ha marcado entre ceja y ceja llegar a la Liga Nacional de Fútbol Sala y erigirse como uno de los grandes proyectos del fútbol sala cordobés y andaluz. Lo cierto es que nunca dejó de serlo, aunque en los últimos años vuelve a revivir la pasión en el Pepe Montalbán. El regreso del plantel rojillo a la Segunda B no ha sido solo de paso y como mero figurante, sino que los de Fermín Hidalgo se propusieron en todo momento ser aspirantes a lo máximo. Ya se quedaron cerca el pasado año, y éste no ha sido menos. Y es que Bujalance ha peleado con todo en una competición cargada de talento y con equipos del nivel del Imperial, el Zambu Pinatar o los filiales del ElPozo y Jaén. Palabras mayores en un grupo de enorme nivel y donde los cordobeses mantuvieron las opciones de play off prácticamente hasta última hora. Todo ello con una plantilla con marcado acento califa y que, incluso, puso en el foco de la élite a algún que otro jugador. Al final, un octavo lugar que no empaña una gran temporada para seguir creciendo.

Y de crecer sabe mucho el Córdoba Patrimonio de la Humanidad, que no solo ha saboreado las mieles del éxito con su primer equipo. El filial blanquiverde protagonizó una temporada sobresaliente y que se culminó con el ascenso a Segunda B, por lo que acompañará el próximo curso a los bujalanceños en la división de bronce. Un equipo joven y cargado de talento en el que varios de sus futbolistas ya saben lo que es jugar en Primera División.

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