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Retrato del tiempo, premonición del desastre

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Manuel J. Albert

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José Ramón Moreno exhibe en la Fundación Antonio Gala 'Ecos', una reflexión, a través de los espacios abandonados, sobre el cambio, la permanencia y las personas

Ocurrió antes de que todo se fuese al garete. Antes de que las ilusiones se quedasen a medio construir, los esqueletos de hormigón empezasen a poblar los montes y las grúas de acero olvidadas, a moverse al son de los vientos sin nadie que las guiase. Hoy, los lugares abandonados, los más recientes, los que están a medio construir y nunca se acabarán, son habituales en el paisaje. Pero en 2004 había que buscarlos. Y, a diferencia de la nueva generación que nos invade, los que existían entonces llevaban años abandonados: antiguos sanatorios, orfanatos, paradores y residencias...

El fotógrafo José Ramón Moreno lleva toda su vida prendado de aquellas atmósferas. Pero hace nueve años comenzó a visitarlas con su cámara, buscando lo que otros muchos artistas ansían: retratar el tiempo y su paso, además de las huellas de unos hombres que ya no están pero que dejaron parte de su presencia en forma de objetos extraños. “No sé por qué pero en estos sitios siempre hay un sofá y una zapatilla”, confiesa Moreno.

Residente en Zaragoza, José Ramón Moreno (La Rioja, 1967) recorre las carreteras de Aragón siguiendo un olfato muy desarrollado: el de las arquitecturas deshabitadas y abandonadas. “Hoy está muy de moda, se organizan incluso excursiones, pero cuando empecé estaba prácticamente solo”, explica. Es entonces, entre 2005 y 2008 cuando desarrolla con más impulso su proyecto de visitar estructuras desérticas y congelarlas en su cámara. No toca nada, no mueve nada, no interactúa. Entra en el lugar como si fuese un santuario. Retrata y se va. A través de los detalles imagina cómo pudieron ser aquellas habitaciones cuando estaban en pleno uso. Y constata la decrepitud en los perfiles dejados por los radiadores o los marcos de las puertas arrancados.

En su afán por tomarle el pulso al tiempo, Moreno dio una vuelta de tuerca a ese primer y enorme proyecto, ya bautizado como Deshabitaciones. Ocurrió en 2010, después de una exposición que no salió muy bien en Madrid. “A la vuelta, reconcomido un poco por la mala experiencia, me detuve en el parador abandonado de Santa María de Huerta, pegado a la Nacional II. Allí me monté una exposición para mí solo. Con un gran éxito de crítica, aunque no de público”, confiesa Moreno, mientras se ríe. Los importante es que Moreno comprobó que las fotos cambiaban, colgadas allí donde habían sido tomadas. Ahí nació el germen de Ecos, la muestra que se exhibe en la Fundación Antonio Gala dentro de la Bienal de Fotografía de Córdoba.

El resultado era muy interesante. El artista volvió a media docena de lugares abandonados a colgar o colocar sus fotos. Allí tomó instantáneas con las imágenes presentes. “Algunos han cambiado mucho. Otros, poco. Hay nuevos elementos o faltan”. Es el paso del tiempo. Si el espacio es el mismo que la foto enmarcada que aparece, estamos delante de un Eco. Si es un entorno diferente, estamos ante una Interferencia, Ecos e Interferencias pueden ser rastreados en la muestra de la Bienal de Córdoba.

A veces, José Ramón Moreno se pregunta si aquellas primera fotografías de habitáculos olvidados que tomó en 2004 fueron una premonición de lo que iba a pasar con España. No lo sabe. Pero lo cierto es que la realidad, en parte, le ha atropellado. Pero ha sabido adaptarse a ella. Así que, a pesar de que los espacios largamente abandonados empiezan a ser tapiados por los Ayuntamientos, cada día surgen nuevos campos de juego para Moreno en forma de promociones inmobiliarias desoladas e invasiones anárquicas de viviendas de protección oficial que jamás se terminarán. Son los protagonistas del nuevo proyecto de Moreno: Spanish bubble (Burbuja española). Pero esa es otra historia.

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