JUANFE PÉREZ BAJISTA FLAMENCO

“No creo que la revolución del flamenco venga por meter una guitarra eléctrica ni un sample”

El bajista Juanfe Pérez

A caballo entre Paco y Jaco. El sonido que extrae del bajo eléctrico el compositor, productor y bajista Juanfe Pérez (Villanueva de los Castillejos, Huelva, 1986) es uno de los más personales que ha dado el flamenco contemporáneo. Él dirá, claro, que no se puede ser original en el mundo del bajo flamenco después de Carles Benavent, pero lo cierto es que hay un cierto quorum entre los entendidos en que el enfoque de Pérez a las cuatro cuerdas es explosivo y único.

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El musicólogo Faustino Núñez define a Pérez como “un fuera de serie”, capaz de “aprovechar la expresión de la guitarra flamenca y ponerla al servicio del bajo eléctrico”. Entre Paco de Lucía y Jaco Pastorius habita la mirada del artista onubense, que lleva ya cinco años girando por el mundo con Rosario La Tremendita, y que aclara que el ingrediente clave de su toque con púa es otro: “Yo vengo del rock, yo vengo de Pantera y de Metallica y de esa cultura. Y eso se me nota en cualquier formato”.

“El rock es una energía y una actitud a la hora de tocar, que me sale siempre, toque lo que toque”, explica Pérez en una entrevista con Cordópolis. El músico está en Córdoba porque tiene que actuar con Olga Pericet, Premio Nacional de Danza, dentro de la programación paralela del Concurso Nacional de Arte Flamenco. Cuando llega se encuentra con Javier Rabadán, percusionista cartagenero, amigo y compañero de estudios, que se ríe cuando lo ve posar para las fotos.

El bajista, efectivamente, tiene actitud rockera. Viste vaqueros, sudadera y gorra de visera plana que posa sobre un cuerpo de baloncestista. Desde fuera, nadie diría que es el autor de uno de los mejores discos de flamenco de este año, Prohibido el toque, un LP en el que hace suya aquella frase de Godard: No importa de dónde sacas las cosas, lo importante es a dónde las llevas.

PREGUNTA. ¿Dirías que quién escuche este disco puede saber quién es Juanfe Pérez?

RESPUESTA. Yo creo que sí, que el disco representa bien quién es Juanfe Pérez. Porque como se abre a muchos sitios, da pinceladas de dónde está mi cabeza más allá del flamenco.

P. ¿Y dónde está tu cabeza?

R. Hombre, hay temas que son más tradicionales, como puede ser la soleá, y que parte de la raíz, pero no tiene límites. Pero en general diría que el disco tiene jazz, música de la india, hay rock... Luego tiene el pulso de la música en vivo, aunque se ha grabado en estudio. Y se han quedado muchas cosas fuera, como el caso del folclore latinoamericano o la música del norte de Marruecos.

P. Y por encima de todas esas influencias, ¿qué hay?

R. Es un disco un disco un poco friki en el sentido de que es un disco centrado en el bajo pero que parece que han entendido más los guitarristas.

Tiene su lógica. Pérez estudió guitarra clásica en el Conservatorio Profesional Javier Perianes de Huelva y luego se licenció en guitarra flamenca el Conservatorio Superior Rafael Orozco de Córdoba, tras una estancia estudiando World Music en Codarts (WMDC) Rotterdam, en el primer conservatorio europeo donde se comenzó a impartir flamenco, por cortesía de un cordobés, el guitarrista Paco Peña.

Los guitarristas flamencos son esquizofrénicos

Juanfe Pérez Compositor

Fue en los Países Bajos donde comenzó a montar sus propios números y donde también se dejó arrastrar por los métodos jazzeros. El bajo, con el que llevaba coqueteando desde que tenía bandas en su pueblo, se acabó imponiendo a la guitarra sin que le costara un disgusto.

“Yo en el bajo he encontrado sanación. Yo me he relajado mucho. El guitarrista flamenco vive obsesionado con la guitarra. Es normal, está a unos niveles desorbitados. Pero el bajo me ha servido para quitarme todas esas esquizofrenias. Todo tiene un doble filo: no compito con nadie porque hay muy pocos con los que te puedas medir y compararte, pero a la vez estás muy sólo”, señala Pérez, que ha reclutado en su primer trabajo a una imponente nómina de voces: Raúl Núñez, Rosario La Tremendita, El Mati, Eva Ruíz La Lebri, Ángeles Toledano, Rafa del Calli y Abir El Abed.

Puazo a puazo, el disco va de la bulería, a las alegrías, de la taranta a los cantes de trilla, del Martinete a la Soleá. Prohibido el toque está dedicado a uno de sus tíos. En la entrevista se acuerda de otro, cuyo toque flamenco sedujo al joven rockero que era Pérez en su adolescencia. “Viendo a mi tío tocar decía: cualquier rockero es un patata al lado de un guitarrista flamenco”, recuerda Pérez, que se lanzó a grabar el disco durante la pandemia.

“Tenía ganas de ponerme a hacer algo mío, pero no encontraba el hueco. Para grabar un disco te tienes que parar. Tienes que estarte quieto y pensar en lo que quieres hacer”, relata Pérez, consciente, además, de que para un bajista flamenco, sacar un disco es entrar en un territorio acotado. “Todo lo que toco, aparte de lo que le he robado a Carles, que es el padre de la criatura, me lo he tenido que guisar sólo. Por suerte conozco la guitarra, traduzco muchas cosas y me lo llevo al terreno del bajo”.

P. ¿Qué crees que define tu manera de abordar el bajo? 

R. Benavent se lo tuvo que inventar todo. Él buscó desde una manera y en una época concreta. Yo, desde el respeto, busco desde otra manera, más desde solista. Pero, en cualquier caso, Benavent es el único bajo que se escucha en los discos de flamenco. Cuando no está él, te tienes que apretar los auriculares para escucharlo. Es una frecuencia que está de fondo. Eso con él no pasa.

P. ¿Hay algún bajista internacional que tenga un toque flamenco, más allá de Pastorious?

R. Yo a Pastorius no lo puedo acribillar como lo acribillan otros bajistas, porque toco con púa. Yo prefiero digerirlo y traducirlo a mi manera. Pero sí, Pastorius tiene actitud y pulsación flamenca.

P. ¿Qué crees que ha aportado el jazz a tu paladar?

R. Yo no me considero jazzista por respeto. Y me he considerado un intruso en el bajo hasta hace poco. El salto al jazz es un salto al riesgo y al crecimiento. A mí lo que me atrae del jazz es que está muy vivo. Me gusta conocer sus códigos para poder tocar encima. El jazz me ha dado refinamiento y salvajismo. Es un laboratorio muy guapo poder tocar en contextos así, en los que nada está escrito. 

P. ¿Y en qué se parece el jazz al flamenco?

R. En cierta manera, un tablao es una jam session de flamenco. Lo que cambia es que no se sube alguien del público espontáneo, pero lo que está pasando no está montado. Todo es lenguaje puro.

Como lenguaje puro es 20 cigarritos pal pecho, la bulería que firma en su disco metiendo en nómina la trompeta de Enriquito, el piano de Alfonso Aroca, la batería de Borja Barrueca en un número de flamenco jazz. Un tema en el que también está Javier Rabadán, con quien estudió en el Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco, el primero de Andalucía que ofreció estudios públicos de flamenco, y de donde ha salido una de las mejores generaciones de músicos de las últimas décadas: Sergio de Lope, David Caro, Luis Medina o Cristian de Moret, entre muchos otros.

En este sentido, Pérez reconoce que lo mejor que le dio el conservatorio fue la posibilidad de conocer a sus compañeros. “De aquella generación, quien más y quién menos, está haciendo cosas. Y hay un buen rollo increíble”, señala el bajista, que se sitúa como defensor de los estudios de flamenco, aunque reconozca que necesitan una revisión.

En un conservatorio faltan horas de vuelo. Y para conseguir horas de vuelo hay que irse a un tablao,

Juanfe Pérez Compositor

P. ¿Por dónde empezarías a revisarlos?

R. Yo empezaría por crear unos estudios adecuados o más realistas a la realidad que se vive cuando sales de un conservatorio. Esto es una realidad: el itinerario de guitarra flamenca se ha copiado del de guitarra clásica. Vale, había que empezar de alguna manera. Pero dos horas a la semana de guitarra de acompañamiento al cante son claramente insuficientes, hay que echar muchas más.

P. ¿Para qué sirve, entonces?

R. En el conservatorio adquieres una minibase. Esto no es una crítica a los profesores, pero en un conservatorio faltan horas de vuelo. Y para conseguir horas de vuelo hay que irse a un tablao o irse con tu amigo el guitarrista o tu amigo el bailaor, que necesita que alguien le toque en un estudio. Eso no te lo dicen en el Conservatorio y tienes que ir a buscarlo.

Así, mientras hacía horas de vuelo y buscaba su sonido, Pérez se acabó subiendo a un avión en el que lleva casi seis años montado, el de Rosario La Tremendita, a quien no conoció en un tablao, sino a través de las redes sociales. “Le mandé un tiro estratégico cuando cogí un vídeo que ella había subido tocando la guitarra y me grabé tocando el bajo encima. Se lo mandé y a ella le encantó y quedamos y estuvimos en su estudio tocando”, recuerda de aquella tarde en la que los dos estuvieron compartiendo técnicas de bajo.

De aquel primer contacto hasta que se incorporó a la banda de la artista sevillana tuvo que pasar un tiempo. No llegó hasta que Pablo Martín-Caminero tiene que dejar el proyecto y su nombre volvió a ponerse sobre la mesa. “Entro como sustituto, hago un par de bolos. Y conecto muy guay con Rosario y con Pablo (Martin Jones). Y así llevamos ya cinco años”, explica.

Un lustro en el que se ha mudado a Madrid (“La gente te toma en serio si ven que te mudas a Madrid, piensan que tú te tomas en serio tu carrera al hacerlo”), en el que ha producido los discos Ser de Luz de Sergio de Lope y Mar de cobre, de Cristina Soler, ha compuesto música para espectáculos de danza de Olga Pericet, Rafaela Carrasco y dirigido y compuesto la música del espectáculo Comadres de la compañía Ana Pastrana.

En este sentido, Pérez se muestra totalmente partidario del uso de la tecnología aplicada al flamenco. “Claro que hay duende en el Cubase o el Reason -programas digitales de edición musical-. Hay muchísima creatividad. Se te pasan las horas y, si conectas, puede ser algo muy creativo”, señala el compositor que, en cualquier caso, advierte de que no cree que “la revolución del flamenco venga por meter una guitarra eléctrica ni un sample”.

PREGUNTA. Es evidente que el flamenco está ahora en un punto de reconocimiento alto, aunque yo no tengo claro que los oyentes de Rosalía o Tangana vayan a dar el salto a escuchar flamenco tradicional. La mayoría, desde luego, no lo hace.

RESPUESTA. Ojalá el triunfo de Rosalía o Tangana sirviera para que sus oyentes escuchen flamenco. A mí es lo que me gustaría. Yo creo que, mirándolo con perspectiva, estos fenómenos han ocurrido siempre. No es nada nuevo. Lo nuevo quizá es la estética. Pero ahí estaban Las Grecas, Los Chichos, Parrita. En los 90 el Omega, La Leyenda... Creo que son dos caminos que ni se hacen daño ni se tienen por qué pisar y van a coexistir. No creo que al flamenco tradicional le haga mal ninguno las nuevas fusiones, ni al revés. Porque, al mismo tiempo, están surgiendo voces como la de Israel Fernández o Ángeles Toledano que dicen: “Yo quiero hacer un disco de guitarra y cante”. O gente como Rosario La Tremendita o Rocío Márquez, que sencillamente quieren seguir experimentando desde la vivencia de haberse pasado ya la pantalla del flamenco tradicional.

P. La pregunta es cuánto hay de moda. Que hoy se escuche más flamenco y, al mismo tiempo, se cierren el Casa Patas o El Candela, y que discos como el tuyo tengan que salir autoproducidos, me lleva a pensar que las bases de este nuevo movimiento flamenco no son muy sólidas.

R. Hombre, es difícil que en un primer trabajo suene la flauta. Yo entiendo que nadie apueste por mí. Pero, que aún así le siga pasando esto a gente como La Tremendita, que tiene una trayectoria enorme y aún así el último disco se lo ha comido ella entero... Pues a lo mejor sí da para pensarlo.

No creo que al flamenco tradicional le haga mal ninguno las nuevas fusiones, ni al revés

Juanfe Pérez Compositor
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