El escritor que olió los pavos podridos y los rellenos apestosos

Rafael Chirbes, en Eutopía. | MADERO CUBERO
Rafael Chirbes, autor de la crónica de la corrupción inmobiliaria 'Crematorio' participa en Eutopía

Rafael Chirbes (Tavernes de Valldigna, Valencia, 1949) se asomó hace siete años al reverso tenebroso de la burbuja inmobiliaria. Crematorio (Anagrama) fue una novela que en cierto modo vaticinaba lo que estaba por llegar: el descubrimiento de la podredumbre que escondía el falso oropel. Un relato que se convirtió en una de las series españolas más ambiciosas de los últimos años, la primera producción propia de Canal Plus en España que buscaba emular en calidad e intensidad a los títulos salidos de la factoría estadounidenbse HBO. Chirbes, junto al productor de la serie, Fernando Bovaira, han participado en las denominadas jornadas Conversaciones&Tweets de la novena edición del Festival de la Creación Joven.

La serie fue una adaptación que varió elementos del original de Chirbes. “Una novela es una novela, el cine tiene otro lenguaje, otras cosas. El libro se apoya en la palabra y una serie se apoya en la imagen para dar cuerpo a los personajes”, comentaba esta noche el autor. “En la literatura, los personajes son muchos más plásticos porque van cambiando en tu cabeza de una forma que no tiene en el cine por la concreción que otorgan las imágenes”, prosiguió antes de entrar a las jornadas, celebradas en la Filmoteca.

Chirbes se sigue considerando el mismo escritor mediterráneo de siempre que ya despuntó con su primer título, Mimoun, que quedó finalista del premio Herralde en 1988. “Soy el mismo, pero más viejo, más pellejo y más malhumorado”, señala con ojos cansados y tímidos, poco amigos de hablar a la prensa. Unos ojos con los que analiza y disecciona una realidad que no ha mejorado desde que comenzó en la literatura y que, en su opinión, cada vez huele peor. “Porque el tiempo no mejora las cosas sino que las empeora. Para uno, personalmente; pero socialmente también yo creo que hemos ido a una especie de gran bluf en la que cada vez aparecen más pavos podridos y más rellenos apastesos”, soltó.

Poco ha cambiado el mundo de corrupción que fotografió hace siete años, en las primeras galeradas de Crematorio y siguió con su última novela, En la orilla (Anagrama, 2013). “Si acaso, ahora la gente ha puesto más el foco sobre eso [la corrupción] que en aquella época, cuando nos fijábamos en otras cosas”. Pero, en su opinión, las cosas no han cambiado. “En apariencia parece que hay más control, incluso de una manera que da un poco de miedo porque cada vez parece más que todos podemos ser culpables, cuando no es así. Los que han tenido el poder han sido unos y ya está”, advierte Chirbes.

El cronista de la España del pelotazo tampoco quiere que en la profunda recesión que vive el país se reproduzca el fenómeno vengativo de la Revolución Francesa en el que se convertía en una morbosa rutina el ver cabezas rodar y preguntarse quién será el mpróximo. “Ese es un camino que hay que tomar con mucho cuidado porque se puede terminar echando al niño al agua sucia”, avisa. “Yo no quiero que se pierdan las libertades ni la intimidad. Veo que se reproducen conversaciones en los medios de comunicación que tal vez sirvan para un juicio pero que hablan de cosas privadas que están metidas en medio. Todo eso me da miedo porque el poder cuanto más sabe, más te asfixia”, termina.

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