Hacer de la disciplina un arte: el duende del caballo andaluz

Imagen del espectáculo en Caballerizas Reales | TONI BLANCO
Anoche fue el último pase del espectáculo 'La música y el caballo andaluz' en Caballerizas Reales, iniciativa que, durante este fin de semana, ha marcado un hito para el mundo ecuestre

' Fuerza, elegancia o disciplina son algunos de los términos que se usarían para definir lo que la ciudad de Córdoba ha sentido con la danza de caballos al son de la Orquesta Sinfónica. Pero, sin duda, éste es uno de esos espectáculos para el que toda descripción se queda corta. No es la primera vez que caballo y música se fusionan al ritmo de los acordes, pero hacerlo cuando suena en directo, y con la calidad de la Orquesta de Córdoba, ya representa un hito único.

Las luces, los instrumentos afinándose y el relincho de los pura raza creaban un ambiente singular, que más que mero preparativo, parecía ser todo un ritual. Con esta esfera, el público se iba acomodando en sus asientos, inquieto por formar parte de un hecho histórico, único en nuestro país por tu tamaño y ejecución. La música y el caballo andaluz es el título de un espectáculo en el que la Orquesta Sinfónica de Córdoba ha hecho bailar a los 36 caballos de Caballerizas. Y bailaron. Bailaron junto a los acordes de violines, violoncellos, clarinetes o trombones, pero también lo hicieron al son de las palmas de los más de 1.200 espectadores que acudieron al evento. La formación sinfónica, dirigida por Lorenzo Ramos, puso en vivo la banda sonora de un montaje en el que el protagonismo estaba repartido de forma equitativa.

Se dice que en la equitación solo hay cabida para dos cosas: la técnica y el corazón. Anoche, en el último pase del espectáculo, se hizo patente esta afirmación. El caballo devolvió, una vez más, la condición de capitalidad cultural ecuestre abanderada por Córdoba. Las Caballerizas volvieron a llenarse y los equinos desplegaron toda su belleza sobre la pista, con unos movimientos tan perfectos que parecían flotar.

A través de piezas propias de la música clásica, los caballos de Córdoba Ecuestre y sus jinetes ofrecieron un espectáculo sublime ante un público asombrado, que valoró el esfuerzo y las horas de ensayo para que esta producción se hiciera realidad en la huerta de Caballerizas. Sin duda, una representación creada por y para el deleite de todos los amantes de la música, de los caballos y, cómo no, de los grandes espectáculos.

Un total de ocho jinetes, 36 caballos y cuatro coches del Club de Carruajes de Tradición se pusieron en las manos de los 52 músicos componentes de esta Orquesta, que interpretaron piezas de Bretón, Chapí, Giménez, Chueca, de la Carmen de Bizet y Strauss padre e hijo, en memoria de la Escuela Española de Equitación de Viena. Sin duda, una iniciativa que ha conseguido hacer de la disciplina un arte, apostando por el turismo cordobés al combinar dos polos muy importantes: la melodía sinfónica y el arte propio del caballo andaluz.

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