La Xylella avanza a pesar de las talas masivas ordenadas por la Comisión Europea

Jornaleras en un olivar | MADERO CUBERO

La Xylella fastidiosa, la bacteria que ataca a árboles leñosos como los olivos, los almendros y los cítricos, avanza mortalmente. La enfermedad tapona los vasos por los que circula la savia colapsándolos hasta matar a la planta. El mal no tiene cura y solo se puede frenar talando de forma radical. La Unión Europea ha decretado que por cada ejemplar enfermo se elimine la vida vegetal en 100 metros a la redonda. A pesar de ello, la Xylella se extiende por la Península Ibérica desde que a finales de junio se detectase el primer foco en Alicante.

Y el panorama no deja de oscrurecerse. Un informe de la Comisión Europea avanzó hace unos días que el 26 de julio se detectó un segundo brote en la misma provincia valenciana. Las talas no parecen frenar a la bacteria y las voces en contra de este sistema de erradicación empiezan a levantarse entre los agricultores que ven peligrar sus explotaciones.

Si la enfermedad sigue avanzando hacia el sur por España, las mismas escenas de árboles arrancados y protestas podrían darse en Córdoba. Pero en paisajes como los de las Subbética, cubiertos por mares de olivos, la situación podría ser catastrófica ya que la aceituna y sus derivados suponen la base económica de la región. No obstante, en Córdoba la patronal agraria Asaja pide calma, a pesar del clima de preocupación entre los olivareros.

También la Junta ha transmitido “un mensaje de tranquilidad”, ya que Andalucía mantiene su estatus sanitario al no haberse detectado ningún caso en el territorio. Aún así, desde la Junta se van a extremar las medidas ya contempladas en la Estrategia contra la Xylella, aprobada en 2015. Entre las acciones a poner en marcha,la Consejería de Agricultura ha resaltado el refuerzo de la vigilancia y el establecimiento de un protocolo de actuación ante posibles avisos.

Mientras tanto, en Alicante ya sufren la política de talas. Y con ella, las primeras protestas. La patronal agraria Asaja advierte que tomar al pie de la letra lo que dicta Europa supondría deforestar al completo la Marina Baixa. Y todo, porque según sus técnicos la bacteria ya se ha extendido por otros 30 focos en la misma zona, aunque este extremo todavía no han sido confirmado por la Generalitat.

En cualquier caso, los antecedentes no son buenos. Esas mismas protestas -y la tibieza que provocó en la actuación de las administraciones- propiciaron que la Xylella se expandiese rápidamente por el sur de Italia hace cuatro años. En la región de Apulia, la enfermedad es prácticamente endémica desde 2013 y ha causado ingentes daños, sobre todo, en olivares de la zona. El Mediterráneo fue también la vía de entrada de la enfermedad en Francia, a través de Córcega. Alemania es otro país que está siendo vigilado por la Comisión Europea tras los focos encontrados en un pequeño invernadero de Sajonia.

Para España, la Comisión Europea dibuja un panorama mucho más oscuro. La enfermedad apareció en 2015 en Mallorca. A pesar de las medidas adoptadas por el Gobierno balear, la expansión ha progresado al mismo ritmo que avanzaba la investigación para evaluar su impacto en el territorio. De esta forma, a medida que se talaban ejemplares de almendros u olivos enfermos, se detectaban nuevos casos. El informe de la Comisión también deja caer que estas medidas de control no se adoptaron con toda la diligencia necesaria, sobre todo en los primeros estadios de la epidemia en el archipiélago. En todo caso, la Comisión reconoce que el impacto y la agresividad del brote despistó a las autoridades que no supieron medir las dimensiones exactas del mismo. Actualmente, se calcula que deben arrasarse al menos 1.000 hectárea de árboles infectados, la mitad de ellos en la isla de Mallorca.

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