Sálvame: Al rescate de perros en el corredor de la muerte

Componentes de la Asociación Protectora Siempre a tu lado, con uno de los animales rescatados. FOTO: MADERO CUBERO
La Asociación “Siempre a tu lado” sueña con un terreno para construir un albergue que salve la vida a cientos de animales abandonados y maltratados en Córdoba

No es ciudad para perros sin hogar. Córdoba es mal sitio para ser un animal perdido, una mascota que un buen día dejó de caer en gracia a sus dueños, se hizo mayor o enfermó. Puedes acabar ardiendo en cualquier descampado ante las risas y aplausos de chavales con los sentimientos atrofiados. O colgando de un árbol. O deambulando por una carretera, medio ciego por el hambre y la sed, en vísperas de ser destripado por un vehículo cualquiera. O envenenado. O sirviendo de sparring en una pelea con apuestas. O siendo víctima de una última y abominable moda: la violación. Hay prostíbulos que ofrecen ese servicio a sus clientes más depravados. Esto ocurre aquí, en Córdoba, uno de los peores lugares que el destino podría reservar a un animal fuera de control. Los episodios de crueldad extrema se encadenan en una espiral repugnante. Y qué más da. No pasa nada. Muchos vuelven los ojos hacia otro lado. Otros -lo que es aún peor- miran la escena sin que nada de esto les parezca raro. Son sólo animales. Triste y real. Una situación aberrante, reveladora de una moral podrida, que goza de una inconcebible tolerancia social. Más arraigada cuanto más al sur. Así son las cosas.

“No hay leyes que amparen a los animales en este país”, afirma con convencimiento, y con un dolor perceptible en cada uno de sus gestos, Isabel del Prado. Francesa de nacimiento, lleva 17 años residiendo en Córdoba y es la presidenta de la Asociación Protectora de Animales y Plantas “Siempre a tu lado”. Llevan poco más de un año funcionando y son la sexta asociación de esta naturaleza que existe en Córdoba. No dan abasto. “El día no tiene suficientes horas para llevar a cabo esta labor, no paran de surgir casos. Todo esto nos exige una entrega absoluta y aún así no conseguimos llegar a todos los que nos gustaría”, explica Isabel, que lidera un grupo de “rescatadores” mayoritariamente femenino -un sello común en todas las asociaciones- cuyo fin último se reduce a algo muy simple: “Salvar vidas”. Sus móviles no dejan de recibir llamadas y mensajes. “Y esta época, el verano, es la peor”, coinciden.

“Recogemos animales en muy malas condiciones y les buscamos una adopción. Luchamos por ellos porque creemos que ése es nuestro deber. Ellos no tienen voz, no tienen cómo defenderse. Reciben maltrato y devuelven cariño. Nos dan una lección siempre”, dice la presidenta de una asociación que nace porque “me chocó tanto lo que vi cuando llegué a España, la crueldad que aquí existe contra los animales y la falta de un marco legal para defenderlos, que me puse a hacer lo que me dictaban mis sentimientos y mi forma de ver la vida. Es gratificante, tienes una recompensa personal, pero siempre te queda el dolor y la frustración de no poder llegar a más”.

“Nos dicen que estamos locas. Me da lo mismo. Si estar loca es salvar vidas, me gusta ser loca”, apunta Priscila, una de las piezas más activas de la asociación. Se ha dejado literalmente el pellejo en algunos rescates, en los que ha reafirmado su compromiso con los seres vivos. “No puedo aguantar ver cómo se maltrata a los animales, cómo se les desprecia como si fueran cosas de usar y tirar. Hay que cambiar muchas cosas en ese aspecto porque muy mal vamos si no sabemos respetar la vida ni la naturaleza”, afirma esta activista, quien tiene muy claro que “todo se reduce a una cuestión de cultura y educación”. “En este país se aplaude la tortura de los animales, se ve como normal el matar perros y gatos de las formas más crueles, y no existe ninguna ley que les ampare. Denuncias casos a las autoridades y no hacen absolutamente nada: ni te hacen caso ni se soluciona nada”, expone con una mezcla de frustración y rabia.

“No nos van a parar, seguiremos adelante por encima de todo”, dice Priscila, que recuerda un caso singular “en el mismísimo casco histórico de Córdoba”. “Siempre me acordaré de India, una podenca andaluza a la que su dueño tenía en un patio, sin comer ni beber, llena de garrapatas y prácticamente agonizando a la vista de todo el mundo, que contemplaba día a dia cómo se iba muriendo. Algunos vecinos sentían pena y le lanzaban algunas sobras de comida, pero luego cerraban rápidamente la ventana porque entraban las garrapatas. Y al dueño nadie le decía nada de lo que estaba haciendo. Eso es lo que realmente duele. Ver cómo sufren los animales y nadie hace nada, lo ven normal. Como el animal es de otro, creen que tiene derecho a hacerle lo que quiera. Y no es así”, relata. A India la rescataron. Como a otros muchos.

En lo que va de año, la Asociación Protectora de Animales y Plantas “Siempre a tu lado” ha conseguido rescatar a 55 perros cordobeses y encontrarles una familia de adopción. ¿Su destino? Francia, Bélgica, Suiza... Sólo tres acabaron en España: uno en Toledo, otro en Barcelona y otro en el País Vasco. “En otros lugares tienen más sensibilidad hacia este tema, otra educación distinta. El problema está en la raíz. Se debe educar a los niños en el amor y el respeto a los animales y a la naturaleza”, dice Priscila. “Ya no son chuchos callejeros lo que nos encontramos. Son perros de raza, con pedigrí, que un día fueron comprados por 800 o mil euros. Caprichos de un día que terminan tirados en la calle”, expone Isabel, la presidenta, quien describe su sueño con sencillez: “Nos gustaría disponer de un terreno para construir un albergue. Nosotros no podemos tener más animales y hay que enviarlos a Sevilla, donde nos cuesta 90 euros al mes mantener a un perro alojado”.

Mientras eso llega, siguen su lucha. Salvando a todos los animales que pueden, que no son todos. Cada año se abandonan 300.000 perros en España, de los que 50.000 son de caza, la mayoría galgos. Su final suele ser dramático. “Los cuelgan, les pegan un tiro, los tiran a un pozo... Hasta los queman”, dice Isabel, quien se siente plena cuando consigue una familia de adopción para uno de los canes a los que el destino mantiene en el corredor de la muerte. La estrategia es similar en todos los casos. Se recupera la salud del perro, ya venga de una perrera o haya sido recogido de la calle; se le hacen fotos y se cuenta su historia en la web de la asociación (www.siempreatulado.org) y también a través de las redes sociales, con las que interactúan con los interesados. Después se hace un seguimiento del animal. Hay perros que consiguen salir del infierno. Peor parados salen los gatos. “Los grandes olvidados”, según cuenta Priscila. “Un gato abandonado es un condenado a muerte por las calles”, manifiesta con indignación una joven de 25 años que confiesa “una particular debilidad por los felinos”. Hace todo lo que puede, que es mucho. Pero le gustaría llegar a más. “Sientes que es tu deber estar al lado de aquellos que no pueden defenderse, que no tienen ni voz ni leyes que les amparen. Son vidas”, manifiesta con la mirada encendida. Priscila está loca. Como Isabel. O como Palmira y Mari Carmen. Los cuerdos son los que arrojan a cachorros vivos a un contenedor de basura o los que ahorcan a los galgos en los árboles, ¿verdad?

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