El obispo sobre Castillejo: “Ha dejado una huella de bien”

Amigos y familiares despidieron a Miguel Castillejo en la Mezquita-Catedral | MADERO CUBERO
Cientos de personas acuden a despedir al expresidente de Cajasur en el funeral oficiado por Demetrio Fernández en la Mezquita Catedral de Córdoba

Funeral de Miguel Castillejo. Cinco y media de la tarde. El féretro del sacerdote y expresidente de Cajasur, fallecido este miércoles, llega con puntualidad a la puerta de la Mezquita Catedral. Allí le espera el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, con la veintena de canónigos que componen el Cabildo. A la izquierda del obispo, flanqueando al féretro, Juan Moreno, sucesor de Castillejo al frente de la caja de ahorros. Tras él, algunos de los canónigos que acompañaron al difunto en la dirección de la entidad financiera en su tiempo de máxima expansión. Antes de que obligasen a Castillejo a jubilarse, merced a un acuerdo con la Junta. Antes de la crisis. Antes de su ruina económica. Antes de su expropiación. Antes de su venta a BBK.

Pero de nada de eso se ha hablado en la ceremonia. Ni tampoco en los pasillos ni en los corrillos que congregaron a representantes de una época que, en buena medida, ya es pasado. Ahí estaban

empresarios del ladrillo que se financiaron con los favorables créditos de Cajasur, como Sánchez Ramade o Rafael Gómez Sandokán. Estuvieron políticos con los que tuvo contacto, como el exalcalde de Córdoba, José Antonio Nieto (PP). Aunque faltaron otros con los que tuvo mucho más contacto, como la exalcaldesa y actual consejera de Cultura, Rosa Aguilar.

La mayoría de los concejales del PP no faltaron a la cita. Ni tampoco el subdelegado del Gobierno, Juan José Primo Jurado, que trabajó en el Archivo del Palacio de Viana cuando el histórico inmueble era usado por Cajasur casi como una segunda casa. Y solo un representante del PSOE se ha dejado ver: el delegado de Cultura, Francisco Alcalde, expresidente de la Agrupación de Cofradías e integrado en Cajasur, con un contacto más que cercano a Castillejo. Pero nadie del actual equipo de Gobierno municipal, conformado por PSOE e IU, ha estado allí. Ni siquiera David Luque, de todos ellos, el más cercano al mundo de las cofradías y, por ende, al de la Iglesia.

No. En el funeral no se habló de nada de aquello que más molestaba al expresidente de Cajasur: los derroteros postreros de la caja; su propia gestión o la que vino luego. El foco siempre ha sido positivo. "Él ha dado de comer a mucha gente; un trabajo digno; una vivienda digna. Ha contribuido al desarrollo económico y cultural de Córdoba. Ciertamente es un personaje histórico en el cual se ha ido tejiendo la historia de Córdoba en las últimas décadas del siglo XX y XXI", ha señalado el obispo.

"En sus 30 años al frente de Cajasur, la hizo crecer de una manera asombrosa, incluso para los hombres que viven en ese mundo de la banca y de los negocios. Ellos admiraron cómo un hombre de esta capacidad pudo hacer lo que llegó a conseguir", ha proseguido el responsable de la Diócesis. "Yo le conocí jubilado pero aún con energía, era un hombre con carácter y un hombre que ha dejado huella, una huella de bien en la ciudad de Córdoba y en la sociedad cordobesa".

Una huella que todavía perdura en Rafael Gómez. Sandokán, ya en el Patio de los Naranjos y al acabar la ceremonia, ha afirmado a un grupo de peiodistas: "Hace una semana tuve el impulso de llamarle por teléfono y de decirle, don Miguel, te quiero; y mi familia también; que te queremos. Al final no lo hice pero os lo digo ahora a vosotros". Gómez construyó buena parte de su imperio -también oficialmente derrumbado- gracias a los créditos de don Miguel. Pero eso fue antes de que Gómez se viese inmerso en el caso Malaya de corrupción urbanística de Marbella. Antes de su condena por cohecho. Antes de su entrada en política. Antes de su salida de la política. Y antes de que se conociese su procesamiento por adeudar millones a la Seguridad Social.

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