Montemayor: tras los pasos de César de la mano de la arqueología

Montemayor es | FERNANDO HERMOSO

Conocida coloquialmente como el Mirador de la Campilla, el municipio de Montemayor se sitúa a 30 kilómetros al sur de Córdoba, una posición privilegiada que le permite estar en contacto directo con todas las provincias limítrofes a Córdoba. Montemayor se identifica tradicionalmente con la ciudad iberorromana de Ulia, una importante ciudad amurallada que durante la ocupación romana se convirtió en refugio para los conflictos y los enfrentamientos. A este paso de la historia rinde homenaje el Museo Arqueológico de Ulia, creado por el Obispado de Córdoba con fondos procedentes de hallazgos producidos en el término de Montemayor y que fueron reunidos por el párroco del pueblo, Pablo Moyano, desde los años setenta.

Además de las colecciones del párroco, el Museo de Ulia también cuenta con la propia del Ayuntamiento, configurada a partir de donaciones desinteresadas de los vecinos de Montemayor. La primera sala del museo es una verdadera evolución histórica desde la Prehistoria hasta la fundación del municipio y en la que se encuentran restos de todo tipo, desde esculturas romanas, utensilios más antiguos hasta otros más trabajados, como son las puntas de flecha de sílex.

La segunda sala está centrada en el mundo rural aunque reserva dos apartados para la economía y el mundo funerario, tan importantes para este municipio. Los materiales recuperados proceden de dos yacimientos muy cercanos al pueblo: El Cañuelo y La Zargadilla, que evidencian lo que pudo ser la ubicación de las villas suburbanas de propietarios muy adinerados.

Mientras que este museo va atesorando todo lo que el suelo de Montemayor va dejando al descubierto, el consistorio montemayorense también se afana en trabajar para ir desentrañando su historia. Este el caso del Castillo de Dos Hermanas, una de las 27 fortalezas entregadas por los musulmanes a Fernando III tras la conquista de Córdoba. De época medieval y árabe, este castillo se encuentra situado a siete kilómetros del casco urbano de Montemayor y desde hace tres años es propiedad del municipio con el objetivo de conocer qué esconden estos restos.

Para ello, el Ayuntamiento llevó a cabo una excavación arqueológica -dirigida por el arquitecto José Manuel Reyes Alcalá- entre los meses de febrero y marzo de 2019 que dio excelentes resultados. Los intensos trabajos realizados sacaron a la luz los pesebres de las cuadras que poseía el castillo, una muralla de época árabe y medieval y, en los alrededores de la fortaleza, apareció un callejón en recodo con muros de época romana. Durante el próximo año, el municipio espera continuar con los trabajos de excavación en la muralla noroeste del castillo para descubrir toda una zona que se encuentra sepultada por la tierra depositada a lo largo de los siglos.

Sin embargo, el hallazgo del carro ceremonial íbero en octubre de 2018 ha hecho que todo Montemayor se haya revolucionado aún más en torno a la arqueología. Y no es para menos. Los trabajos de excavación empezaron en septiembre del pasado año y lo que buscaba el equipo de investigación -bajo la dirección de campo del doctor Javier Moralejo Ordax- era conocer cómo las tropas de Pompeyo habían asediado a la ciudad romana de Ulia. Pero los trabajos sacaron a la luz este carro, anterior a la época que estaba estudiando este equipo de investigadores en el marco de un Proyecto de Investigación de Excelencia de I+D-i (Ministerio de Ciencia e Innovación) dirigido por el profesor Fernando Quesada Sanz, director del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UAM.

Además de las cuatro ruedas del carro aparecieron importantes restos de bronce, como anillas, pasarriendas del carro, y las cubiertas del yugo. Igualmente, se obtuvieron elementos de hierro del timón, así como dos bocados de caballo en hierro de tipo ibérico y varias decenas de proyectiles de honda en plomo, proyectiles de artillería romanos en forma de pesados virotes de hierro, puntas de flecha, clavos de botas militares romanas, monedas romanas e indígenas de la zona y otros cientos de objetos.

Una vez desenterrados todos estos objetos fueron trasladados a un centro del que se prefiere reservar el anonimato por el bien de las piezas. Allí, el equipo de restauración de Ana Infante de la Torre se afana en limpiarlos y adecuarlos para su futura exposición. Actualmente, los cuatro restauradores están trabajando sobre las ruedas del carro después de haber limpiado y tratado las piezas pequeñas halladas. Las previsiones son que a finales de diciembre el carro íbero se encuentre en perfectas condiciones para ser expuesto en una nueva sala del museo del municipio, que se denominará La sala Íbera del Museo de Ulia, en la que la única pieza será el carro.

Con todas las miras puestas en este increíble hallazgo, los vecinos de Montemayor ven cómo su pueblo va fortaleciendo su identidad a través de un relato que, aunque escaso en palabras, se conforma gracias a tesoros que rescatados bajo tierra y que aún duermen en el subsuelo.

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20 de octubre de 2019 - 08:00 h
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