La grieta que amenaza Benamejí vuelve a moverse

FOTO: CORDOPOLIS
Las alarmas se han disparado después de que un estudio detecte que el barranco sobre el que se levanta el pueblo se haya movido 1,5 centímetros

La grieta que amenaza a todo el pueblo de Benamejí se ha vuelto a mover. El pueblo se levanta sobre un enorme barranco que le ofrece una de las vistas más privilegiadas de la provincia de Córdoba pero también de las más inquietantes. Unos 175 metros más abajo de Benamejí serpentea, en su garganta, el río Genil. Cuando va crecido, erosiona las paredes de esta inmensa garganta y hace que la grieta que amenaza al pueblo se mueva. Un estudio, firmado el pasado mes de abril, asegura que la grieta se ha movido 1,5 centímetros. Y esto ha disparado todas las alarmas.

Hace semanas, el portavoz del equipo de gobierno de la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite, visitó el pueblo y se reunió con su alcalde, José Ropero. Prometió ayuda urgente para intentar frenar el movimiento natural de la grieta, que de una forma semielíptica se adentra en el pueblo. En 1987, un movimiento brusco de la grieta después de un fuerte episodio de lluvias se tragó un millón de metros cúbicos y obligó a desalojar para siempre a un total de 147 familias.

Esta semana, ha sido la Junta de Andalucía la que, a través de la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente, se ha comprometido a hacer un estudio urgente (valorado en 30.000 euros) sobre el estado de la grieta. El objetivo es ver qué está pasando y, sobre todo, qué medidas tomar. Hasta ahora, se ha logrado controlar el avance de esta inmensa raja con unas monumentales inyecciones de hormigón. A finales de los 80 y principios de los 90, los trabajos fueron parciales. Pero en 1998, y después del enésimo movimiento de la grieta, el Ayuntamiento (con la ayuda de la Junta, la Diputación y el Gobierno) contrató unas obras entonces presupuestadas en mil millones de pesetas que han funcionado hasta hoy, hasta que a partir de 2010 ha comenzado un nuevo periodo de lluvias.

La historia de la grieta de Benamejí es tan antigua como su grieta. Hay constancia de que ya en el año 1739 se produjo un deslizamiento de tierra brusco en la zona. Pero el más importante sucedió en febrero de 1967. Una mañana, un enorme corrimiento de tierra se tragó, literalmente, 55 viviendas y provocó graves daños a otras 50. Entonces, se comenzó a tomar conciencia de que Benamejí era un pueblo situado al borde de un abismo.

La grieta estuvo dormida durante dos décadas. La última vez que provocó grandes daños fue en 1987. Pero en 2010, la raja se despertó. Después de un episodio de intensas lluvias (el río Genil se llegó a desbordar en los pagos que baña en la Subbética), en marzo de 2010 la grieta empezó a moverse por los extremos. El centro permanecía inalterable gracias a las grandes cargas de hormigón que se le inyectaron, pero la raja comenzó a provocar desprendimientos de tierra por sus extremos. Y es aquí donde se centrará el trabajo de inspección de la Junta.

El barranco de Benamejí se mueve además de por la erosión del cauce del Genil por la propia configuración arcillosa de los terrenos. La arcilla es un suelo esponjoso que se hincha y se deshincha cuando se moja y se seca. Cuando lo hace, se mueve y provoca grandes corrimientos de tierra. Esta zona de la Subbética está plagada de suelos así. De hecho, las grandes obras de infraestructuras se han enfrentado a este problema con grandes contratiempos. En Encinas Reales, por ejemplo, la construcción de un tramo de autovía se retrasó durante más de cuatro años por los constantes desprendimientos. En Puente Genil, los taludes de las líneas del AVE también se vinieron abajo y retrasaron la puesta en marcha de la alta velocidad a Málaga en varios años.

Ahora, la grieta de Benamejí ha vuelto a decir que sigue viva. Los vecinos, acostumbrados al crujir nocturno de algunas construcciones, vuelven a mirar cada mañana al barranco, a ver si todo sigue como la última vez.

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