El dentrífico de Karenina

Existe un lugar en Rusia que es un emporio de los dientes como perlas y el esmalte blanquísimo: la fábrica de Splat, una marca innovadora de dentríficos y cepillos sónicos con 300 patentes registradas que debuta en el mercado nacional de la mano de establecimientos como Primor. Los precios de sus productos, bastante asequibles, oscilan entre los cuatro y los ocho euros, pero es la variedad y originalidad de sus dentríficos la que deja al más pintado con la boca abierta, curiosa y dispuesta a cuidar de la dentadura.

Lo cierto es que quienes conocimos el telón de acero y la propaganda que se lanzaba a cubetazos desde uno y otro lado, quizás nos sintamos un poco sorprendidos, y muy gratamente, de que Splat sea una multinacional rusa puntera en 2015, líder en I+ D + i que vende en medio mundo y está asociada con empresas japonesas.

Hoy, Anna Karenina utilizaría Splat, lo mismo que Pedro I el Grande, igual que los padres de la antigua URSS, igual que Kandisnki o los magnates rusos actuales.

En definitiva, miles de personas usan Splat: se utiliza en la tierra de Dostoyevski  y el Hermitage, pero también en España y en medio mundo.

Veamos qué nos ofrece. Para empezar, su filosofía se basa, en palabras del director general de Splat, Yevgeny Demin, en "poner todo el corazón y el alma en lo que se crea..." Por ello, "cuando crees que nada es imposible, y el más atrevido deseo toma forma, sabes que tu camino no pasó en vano". De esta forma, sabemos que todo el esfuerzo depositado en los productos Splat, hará que tu día sea más brillante, más feliz y más favorable". En resumen, brindan calidad, salud y cuidado estético, además de una buena dosis de coaching y pensamiento positivo.

Respecto a las fórmulas de Splat, destacan las diversas opciones blanqueadoras que protegen el esmalte y evitan la sensibilidad dental; la pasta de color negro con frutos de enebro y propiedades para cuidar el aliento y luchar contra el sarro; la que lleva partículas de oro, que promocionan bromeando para los VIP; las orgánicas como la de aloe vera, y la pasta de dientes para bebé y niños de entre 0 y 4 años, con un agradable sabor a vainilla y protección para el esmalte. Y como producto innovador me ha llamado la atención la espuma que limpia los dientes sin necesidad de cepillado.

Conclusiones. Tras una semana de utilización, compruebo la calidad de Splat y la efectividad de sus fórmulas contra el sarro. La sensación en los dientes es de recién limpios aunque hayan pasado horas.

Los dientes blancos son una constante universal. Se aspira a ellos desde el canon de belleza saludable de los EEUU, desde Rusia con amor, desde Japón, desde África y Oriente Medio, desde todos los puntos cardinales y continentes. Pero, ¿para qué darle más vueltas a los dentríficos si el blanco no me deslumbra, porque lo importante es provocar sonrisas y compartir un mundo que sonríe?

Nota: Las menciones a marcas y productos no llevan aparejada ninguna contraprestación. 

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13 de junio de 2015 - 04:17 h
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