Esas parcelas de las que usted me habla
Córdoba están donde está por muchas cosas. La cercanía de la sierra y el fácil acceso a sus minerales. Un río que fue navegable, como una autopista de la antigüedad. Y un valle muy fértil. A cada poco, como el Nilo pero en pequeñas dimensiones, el Guadalquivir se desbordaba. El río crecido traía grandes depósitos de la erosión, unos lodos que se quedaban en sus márgenes cuando el agua se retiraba y que eran el mejor abono posible para los cultivos. No en vano, los históricos propietarios de esos suelos eran familias aristocráticas de muchos apellidos.
En los noventa, con la fiebre urbanística, el Valle del Guadalquivir se transformó poco a poco de ser un enorme jardín cultivable a una sucesión de chalets con piscina. El suelo se transformó en urbano, aunque en los mapas siguiese siendo rural. Las parcelaciones crecieron como setas, en años en los que el Guadalquivir bajaba contenido. No llovía tanto como lo hizo en 1963. O en 1970. Los años en los que el río se coló en el Campo de la Verdad y el Sector Sur. En los que el agua llegó al larguero del antiguo Arcángel.
Y llegó 2010. Aquel año se produjo una riada más o menos normal en la historia del río grande de Andalucía. No fue ni mucho menos histórica. En proporciones, la de 1963 fue como cuatro veces mayor. Pero hizo mucho daño. Se había construido donde antes había huertas y fincas agrícolas. Y miles de personas tuvieron que ser desalojadas.
Entonces, nos dimos muchos golpes de pecho, ayudamos a los que lo perdieron todo (qué culpa tenían, en serio lo escribo) y nos pusimos a pensar en cómo arreglarlo. En 2013 tuvimos un nuevo susto, que no pasó a mayores. Y desde entonces, la nada.
El urbanisno cordobés ha fracasado estrepitosamente en las parcelaciones construidas irregularmente en zona inundable. No se ha perseguido, que se sepa, ni a quien permitió que se construyera ni a quien las planificó. Tampoco se ha planteado ninguna solución en todo este tiempo a un problema que sabemos que, de vez en cuando, se repite.
No sé si en los próximos días vamos a vivir algo parecido a lo de 2010. Sinceramente, espero que no. Pero tengo claro que lo de aquel año se acabará repitiendo. Incluso, superando. Que volverá a haber miles de desalojos y gente que lo perderá todo. Y, supongo, volveremos a plantear cómo arreglar un problema irresoluble y enquistado en Córdoba.
O eso, o asumimos que de vez en cuando pasará esto. Y que no nos importará. Diez o 20 años de tregua, por unos días de caos y catástrofe. De lo contrario, no me lo explico.
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
0