Cazafantasmas en Fernán Núñez

Tengo la suerte de ser de un pueblo que le puso una estatua a un perro. Se llamaba Moro y aunque apenas lo conocí sí que escuché muchas historias sobre El perro de los entierros. Moro tuvo un dueño que murió. Quedó como un perro vagabundo que acudía a las muchedumbres. En los pueblos hay pocas más masivas que un entierro.

El can acabó yendo por voluntad propia a todos los entierros del pueblo y comenzó a forjar una leyenda de que llegaba a prever la muerte. Se echaba a dormitar en la puerta de las casas donde había algún moribundo o incluso esperaba en el cruce de la carretera de Córdoba a que llegara algún cadáver que había fallecido en el hospital. O al menos, eso nos contaban. También he llegado a escuchar la versión de que el perro solo faltó a un par de entierros: los de aquellos vecinos que en la Guerra Civil se habían presentado voluntarios para fusilar. Moro murió. Tampoco está claro cómo, aunque la versión más aceptada es que unos borrachos le dieron una noche una paliza.

Los niños de Fernán Núñez hemos crecido con esta historia que no nos daba ningún miedo. La veíamos hasta normal. En un pueblo, donde hasta hace poco se velaba a los muertos dentro de las casas, la muerte no se esconde, sino que forma parte de la vida. El cementerio, de hecho, ya ha quedado dentro del pueblo.

Esta es la historia más paranormal que se escuchará, creo que por muchos años, en Fernán Núñez. Esta semana, el programa de Cuarto Milenio le ha dedicado un especial al Palacio Ducal de Fernán Núñez. No porque se especule con que allí durmió y pintó un joven Goya, o porque se trate de un tesoro del Neoclásico cordobés que un día de estos se va a caer al suelo. No. Supuestamente porque allí dentro hay fantasmas. El Palacio de los Gritos, dicen que le llamamos, cuando como escribió el otro día el dibujante El Bute si acaso le diríamos "el Palacio de los chillíos". En Fernán Núñez no gritamos, chillamos.

Abunda (y tiene mucha audiencia y muchos clics) el periodismo paranormal. Después, hay gente que gana dinero haciendo rutas por lugares supuestamente encantados o misteriosos. No me parece mal que se gane dinero con eso, pero que al menos se le diga a quien paga al principio y al final: "Oiga, esto es una leyenda, y como casi todas las leyendas, es mentira".

En Córdoba, en el Parque de Orive, circulan muchas visitas guiadas más o menos misteriosas. Cuentan que dentro del Palacio se ve una niña por la noche. He pasado muchas noches allí (dentro estuvo durante años la agencia EFE) y jamás he visto a la niña. Sí que he escuchado ruidos en el silencio de la noche que de día, lógicamente, se hacen imperceptibles. Bajo el palacio surca una enorme corriente de agua subterránea. Fin del misterio.

Puestos a buscar fantasmas, me quedo con Bill Murray.

https://youtu.be/EQCCPP8aZBY

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17 de diciembre de 2016 - 02:44 h