Extra Ordinario

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En la sencillez reside el encanto de Extra Ordinario (2019), la ópera prima de los realizadores Mike Ahern y Enda Loughman. La originalidad se impone a cualquier tipo de pretensión en esta comedia costumbrista que se adentra en la Irlanda más rural y se construye con la ligereza que aporta la calidez de sus personajes protagonistas. No hay otra receta. Va de cara y se ríe de sí misma. Un cóctel de entretenimiento y extravagancia que aúna multitud de clichés del género de fantasmas y los empasta para dar cabida a una mezcla única. Una narración a medida que te deja un poso al estilo de lo que ocurre, por ejemplo, con el cine de Jacques Tati; no esperes diálogos desternillantes, ni encadenar una carcajada tras otra. Simplemente disfruta, seguro que te hará mantener la sonrisa en la cara en todo momento.

La película, que por momentos alude a determinadas piezas informativas de otra época anterior, se adentra en la vida de Rose (Maeve Higgins), una dulce y amable profesora de autoescuela, su tarea actual, pues en otro momento se dedicó a un oficio mucho más esotérico. Eso sí, los poderes se mantienen, aunque trata de lidiar como puede con ellos en su día a día. Sin embargo, por una serie de acontecimientos, le surge la necesidad de volver a emplear sus talentos sobrenaturales para salvar a la hija de Martin (Barry Ward) de las garras de una antigua estrella del rock (Will Forte), quien planea utilizar a la joven como parte de un pacto satánico para recuperar su fama perdida.

Todo es irracional en una narración que va avanzando porque sí (su punto más hilarante posiblemente coincida -sin entrar en spoiler- con una escena de sexo como nunca antes se había visto en el cine, ahí lo dejo). Hay que entrar sin prejuicios y dejarse llevar en una acción que ensalza la comedia, edulcorada a través de una parodia del género sobrenatural, al estilo de la atmósfera desenfadada (aunque, en este caso, algo más refinada, en gran medida por la actitud de sus personajes) del cine de Edgar Wright (trilogía del cornetto). Sin duda, Ahern y Loughman consiguen sacar el lado más ridículo posible de las películas de posesiones. Pero no solo de esto trata el largometraje, que profundiza de manera inconsciente -para el espectador- hacia capas que terminan dejando un dulce regusto al completar la experiencia. 

"Incluso los fantasmas más débiles pueden poseer queso con bastante facilidad", dice uno de los personajes en un momento concreto de la película. Y así podría resumirse todo. Una concatenación de escenas que logran hilvanar un sentido común, sin perder nunca el humor, aunque lejos de adentrarse a pecho descubierto en la risa. Pura comedia irlandesa. Un enredo de té y pastas.

Extra Ordinario es, por encima de todo, una aventura atrevida y descarada, fresca en su exposición y llana en su narración. No hay dobles sentidos ni vueltas de hoja. Lo que se ve -y se escucha- en pantalla es lo que realmente hay. La insatisfacción laboral -que termina salpicando lo personal- es el cauce final por el que termina adentrándose el argumento. Es más, los conjuros y demonios son simple atrezo de una peripecia que, por momentos, se transforma en una aventura a contrarreloj y en una historia de amor inusual. Como pocas veces se ve en el cine. "Siempre podré decir que en mi primera vez hice un trío", apostilla la protagonista en el éxtasis de la película. Y esotérico, añadiría yo. Y es que, al fin y al cabo, todo termina siendo Extra Ordinario.

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Publicado el
18 de febrero de 2020 - 21:51 h
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