Benarés, la ciudad de la muerte

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Benarés, Varanasi para los hindúes, es poderosa y vieja. La recuerdo como una enorme espiral de callejas, intestinal, llena de recovecos, sofocante. Es una de las ciudades sagradas de la sagrada India y esa y no otra condición es la que la domina día y noche. Es cruda y bella, una combinación que se escapa de los paladares retocados del europeíto medio.

Benarés y Ganges son dos conceptos indisolubles. Ciudad y río se abrazan donde quiso la divinidad, Shiva. ¡Qué más prueba puede haber para demostrar lo sagrado de un lugar!. Cualquier hindú que quiera acabar con la ronda eterna de las reencarnaciones debe tomar aquí su última bocanada de aire y dejar que sus restos sean quemados y arrojados al río. El Ganges otorga además purificación para los vivos. Es lugar para lavar el alma y eso se hace rodeado de muerte. No hay mayor contraste para un occidental que esconde el fin de la vida como una vergüenza. Las calles, plazas abarrotadas, palacios y casas miserables de Varanasi la sagrada, se articulan con una fijación, asomarse al río, deslizándose en unas eternas escalinatas, los Ghats, que ahora os propongo recorrer.

Los ghats. El centro de la ciudad es el río y su unión con la ciudad. En la ribera están los ghats, una sucesión de escalinatas que bajan hacia el agua y en donde se quema a los muertos, se baña el pueblo y rezan y reciben los santones. Aquí puedes ver un impresionante recorrido en 3-D por ellos. Son construcciones seculares, bien conservadas y en donde se mezclan zonas privadas con explanadas públicas. Hay casi un centenar. A veces los escalones son interrumpidos por un templete o palacio por lo que hay que sortear desde detrás la construcción para volver a encontrarte con el río y el siguiente ghat. Manikanika es el más sagrado. Dasaswamedh es otro de los visitados. Es buen sitio para ver santones meditando bajo sombrillas, con el aire de estar encima de todo aunque no lleven más que un taparabos. Lalita Ghat figura entre los fotogénicos, construido por un rey nepalí, guarda toques de aquellos lugares del Himalaya.

La quema de cadáveres es sagrada pero no triste. Los cuerpos son llevados hasta la pira en volandas, amortajados. Hay flores, rezos y fuego. Se debe mantener distancia y no es adecuado fotografiar la escena, pero es fácil presenciar el rito. Verlo con olor incluido no se olvida jamás y no traumatiza. Pienso que lo contrario, te ayuda a relativizar al extremo el concepto de la muerte. Quizás, esconder la muerte como hacemos nosotros no hace más que acrecentar un miedo que sin velos deja de serlo, de forma natural.

Más sobre los ghats. Para evitar enfermedades las autoridades han reducido la posibilidad de que se echen al río cuerpos sin incinerar bien. La cremación total implica usar mucha leña cara así que para que los pobres puedan acceder a la quema completa se ha construido un incinerador eléctrico en Hrishchandra Ghat.

Aparte de las cremaciones verás a miles de personas bañándose para su higiene o en acto ritual, especialmente en los amaneceres y atardeceres. Son muchos los peregrinos que llegan hasta aquí desde toda la India. Guardan un ciclo de cinco baños. Entre las aguas marrones del Ganges se agolpan viejos, jóvenes, mujeres con sus saris brillantes o niños que chapotean entre las aguas y las escaleras. El río, India arriba, hacia los Himalayas, esconde enormes tesoros naturales.El río, India arriba, hacia los Himalayas

Los templos. Tras el río hay que entrar en la profundidad de los arrabales que coronan la terraza del Ganges. Un paseo sin orden en el que verás tiendas, motos, humo, ruido, vacas tiradas sobre la calzada, hombres atareados en todos los oficios que puedas imaginarte y un rosario de templos entre los que sobresale el Dorado, del siglo XVIII.

La comida. Estás en territorio del norte indio, sinónimo de gastronomía sofisticada. Abunda más la carne que en el sur por la influencia mongola. Se especia todo y mucho. Hay excelentes purés de legumbres como las lentejas y son clave los panes sin levadura que acompañan los platos. Las salsas concentradas o chutneys, los currys, y las cremas lácteas dan textura y sabor a cada alimento. Es tierra de frutas, especialmente de mangos.

Consejos

1) Busca una agencia local o a través del hotel contrata una excursión en barca. Salen a primera hora, cuando al amanecer llegan los peregrinos y comienzan las cremaciones. Ver salir el sol en el Ganges con la ciudad al frente es sobrecogedor. Los barqueros te llevan de ghat en ghat y se acercan a la orilla. Suelen salir de Dasaswamedth. Los puedes contratar directamente aunque es más cómodo a través del hotel o de la oficina oficial de turismo.

2) Pilla un autorickshaw. Ruidosos y contaminantes triciclos que tras negociar precio te llevan a cualquier parte. Pueden esperarte el tiempo que quieras y recogerte en el punto acordado. Es perfecto para dejarte en las inmediaciones de los ghats desde los hoteles que suelen estar fuera de la zona vieja.

3) No hay plano que sirva para desenmarañar el entresijo de callejas grasientas y húmedas que descienden al Ganges. Sólo queda seguir a la gente, dejarse llevar por la intuición o hacer caso a los guías que saldrán a tu encuentro.

4) Admito que mi encuentro con Benarés fue duro, en el agosto de los monzones, fecha nada recomendable por la humedad y el calor. Pero es cierto que ese ahogo permanente intensifica aún más los sentidos, que deben estar en total y absoluta alerta. Cuanto mayor sea la sensibilidad del viajero mayor será la experiencia. Y no uso la palabra viajero por azar. Olvídate de ser turista en Benarés, te perderás lo mejor. Debes ser observador, prudente y respetuoso, pero observador.

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Publicado el
10 de abril de 2013 - 04:47 h
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