Ruta por Oporto

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La forma más elegante y digna de ser ibérico es ser portugués, un precepto que tengo metido en mi ADN, quizás por cercanía geográfica a mi Huelva natal, quizás porque veía desde pequeño los dibujos de la tele portuguesa o quizás por los continuos viajes que de mayor he ido haciendo hacia este maravilloso y pequeño país. Ser lusófilo implica entre otras cosas: amar la tranquilidad, la buena comida, los paisajes y las ciudades con personalidad. Oporto, Porto, para nuestros vecinos, une todo en un único y gran conglomerado urbano que se esparce entre las riberas del Duero, niveladas en pendientes y un espectacular y menos conocido frente marítimo. Ofrezco a continuación algunos puntos dignos de parada y que pasan por el paseo, las compras, el condumio o la simple contemplación. Allá voy:

-Avenida dos Aliados. Esta alameda, corazón de la ciudad, es una gran muestra de la arquitectura del primer tercio del XX. Una vía elegante, europea y portuguesa, todo al mismo tiempo. La preside el Ayuntamiento y hace las veces de salón principal de la ciudad. Su ubicación, entre la medieval Ribeira y el centro, hará que pases por allí más de una vez. Aconsejo que te detengas, al menos unos minutos.

-Estación de Sao Bento. Maravillosa muestra hecha edificio de arquitectura de inicios del XX con azulejería portuguesa. La elegancia del exterior se complementa con los enormes murales historicistas compuestos por azulejos blancos y azules. Dicen que hay más de 20.000. El autor, Jorge Colaço. Los temas: desde la toma de Ceuta a la medieval batalla de Valdevez.

-Ribeira. Sí, es un topicazo y estará llena de turistas pero se debe patear el casco antiguo de la ciudad, protegido por la Unesco, desde la Sé o Catedral hasta el Duero. Unas escaleras descienden del templo hasta llegar a la plaza de la Ribeira. Andarás por un laberinto medieval de callejas, granito y casas batalleadas por el salitre y el viento. Como regalo, en la orilla, podrás ver el puente de hierro de Luis I, joya de la revolución industrial.

-Las bodegas de Vila Nova de Gaia. Es otra turistada pero si amas los vinos te gustará lo bien que organizan aquí el turismo enológico. Casi todas las bodegas históricas, muchas con más de 200 años, abren cavas y ofrecen catas en visitas guiadas donde cuentan el proceso de elaboración de estos vinos únicos. Para colmo de placeres, aconsejo llegar hasta allí cruzando el puente de hierro, sobre un Duero industrial. Y una experiencia bodeguera: pásate por Taylor, atienden de maravilla y tiene unos preciosos jardines ingleses del XIX.

-Foz y el Atlántico. El turista no suele salir de la ribeira y el centro comercial y se olvida de Foz y los barrios que dan al mar, pasada la desembocadura del Duero. Se pierde mucho, tanto como una eterna playa de arena blanca con faros, chiringuitos con abrumadoras vistas, bastiones portuarios y unas olas brutalmente bellas. Ah, un detalle: puedes ir andando, pasando primero por Boavista y la Fundación Serralbes de arte contemporáneo y volver por el río o si te va el traqueteo pillar un tranvía, que bordeando el Duero conecta el centro con este cachito de océano urbano.

-Ver un Rem Koolhaas.

Tiene morbo para un cordobés ver cómo casa en una ciudad un edificio del arquitecto holandés que se quedó sin obra en nuestra ciudad por mor de nuestras habituales peleas, sobrepresupuestos, malas gestiones e inutilidades variadas. Es la Casa de la Música, está en Boavista y gana de cerca. 

-Y tres recomendaciones disfrutonas: No te puedes ir sin comer una contuntende francesinha, icono de la ciudad. Se trata de un mega sandwich tuneado con kilos de embutido portugués, toneladas de queso y una deliciosa salsa elaborada a partir de cerveza. Dicen que uno de los mejores locales para zampársela es el Café Santiago y doy fe. Consejo dos: hay que pegarse el capricho y cenar una noche en Book, maravilloso restaurante de cocina portuguesa modernizada con ambiente retro de los 50. Y tercer consejo: buscar souvenirs elegantes (sí, en Oporto es posible) en A Vida Portuguesa. Impresionante el local, por cierto, un antiguo comercio de inicios del XX. Postdata consumista: se debe dar una vuelta para hojear clásicos en Lello Irmao, una de las librerías mas espectaculares del mundoEl buen gusto ibérico existe y está en Portugal.

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13 de enero de 2016 - 01:00 h
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