Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

El capitel rodó sobre la ortiga

Imagen que acompaña al post.

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No se entendería el mundo sin el vino y no sería Córdoba lo que es sin esos caldos de Montilla Moriles. Córdoba es Roma y Al-Ándalus y Sefarad. Córdoba es tradición y cultura, es historia, es pasado y siempre fue vino, terruño y raíces. Ahora definitivamente tenemos que ser más futuro que nunca, pero no lo seremos arrancando nuestras raíces. Tal vez por eso, descubrir que se arrancan las viñas en nuestra tierra vinícola me ha hecho estremecer.

Que la vendimia de 2022 será la más corta de la historia puede que sea por la sequía, pero muy posiblemente también por la reducción cada vez mayor, año a año, de hectáreas de viñas en beneficio de otros cultivos… ¿más rentables? 

Hablando el otro día de nuestros vinos con quienes los conocen, los aman y los cuidan, con los que los crían y envejecen, con los que los prueban, con los que los venencian y los ponen en nuestros labios, descubrí también muchas otras cosas. Por ejemplo, el poema de Pablo García Baena que lleva por nombre “Córdoba” y que me ha robado el alma. Bastó que alguien sabio citara un verso (“…el capitel rodó sobre la ortiga...”) para explicar con un certero dardo porqué en esta tierra arrasamos con lo que en otras ciudades adorarían. 

Nuestra tierra es referente en la enología mundial, nuestras bodegas atesoran joyas inigualables. Tenemos la tradición y la singularidad de los mejores vinos generosos ¿y arrancamos las viñas? Tal vez sea el momento de recordar cómo sigue el poema de García Baena “…abatieron dinteles, picaron tracerias, hundieron hornacinas y a la venta pusieron atauriques …”

Y mientras, preguntémonos ¿qué cordobés conoce una bodega? ¿sabemos distinguir siquiera un fino de un oloroso? Más allá de esperar largas colas en la Cata del vino ¿sirve esta cita multitudinaria y efímera para algo más en pro de nuestra cultura del vino? Y cuando termina ¿hasta la siguiente cola y borrachera? ¿sin más? ¿Conocen los que sirven en nuestros restaurantes estos vinos inigualables y propios que debieran recitar al comensal como si de la biblia se tratara? 

Córdoba está digitalmente a años luz de otras ciudades. Otros están en el metaverso cuando nosotros aún navegamos en el arca. Si los proyectos digitales de nuestras empresas arrojan cifras ridículas en comparación con otras ciudades, en el mundo del vino la comparativa es demoledora. ¿Por qué no conocer nuestras bodegas con realidad digital y virtual? Influencer, embajadores, enoturismo, concursos de vinagres. Imaginación. Educación, formación, cultura del vino y del consumo responsable desde la infancia. ¿Una gran feria del vino? No tener estrategia no es una opción. Falta de unidad. Siempre lo mismo.

“¿A quién pediremos noticias de Córdoba? 

Porque las piedras que amabas 

a la tarde han sido derribadas …“  

“CORDOBA” P. García Baena.

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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