Nada por aquí, nada por allá

Corren tiempos de marejadilla institucional en el Córdoba CF. Y no hago un pronóstico meteorológico peor porque en realidad el aficionado todavía lo vive con cierta distancia por dos razones fundamentales: La primera, porque el equipo, deportivamente, y aunque no ha cogido aún la racha buena, no está en aprietos y marca una línea ascendente. La segunda, porque el asunto judicial entre el club (Sociedad Anónima Deportiva) y los anteriores rectores parece que irá para largo en el "long and winding road" de los informes, imputaciones, alegaciones, juicios, sentencias y recursos. Puede que, incluso, haya una tercera razón, más relacionada con la confusa información disponible, sobre el ya más confuso conocimiento que existe acerca de la compra-venta del club cuando cambió de las manos de PRASA a las del empresario canario (con acento y calado madrileño) Carlos González.

A día de hoy sabemos pocas cosas en comparación con las consecuencias que podría acabar teniendo. Por un lado, el club ha demandado a PRASA por el impago de unas cantidades (unos 400000 €) atrasadas en concepto de patrocinio y abonos. Por otro, un informe concursal del que se ha hecho eco el Ministerio Fiscal que califica de culpable la gestión del anterior Consejo de Administración del equipo local. Las cantidades aquí ya se elevan a unos 6 millones de €, aunque el desglose es algo complejo en función de las fuentes. Como suele pasar en estos casos,  para el entorno más afín a estas cuestiones, los hay que disparan a cada parte. La reacción de algunos miembros del anterior Consejo fue virulenta en los primeros instantes tras la filtración del informe en un medio local. Pero la evolución en sus comunicados se ha hecho bastante más prudente con el paso de los días, lo que hace sospechar (sólo sospechar), que la letra escrita del acuerdo de compra-venta no estuvo bien aquilatada (o no ha estado adecuadamente ejecutada) por parte de los vendedores. Los que disparan al actual presidente, cuestionan que haya puesto el dinero que se supone que iba a aportar (hasta el día de hoy, de manera clara, el depósito de algo más de 200000 € de la transacción inicial). El actual presidente no tiene mucho don de gentes y sonríe regular. De hecho, cuando compró el club no supo ni siquiera esbozar una sonrisa en la foto ante la prensa. Mal augurio para quien voluntariamente llega a algo tan pasional como el fútbol. Además, era un viejo sueño del canario, que andaba loco por gestionar un club, dados sus intentos anteriores con el Rayo Vallecano o el Mallorca. ¿Por qué el Córdoba? ¿Poque era barato? No es una explicación descabellada cuando PRASA llegó a firmar unas escrituras anteriormente a Víctor de Aldama, que quedaron en papel mojado a la espera de un cheque de unos inversores ecuatorianos que aún no ha llegado (el otro día me llegué a Correos a preguntar y nada). Pobre Aldama. Ya le había pasado antes. Por eso me pregunto qué llevó a José Romero a embarcarse con él, en primer lugar, y a hacerlo con Carlos González, en segundo, desechando alguna otra oferta como la que traía Alessandro Gaucci, hoy en el Cádiz, y con cuya primera intentona hubo una espantada del empresario italiano Pozzo por culpa de una filtración (no sabemos hasta qué punto interesada o imprudente) de José Miguel Salinas. En la venta a Carlos González parece forzoso pensar que tuvo un papel clave Antonio Prieto, único puente real entre ambas etapas, y que ha presentado estos días su dimisión por el informe concursal señalado con anterioridad.

Si usted ha llegado leyendo hasta aquí: ¿Entiende algo? ¿Cómo es posible que un empresario como José Romero, líder de una potente empresa que ahora sufre la debacle del pinchazo de la burbuja inmobiliaria haya pegado tantos tumbos en este asunto? ¿Acaso las ofertas no eran tan ofertas? De primeras, parace que Carlos González tiene mejor atado el asunto. Pero, cuando González llegó a nuestra ciudad: ¿Qué cuentas había previsto? No me creo que, ni en el más optimista de sus supuestos, pensara que iba a vender dos jugadores en un año por más de un millón de euros cada uno. De hecho, había prometido que sólo vendería uno. ¿Y aún así las cuentas no cuadran? ¿A pesar de haber sido uno de los poquísimos clubs que ha aumentado de número de socios respecto a la temporada anterior?

Aquí hay demandas, acusaciones, y la previsión de que, por algún lado, algunos millones habrían de aparecer. Bueno para el Córdoba. Ojalá así sea. Pero, nada por aquí, nada por allá. Como yo no veo que estas historias acaben así de manera habitual, habrá que ver en qué concluye el proceso judicial, y por si acaso, pasarse por Correos de vez en cuando, por si ha llegado el cheque de los inversores ecuatorianos. Que la burocracia está muy mala.

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29 de octubre de 2012 - 07:00 h
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