Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

Cómo machirulos de burdel y misóginos buscan vaciar de derechos a las mujeres

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La agenda internacional que la extrema derecha intenta imponer, si llama la atención por algo, es por intentar invisibilizar a la mujer, y con ello, sacarla del mercado laboral. Dicha agenda, busca arrebatar a las mujeres los derechos conseguidos durante décadas con sudor, valor, esfuerzo y coraje, además de intentar anularla en el plano social, devolviéndola expresamente al cuidado de sus hijos y de la casa, y reduciendo sus aportaciones simplemente al plano biológico, convirtiendo su cuerpo una vez más, en territorio de opresión.

Entre los derechos que se les quiere usurpar están los de decidir libremente qué hacer con su cuerpo y con quién, lo que conlleva también limitarles sobre su libertad sexual, sin que terceros individuos vengan a decirles qué es lo correcto o incorrecto moralmente por mucho cargo que ostenten. También les quieren arrancar los de elegir libremente sobre reproducción, si tener o no hijos o el aborto. Y por supuesto, el de luchar activamente contra la violencia machista, que una vez y otra es negada por esa extrema derecha rancia, misógina y retrógrada, siendo todo esto impulsado desde diferentes esferas, teniendo estas carácter político, social y religioso.

Para colocar este discurso, y llegar con él a la mayor cantidad de población posible, entre los que están los más jóvenes, la vía elegida principalmente ha sido las redes sociales, a través de las cuales han emitido bulos de forma sistemática, han atacado a mujeres por ser violadas, difundiendo incluso sus datos personales o han arremetido contra cualquier mujer que se atreviera a plantarles cara, por el simple hecho de exponer libremente sus ideas, defender sus derechos y no dejarse intimidar.

El ataque frontal a la libertad de las mujeres no es algo nuevo, en verdad la “nueva extrema derecha” lo único que busca es recuperar los postulados del falangismo como ya expusimos en nuestra primera tribuna Las 100 mentiras de Vox y con ello recuperar la agenda inacabada del dictador Franco, siendo esto, algo que también incumbe a las mujeres. 

Falange a través de la sección femenina que dirigiría Pilar Primo de Rivera, también dejaría claro cuales serían los cometidos de las mujeres “se encargará a la Sección Femenina de la confección de bordados, banderas, brazaletes y demás emblemas de nuestras organizaciones, como así mismo de la atención y la visita a los presos, heridos y de todo aquello que tanto para ellos como sus familias represente un apoyo moral, ya que la Central corre con los fines materiales”. La propia Pilar, también reivindicaría que “la única misión que tienen asignada las mujeres en la tarea de la patria es el hogar”. 

Pero no sería la única, ya que la falangista Mercedes Sanz Bachiller, ideó un servicio nacional femenino para mujeres solteras entre 17 y 35 años donde recibirían formación nacional-sindicalista y donde serían moldeadas, buscando conseguir con ello una uniformidad en la educación y estilo de la mujer.

Debemos recordar entre los discursos más famosos de José Antonio Primo de Rivera el que realizó en Badajoz en 1935 que sería sobre Lo femenino y la Falange, donde José Antonio las condenaba a la sumisión del hombre.

La violencia hacia las mujeres se presenta en múltiples formas, por mucho que intenten esconderla, como pueden ser el insulto y el menosprecio intentando hacerla invisible, palizas por vestir o mirar de determinada manera o simplemente no hacer algo de determinada forma, la violación como acto de posesión o arma de guerra, o el asesinato, ya sea este por orientación sexual, por no permitir esa violación o porque algunos piensan que las mujeres son de su propiedad.

Tras muchas décadas, se consiguió desnaturalizar y desnormalizar la violencia de género, sacándola del ámbito privado y poniéndola en la esfera pública, algo que “machirulos” de burdel siguen si ver con buenos ojos. La extrema derecha crea el antifeminismo como un contramovimiento, donde niega la mayor, que no es otra, que la desigualdad estructural entre mujeres y hombres, y la violencia existente hacia ellas. 

Entre estos ataques, los más furibundos, suelen ser realizados por otras mujeres, que se creen ética y moralmente, en disposición de repartir carnets, y de decir cómo debe ser y cómo debe comportarse una mujer. Incluso poniendo en cuestión el honor de cualquiera en virtud del largo de su falda o el escote de su pecho.

La utilización de la mujer por la extrema derecha según su interés es doble, ya que, por un lado la criminalizan por violaciones, donde incluso la intentan culpabilizar por su forma de vestir, y por otro, la utilizan como bandera si esos mismos crímenes son realizados por extranjeros, y para ello cuentan en muchos casos, con la complicidad de un sector de la Justicia que se cree que en pleno S.XXI sigue bajo el paraguas del Tribunal Supremo del Franquismo, donde la unidad espiritual impregnaba los demás principios unitarios como eran la unidad religiosa, la indisolubilidad matrimonial y la unidad moral que estaba compuesta por valores como el decoro, la honestidad, la decencia, el pudor, el recato o la morigenación/ abstinencia.

En las redes sociales podemos observar como se culpabiliza a la mujer de corromper la raza a través del mestizaje, de la baja natalidad o de “pagar gigolós”. Todo esto y más, con el único fin de restituir la familia clásica, donde entra en juego la narrativa del cambio demográfico a través del gran reemplazo, donde la población nativa será reemplazada por la musulmana, y es aquí, donde entra también, el discurso racista.

Basta con echar un vistazo a la Agenda España de Vox y ver que, sintetizado, sin opción a que sus posibles votantes piensen, esa es la idea central de la extrema derecha, donde el único rol de la mujer sea estar en casa y hacer caso a su marido, además de infundirles temor sobre los inmigrantes para que no se relacionen con ellos “vaya que las violen”. Por eso, así lo reconocieron en 2021 cuando afirmaron que el mensaje contra la inmigración cada vez cala más en la sociedad.

Contra mestizaje y la libertad de elegir, la extrema derecha vende, con discursos edulcorados, pureza racial, miedo y militarización. Donde se recuperen los “valores occidentales” y donde la mujer se rinda a los postulados clásicos, vaciándole de derechos, y donde sus cuerpos sean utilizados simplemente con fines biológicos, pero a las que se les criminaliza si esta hace uso de su cuerpo de forma libre.

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Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

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