Veraneos, 16: Ver cine

Mi padre fue un señor delgado, luego fue un hombre grueso y, después, otra vez un tipo flaco. Al final es un recuerdo. Recurrente.

Heredé de mi padre unos pantalones vaqueros de su etapa grande. No me los puedo poner, pero los miro, los acaricio. Son buenos.

Son como los pantalones de Alvin Straight, el anciano señor que decide ir a ver a su hermano, con el que había tenido alguna rencilla diez años atrás, montado en su único medio de transporte: una cortadora de césped. 500 kilómetros hasta Wisconsin, despacio, lo importante es el viaje. Y el hermano.

La peli se llama "The Straight Story", claro, "Una historia verdadera" en español. Y es correcto que así sea, que es otro sinónimo.

Es la mejor, creo, película de David Lynch porque Lynch está loco y ha hecho cine para locos. Pero en esta película hace lo correcto ("the straight thing"), aunque hacer cine loco también es cojonudo.

Hay que darles la palabra a los locos para que nos cuenten la verdad. Son luz.

Veo el culo de Alvin mal embutido en unos pantalones vaqueros sentándose en una cortadora de césped e invadiendo el arcén de una autovía de EE.UU para llegar a ver a su hermano antes de morir. Veo a mi padre.

Quiero crecer para ponerme esos pantalones.

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5 de agosto de 2018 - 03:00 h