Taxidermia

El taxidermista que embalsamó a Dalí –porque era un taxidermista- también naturalizó a dos tigres, una cebra, un rinoceronte (al que confundió con un unicornio) a Gala disfrazada de Leda y a un par de cisnes.

Ya puestos, el taxidermista embalsamó unos relojes líquidos para que la memoria permaneciera casi inalterable.

Pero la memoria no entiende de relojes ni de pautas humanas. La memoria es una construcción que va a su bola.

Salvador Dalí dirigió el MOMA de Nueva York durante un rato y recibió a Buñuel que, rescatando una vieja amistad, le pidió unos cuantos dólares para hacer una película mejicana. Dalí le dijo nones tal vez porque era un cabrón, pero esto ahora no viene a cuento.

Luis Buñuel se pudre en su tumba y Salvador se eterniza untado de formol. Nunca imaginó que una uña de su pie sería memoria.

Qué cosas.

Mientras, Federico García Lorca ni está ni se le espera.

El siglo XX ha sido infame. El XXI no tiene buena pinta.

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23 de julio de 2017 - 03:00 h
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