Gran temazo

Hola, qué tal. Este texto se leerá en el futuro y yo seré leyenda. Un capítulo en la Historia. Una respuesta en "Saber y ganar" o cualquier otro quick show o como se llamen las propuestas televisivas del futuro cercano, del presente continuo, como bien dice mi amigo.

Sí. Soy el eurodiputado que rompió la disciplina de voto de su grupo parlamentario y decanté la votación sobre el cambio –o no- del horario común europeo. El de verano o el de invierno, atrasar o adelantar una hora en los relojes de Bruselas o La Gomera, de Mahón o Nottingham, de Almería o de Finisterre, de Coimbra o Palermo, de La Valeta o Rouen.

Un temazo de importancia.

Como yo fui un europarlamentario famoso recibí en mi despacho –al que accedí, of course, por una de esas puertas giratorias del destino- a diferentes representantes de lobbies que tenían que ver con el sector energético, la huella de carbono, el deshielo, instaladores de calefacción en escuelas concertadas, programadores informáticos, de la UEFA y su prime time y de biotecnología, entre otros.

Así que me presenté el día de la votación con una Leucanthemun vulgare en el ojal de mi solapa y, ya en mi escaño, la cogí y mientras se sucedían las intervenciones de los diferentes representantes sobre la posibilidad de cambiar o no el horario en los relojes de Europa, yo fui deshojando, con gran criterio, los pétalos de mi margarita. Y voté en esas consecuencias.

Voté sí o no. No me acuerdo; pero eso no es importante.

Lo importante era el temazo en cuestión.

Redactores de medios de comunicación y agencias varias me rodearon después de la votación en los pasillos de la cámara europea. Uno de ellos me espetó: "Ha hecho usted Historia ¿Cómo se siente?".

"Normal"; le dije sin mucho afán.

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2 de septiembre de 2018 - 03:00 h