El cura y el chamán

Gran lucha secreta se ha desarrollado en estos últimos días. Un combate entre la fe y la otra fe. Entre el ocio y el negocio, entre el bien y lo mejor, entre el mal y lo peor de todo. Entre lo inconveniente y lo perentorio. Entre el estatismo y la movilidad. Entre lo sostenible y lo inamovible, entre si la última peli de Tarantino es una genialidad o un truño…

Ah, debates, y hasta batallas, tan antiguos desde que el mundo es mundo e incluso antes, si hubiera un antes.

Un curita de pueblo rezaba el rosario, velaba al santo y aconsejaba a sus –pocos- fieles que rogasen desde lo más profundo de su corazón para que, en la tarde del sábado 14 de septiembre de 2019 de nuestro señor, el sol rasgase la capa de nubes y derramase sus rayos salvíficos de luz sobre las calles plagadas de nardos, varales, ídolos y gente comiendo pipas y altramuces.

Mientras, en una cueva, un chamán eremita -que se parecía mucho a Bob Dylan sin sombrero- pronunciaba extrañas palabras junto a un caldero donde hervían patas de gallina y ojos de sapo implorando para que desde el cielo manase una gran lluvia (A hard rain is gonna fall) que llenara los aljibes, regara los campos e hiciera crecer el girasol y los altramuces para solaz de todos y todas.

Las crónicas no explican bien qué pasó aquella tarde, las fuentes son contradictorias. Tal vez llovió, pero poco. Tal vez el sol se atrevió a romper el velo de las nubes, pero poco. Tal vez el chamán tuvo éxito en sus conjuros, pero no mucho o tal vez el cura consoló a un hermano mayor. No sé.

Dicen que, días después, el chamán –que había bajado de la montaña- y el curita se encontraron en la cantina del pueblo. El primero pidió un orujo, el segundo, un bitter Kas (sí, aún existía el bitter Kas) y uno le dijo al otro: "Ahora sí, haz que llueva. Pero con la justa mesura".

https://youtu.be/NR5SHuJDlUQ

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Publicado el
14 de septiembre de 2019 - 21:30 h
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