Comida basura para el espíritu

Al suponer que además de un amasijo de tejidos y órganos los seres humanos somos algo más, muchos -desde tiempo inmemorial- han convenido que ese plus es lo que llamamos alma o espíritu.

Vale; según eso, es natural que tanto esa cosa intangible como el amasijo físico deban ser alimentados de manera apropiada para garantizar nuestro desarrollo y bienestar desde la infancia hasta el momento de entregar definitivamente la cuchara y adelgazar los liberadores 21 gramos famosos.

Sin embargo, las más de las veces, lo hacemos con comida basura, rica en grasas trans, aceites de baja calidad, colorantes químicos, potenciadores falsos de sabor, glutamatos y demás cosas chungas. Podíamos creer que sólo existe la comida basura para mal alimentar el cuerpo; pero también hay basura en lo que algunos quieren vendernos

como nutrición para el espíritu.

Un ejemplo de ello es cualquier carta pastoral de Dondemetrio (no confundir con "endometrio", que es otra cosa). Si yo tuviera hijos -y mucho más, hijas- vigilaría muy mucho que no se alimentasen con eso, por muy barato que me salga y por muy fácil que les sea de masticar y deglutir. Es posible que el discurso adiposo ultra-aderezado les engorde malamente el espíritu y pierdan la fibra y el músculo necesario para su normal desarrollo.

Otro ejemplo es la publicidad del Profesor Hamadi que me encontré en mi buzón -típico método para anunciar comida basura, por otra parte-. El tal Hamadi se presenta como "gran ilustre vidente dotado con don hereditario" y presume de tener gran experiencia y poderes porque "procede del centro más importante de la videncia africana". Promete resolver todo tipo de problemas, desde la impotencia sexual al funcionamiento de otros negocios, "vicios de droga y alcohol" o "problemas de justicia"; incluso la "recuperación de la pareja en 3 días". Garantiza al cien por cien los resultados y recibe todos los días hasta las nueve de la noche.

Habrá gente con urgencias y trastornos bulímicos del espíritu que habrán pegado la publicidad de Hamadi con un magnético en la puerta del frigorífico. Junto a la de Telepollo.

Pero yo no lo recomendaría.

Lo que sí recomiendo es que, al igual que para el cuerpo, para el espíritu sigamos la dieta mediterránea que por algo es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: tomemos productos procedentes de Cartago, Tiro, Alejandría, Cnossos, Roma, Atenas, Corinto, Siracusa, Salamina...

Eso sí, sin abusar. Como todo.

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30 de junio de 2013 - 03:00 h
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