Sensación de micción

Tranquilos, no me voy a poner en plan escatológica, pero quiero advertir que este es un post dedicado a esos momentos vitales condicionados por esa sensación universalmente compartida: hacerse pis (empiezo en modo fino, no aseguro nada a partir de aquí).

Y es que en torno a esta necesidad tan básica se desencadenan situaciones de lo más comunes, tan desesperantes como humillantes, a la par que divertidas e incluso memorables.

Me refiero a (si os parece, vamos levantando la mano según nos sintamos identificados) comenzar a sentir necesidad justo antes de hacer un examen, en medio de una entrevista de trabajo o el clásico: te dan las ganas cuando ya te has ido del bar.

Estas situaciones que conllevan una ansiedad que a veces puede derivar en dolor físico si nos pasamos de aguante, se personifican en posturas de lo más geniales. Para ellas, el cruce mortal de piernas con una fuerza muslar (no puedo parar de crear) que ni tras una clase intensiva de pilates, y, del otro lado de la bancada, mover la pierna locamente como si una de las bailarinas de esta excepcional actuación de Nacho Cano (no pueden perdérsela, en serio) se hubiese apoderado de uno.

Estamos bebiendo, haciendo nuestra vida vaya, y de pronto llega ese punto en el que tenemos que decidir si ha llegado el momento de ir de una vez por todas al baño. ¿Por qué dudar? Sencillo, porque esto es como rascarse: empezar y no acabar.

Cuando haces pop, ya no hay stop.

Entiendo que este es un debate de lo más usual y que no estoy destapando ninguna especie de trama mundial miccionadora, pero podemos, si quieren, hablar de por qué las chicas van de dos en dos al baño. Se trata de pura lógica: compañía en la batalla.

Lo que nos podemos encontrar en los servicios de un bar es pura magia (negra). Hay un drama del que tenemos que hablar: existen demasiados baños cuyas puertas carecen de pomo. Fenomenal. Para las que no meamos de espaldas y, en caso de ser sorprendidas en plena faena, nos toca cruzar mirada directa con esa peña genial que no sabe llamar a las puertas (matar), tenemos que cerrar como sea.

Así, tienes que introducir, en caso de que quepa, el puto dedo en un agujerito que atraviesa la madera (la puerta vaya). El riesgo de perder tu índice unido al ansia por salir de ese zulo es un momento crítico en la vida de las personas. Y por eso (y muchas cosas más, ven a mi casa por navidad) muchas mujeres van juntas al baño. Momento rescate en toda regla.

Y cómo no hablar de ello: las colas en los baños de mujeres son tan largas que ríete tú de las de Doña Manolita. ¿Pero qué hacéis ahí dentro por el amor de dios? (no contestéis). No sé si es un bucle espacio temporal en el que todos creemos ser mucho más rápidos que los anteriores (como cuando vas a un probador y parece que la gente que ha entrado antes esté cosiéndose allí mismo la ropa más que probarse un par de camisetas) pero el caso es que uno puede ver su vida y miserias pasar ante sus ojos, y mejor que todo esto ocurra en compañía. Eso es amistad.

Dejando al margen el momento amigas para siempre, podríamos destacar tres cosas que siempre harás en la cola de un baño:

  • Leer las pintadas de la peña que estuvo allí en el 98 y pensar por qué tu nunca has llevado un edding encima
  • Plantearte la seguridad real que ofrecen los condones de esa máquina expendedora (así como el momento de la salida al mercado de la gama Tutti Frutti… Iucks)
  • Tratar de reconocerte en el espejo (siempre y cuando no esté adornado con uno de esos mensajes subliminales en neón. Muerte y destrucción y fealdad máxima de tu rostro. Gracias.)

Una adicional de nuevo más femenina (lamentándolo, sabemos que no todos tenemos el mismo problema):

  • ¿Habrá papel? Y, en tal caso, ¿la textura del mismo se asemejará a la lija?

Hay otro tema que me viene preocupando: los carteles indicativos de si es el baño femenino o masculino. A ver como os lo explico queridos amigos hosteleros y gentes diseñadoras de este tipo de avisos… Se os ha ido de las manos pero bien. A más "originalidad" mayores problemas para entender dónde tiene uno o una que entrar. Basta. ¿Cómo alguien en su sano juicio va a entender en letras chinas la diferencia entre la H y la M? ¿De verdad creíais que era buena idea que cuadros cubistas indicasen el género? ¿Qué será lo próximo? ¿Un felpudo para indicar el baño de mujeres? Establecer unas normas hombre ya.

La decisión de ir al baño en un bar puede además derivar en ir a mear y quedarse forever alone. Al más puro estilo Kevin Mccallister, vuelves minutos después (vete tu a saber cuántos porque estabas en el bucle ese espacio temporal) y te has quedado solo. En el caso de las chicas es más sencillo que ocurra en verano (en invierno nos preocupamos de llevar todo tipo de accesorios para que queden a modo de señuelo y nuestras compañías no puedan olvidar que estábamos allí) pero en el de los chicos es demasiado común sea cual sea el mes del año. Lo sentimos, no es que no le importéis a naide. Es justicia divina: vosotros lo habéis hecho antes. ¿Rencor? Acabáramos.

En torno a la sensación de micción existe un debate planetario: ¿ha llegado ya el momento de salir de la cama e ir al baño o aún puedo aguantar un poco más? Aquí estamos socialmente divididos en dos tipos de personas: los que se despiertan al primer toque del despertador y los que lo alargamos cinco minutitos más consiguiendo un cómputo total de una media hora más de retoce.

Los segundos somos los perdedores. Los que nos la jugamos hasta que duele. Los que aún creemos que el dormir es el olvido y nos autoengañamos pensando que somos más felices ahí, en modo cuevita bajo las mantas huyendo de la realidad. Eso es mentira y además no es verdad.

Dejemos de torturarnos. No hay mayor satisfacción que dejar las cosas bien hechas (cuanto menos hacerlas).

Qué alivio.

A todos los que estéis en una cola de baño, ánimo. Os deseamos lo mejor.

Con suerte, llegáis al chan cha chan de amour.

https://www.youtube.com/watch?v=vlZXHmAo5BE

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22 de abril de 2014 - 09:00 h